//Pr. Luis A. Núñez\\

En la Palabra de Dios existen ilustraciones o alegorías que muestran las realidades espirituales. Faraón es un símbolo del diablo y Egipto es un símbolo del mundo. Todos nosotros en el pasado fuimos esclavos del diablo (Faraón) en el mundo. Moisés, naturalmente, simboliza a Jesús.

La demanda de Dios – Éxodo 5:1-3

Dios entonces envió a Moisés delante del Faraón, con la siguiente orden: “Deja ir a mi pueblo”. Hoy también lidiamos con Faraón (el diablo) y lo que Dios espera de nosotros es esto que le ordenemos al enemigo a cumplir la voluntad del Señor.
Camino de 3 días

Este viaje de tres días no sólo representa una distancia importante, sino también la sepultura y la resurrección. El cruce del mar Rojo representa el proceso de sepultura y resurrección. Por medio de este viaje el pueblo de Dios no sólo sale de Egipto, sino que también entra en la resurrección, entra a un nuevo entorno.

Celebrar una fiesta

Dios quiere un pueblo feliz, quiere que nuestra relación con Él sea simbolizada con una fiesta, con alegría.
Aquí existe un principio espiritual, faraón oprimió aún más al pueblo cortándole la provisión de paja para hacer adobes sin disminuir su tarea diaria. Siempre que enfrentamos a Faraón para tomar algo de él, que por derecho nos pertenece, la revancha vendrá inmediatamente. Así, una situación que ya era difícil, se agravó aún más. Es allí donde una actitud de firmeza debe manifestarse por fe, no es por las circunstancias. Romanos 1:16-17 dice: «Más el justo por la fe vivirá».
Los justos viven una vida de fe, de creer, el creer nos ingresa al disfrute de su gracia, de su favor (Romanos 5:1-2).

Analicemos las propuestas de faraón:

1. Sirve a Dios en Egipto (Éxodo 8:25-27)
La primera propuesta de Faraón fue permitir al pueblo que sirviese a Dios, siempre y cuando no abandone Egipto. Al enemigo ya no le importa si queremos servir a Dios siempre en cuando sea en Egipto. La propuesta es que podemos servir a Dios y vivir en el mundo al mismo tiempo. No necesita haber separación o alguna diferencia. “Puedes ser creyente, siempre y cuando no seas uno de esos fanáticos estresados” dice el diablo.

“Lo que importa es recibir las bendiciones de Dios, no la forma ni el lugar donde lo servimos”.
Eso debilita la visión de la iglesia, siendo simplemente una prestadora de servicios espirituales. Alguien puede hasta deslumbrarse con este tipo de iglesia: “¿No es maravilloso pastor?”. El problema es que la iglesia no es una prestadora de servicios.

Necesitamos entender que las cosas espirituales nunca son neutras. Es algo muy serio y arriesgado querer apenas la oración de liberación y no el compromiso correspondiente con Dios. Si la casa no es ocupada después de ser limpiada el enemigo volverá y la situación será mucho peor que antes.

En Levítico 10 leemos la historia de dos jóvenes, Nadab y Abiu, que querían hacer la obra de Dios pero sin el temor y la santidad debida ¿Cuál fue el resultado de eso? Ambos murieron delante de Dios. En Hechos 5 tenemos el caso de Ananías y Safira, una pareja de la iglesia primitiva, cuyo único pecado fue ofrendar a Dios religiosamente, sin el corazón. Pienso que tales ejemplos son suficientes para convencernos de que en el mundo espiritual no hay neutralidad, es muerte o vida.

Al Faraón poco le importaba si el pueblo servía a Dios, lo que le importaba era que continúen en Egipto, eso es el mundo. Puedes hacer trabajos en la iglesia, pero estando en Egipto será solo fuego extraño. No podemos negociar con Faraón en este punto, serviremos a Dios y lo haremos fuera de Egipto (Colocenses 3:1-4)

El plan de Dios se lleva a cabo lejos del sistema de este mundo, ya no somos gobernados más por él, sino por Dios. Tristemente conozco a muchos que decidieron vivir bajo esta propuesta.

