//Pr. Wilber Chavez\\

 “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23)

Constantemente las personas pasan por momentos difíciles y en medio de todo ello dicen ¿Por qué mi montaña no se mueve? La respuesta para esta pregunta es que a algunas montañas necesitas ordenarles con autoridad y ellas se lanzarán al mar, otras en cambio, deberán ser escaladas y conquistadas por la fuerza de la lucha espiritual y aún existen otras a las que no podrás ordenar, ni podrás conquistarlas y tendrán que simplemente ser evitadas.

Saber qué tipo de montaña estás enfrentando es fundamental para determinar qué actitud tomarás.

LAS MONTAÑAS:

Las montañas simbolizan desafíos y obstáculos, pero también lugares de una comunión íntima con Dios. Existen lugares planos para todos, pero las montañas están reservadas para algunos. Recibir montañas difíciles de conquistar es un gran privilegio, porque Dios mismo estará con nosotros.

Montañas también simbolizan obstrucción y barrera. Todo ello nos impide alcanzar lo que Dios tiene para nosotros. Algunos como Caleb piden montañas (Josué 14:12). Las montañas tienen una bonita vista, pero también son traicioneras y difíciles de atravesar, sin embargo, Dios en el Salmos 18:33 dijo que nuestros pies serían como el siervo y caminaríamos en lugares altos.

  1. Algunas montañas deben ser escaladas

A algunas montañas no les puedes ordenar sino tienes que escalarlas a un paso cada día.

El monte Sinaí, lugar donde Moisés recibió los 10 mandamientos (Gebel Musa) es una montaña que tiene casi 4000 metros de altura y la caminata a la cima dura de 3 horas a más. Moisés, en el tiempo que estuvo ahí, no encontró gradas, él tuvo que usar sus manos y rodillas también.

Dios podría hablar con Moisés al pie de la montaña, pero el Señor le dijo sube (Ex. 24:12). Eso nos muestra que todo es por la gracia, pero es necesario perseverancia en todo ello. La subida de Moisés simboliza la oración. Porque es allí que recibe las direcciones del Señor. Para ello no hay camellos, gradas, ascensores, teleféricos etc. Eso nos habla de tres cosas en función a la oración.

  1. No hay como sustituir a la oración

Somos la generación que nos gusta sustituir. Ej. Azúcar, leche, mantequilla, cabello, dientes etc. Para la oración no hay sustituto. Mt. 17:21 dice que cierta clase de demonio solo sale con oración y ayuno. El asistir al culto, el dinero, etc. no sustituyen a la oración. Moisés para conseguir lo que desea simplemente tenía que subir.

  1. No hay atajos para la oración

La oración es una montaña en nuestra vida, para la cual no hay atajos. Orar no es fácil hermanos, pues aparentemente nunca hay tiempo, no hay momento apropiado, necesitamos disciplina y perseverancia. Dios no hablo con Moisés hasta que él llegó completamente a la cima. Tenemos que insistir con nuestros tiempos de oración. Hebreos 11.6 dice que Dios es galardonador de los que lo buscan, es decir, hay un premio de Dios para todo aquel que sube. Su oración será respondida.

  1. 2. Algunas montañas deben ser conquistadas

Nos gusta lanzar las montañas al mar, también subir y escalar las montañas para buscar más del Señor, pero existen otras que Dios te dio, pero deben de ser conquistadas. No sirve de nada intentar evitarlas, si Dios la colocó delante tuyo tienes que enfrentarla y conquístala porque si no volverá a ti.

Caleb pidió su montaña (Josué 14:12) y en esa montaña había gigantes. Él sabía que no sería fácil, pero que debería conquistarla. Dios proporcionó el Canaán para el pueblo, pero ellos deberían de apoderarse de ella. En Éxodo 23:28 dice que el Señor envió avispas para expulsar a los enemigos, pero otros fueron dejados para que Israel los eche, para que ellos ejerciten su fe.

  1. A algunas montañas debes ordenarles con autoridad

“Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho” (Mateo 21:21)

Podemos ordenar, pero ojo, no es que hay poder es nuestras palabras, es la palabra de Dios la que tiene poder. Cuando la palabra de Dios está en nuestra boca habrá poder. En este tipo de lucha no se hace un pedido, es una orden con autoridad en el nombre de Jesús. La oración y el desafío deben andar juntos.

  1. Algunas montañas nos fueron prohibidas (Éxodo 19:20-23)

 Orar por cambiar de apariencia, color, etc.  Presta atención, si Dios no te quiere en algún lugar no vayas, si esa mujer es casada, si no es creyente, no vayas por ese camino.

SI DIOS NO TE DIO ESA MONTAÑA BUSCA OTRA

La Biblia muestra en 1 Reyes 8:18-19 que cuando David tuvo el deseo de construir el templo para el Señor, Dios le dijo que él no lo haría. David pudo quedar molesto y tal vez triste, debido a esa negativa, pero su actitud fue distinta. Al ver que no podía, entonces juntó oro, plata y más materiales que luego su hijo Salomón usaría para la construcción de ese templo.

Muchas personas tal vez no puedan viajar a las misiones de la Iglesia, pero pueden ser los cooperadores en oración y hasta económicamente, para aquellos que si pueden ir. Tal vez no te llamo a cantar, pero puedes orar por aquellos que cantan, para que cada día puedan tener más unción del Señor.

CONCLUSION

Cada día, si tomamos la decisión de crecer y no detenernos, enfrentaremos grandes obstáculos (montañas). Es tiempo de aceptar los desafíos y seguir adelante. Algunas montañas tendrán que ser escaladas día a día con perseverancia, otras tendrán que ser conquistadas, otras ordenadas con autoridad, por último, otras deberán ser evitadas. Es el Espíritu Santo de Dios el que, cada día, nos da la sabiduría para poder conocer qué tipo de montaña es la que está frente a nosotros.



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