2. Sirve a Dios fuera de Egipto, pero que no vayan muy lejos (Éxodo 8:28)
Ya estamos cansados de oír advertencias como estas: “cuidado con el fanatismo” “estas siendo exagerado” o “no seas extremista”. A pesar de que nos gusta el equilibrio, no podemos olvidarnos que la tibieza es nada más que equilibrio térmico, o sea, un poco de agua fría con un poco de agua caliente. El problema es que la tibieza le produce vómito a Dios (Ap. 3:16).

Tibieza y cristiano no combinan de ninguna manera, ser un cristiano es ser radical en las cosas del Señor, es estar en regla con la Palabra de Dios, es vivir en santidad e integridad para el Señor. En este sentido, Jesús fue radical y hasta se podría decir, extremista. Definió la forma de ser y vivir de sus seguidores en estos términos: “nadie puede servir a dos señores… el que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama”. (Mt. 6:24; 12:30). En el mundo espiritual no hay medio término, o somos de Dios o somos del diablo.

Cuán triste es ver tantos cristianos negociando con Faraón y viviendo su cristianismo en algún lugar entre Egipto y Canaán. ¡Pobrecitos! Ya no son del mundo, pero aún no entraron en Canaán. Están en la mitad del camino, aun no fueron hasta el final con Dios. Aún es tiempo de renunciar a la tibieza, a un equilibrio apenas aparente, cuando en el interior existe el deseo de agradar al mundo.

No sugiero que seamos antipáticos o desajustados emocionalmente, me refiero a aquella radicalidad santa de decir: “serviré a Dios, cueste lo que cueste y duela lo que duela, aplicaré mi tiempo, mi dinero, mis energías y habilidades para la expansión del Reino de Dios y edificación de la Iglesia”. No hagamos negocios con Faraón. Si tenemos que ir, iremos lejos con Dios.

3. Sirve a tu Dios, pero no involucres a tu familia (Éxodo 10:7-11)
En caso fallen los intentos de faraón para impedirnos salir de Egipto, con seguridad intentará retener a nuestra familia. Faraón puede hasta tolerar que sirvas a Dios, siempre y cuando dejes a tus hijos y cónyuge. Muchos son así actualmente, los padres de un joven quizá le digan “no ayunes” . Aquí Faraón usó el amor de los hebreos por su familia para apartar a la gente del Señor. Mientras Faraón pudiera retener a las esposas, a los niños, a los ancianos, los hombres no dejarían Egipto, pues sus corazones seguirían allí. Necesitamos tomar posesión de las palabras de Josué, que dice: “yo y mi casa serviremos al Señor” (Josué 24:15). Pero, infelizmente muchos hermanos han dejado que el diablo les robe a sus propios hijos. Tenemos que parar de negociar con Faraón, posicionarnos para luchar y defender nuestro derecho de servir a Dios con nuestra familia, sin la injerencia del diablo.

4. Sirve al Señor, pero no involucres tus bienes (Éxodo 10:24-26)
Moisés no dijo que el pueblo necesitaba vacas para su vivir diario, su enfoque era el servir a Dios pero no debemos negociar ninguna cosa con Faraón. No debemos aceptar la idea de que Dios quiere la pobreza y miseria para su vida. Faraón hizo todo para impedir que el pueblo lleve sus bienes, pero Dios no lo permitió y aun hizo más, hizo que cada egipcio diera regalos en oro y plata a los hebreos. Creo que es esta misma actitud la que Dios espera de nosotros hoy, no ceda ni un centavo al diablo. Sirvamos a Dios con nuestros bienes.

Faraón sabe que donde se hallan las riquezas de uno, allí está su corazón (Mateo 6:21). Si Faraón puede posesionarse de nuestros bienes entonces nuestros corazones estarán en su mano. La manera bíblica de vencer a Faraón en este punto es entregando al Señor nuestros bienes (v.26). Cuando entregamos nuestras ofrendas, estamos destronando a Faraón de nuestro corazón y lo más importante es que estamos abriendo la puerta para que la bendición financiera venga sobre nosotros (Observar Éxodo 12:31-32) Los egipcios les dieron alhajas y oro, que más adelante fueron usados en el tabernáculo. A los ojos de los egipcios fue un desperdicio (Caso de María y el perfume de nardo puro) pero para Dios fue algo muy importante. Lo que importa es donde están tus bienes.

Después de observar estas cuatro propuestas, podemos ver claramente que el enemigo siempre cede poco a poco. Por lo tanto, para de negociar con Faraón y no acepte ninguna propuesta.

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