//Pr. Eliud Cervantes\\

índice“Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”. Ro 10:9

Nunca alcanzarás el palacio hablando como campesino
Nunca serás reconocido como un príncipe hablando como un campesino. Nunca serás reconocido como hijo de Dios hablando como un mero hijo de hombre. El primer paso para cambiar tu vida es cambiar tu discurso, cambia aquello que hablas. Proverbios 18:21 dice que en tu boca está el poder de la vida y de la muerte.

Tú vas a tener vida o muerte, todo depende de aquello que dices. No pienses que tus palabras tienen el poder de realizar lo extraordinario solo porque tú dices algo. La palabra del hombre tiene poco valor, pero la palabra de Dios es eterna. Y si la palabra del Dios es liberado con tu boca con autoridad, las montañas se moverán de su lugar y se lanzarán en el mar. Tú puedes hacer esto porque eres hijo y como hijo recibiste autoridad para ordenar que las montañas se lancen en el mar. El mundo espiritual te va respetar cuando respetes lo que Dios dice en relación a ti. El diablo te va respetar cuando estés de acuerdo con lo que Dios dice a respecto de ti.
Confiesa lo que eres en Él. Todo depende de lo que dices. Yo hablo de mi aquello que Dios dice a mi respecto. Yo soy noble, yo hago parte de la nobleza, yo me siento a la mesa del Rey, yo como de la comida del Rey, yo y el Rey a la verdad somos uno, Él es mi Padre. Yo tengo su nombre, yo soy parte de su familia, yo llevo su autoridad. Es un hecho espiritual.
Creemos y hablamos (Ro 10:9)

No hay salvación sin confesión. Es siempre “confesión para salvación”, nunca posesión antes de la confesión. Nuestra confesión lleva al Señor Jesús a concedernos lo que creemos con el corazón y eso nos lleva a apropiarnos. Dios es un Dios de fe, eso significa que Él es un Dios que exige fe. Recibimos de Dios solo aquello que creemos (Mr 11:25-NVI).

“Por eso les digo: Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán.”
Nuestra forma de pensar es que primero necesitamos ver algo para creer que Dios hizo. Si estamos enfermos, nosotros primero vemos si hay síntomas y concluimos que aún no fuimos sanados. Pero la forma de Dios es diferente, nosotros creemos que ya hemos recibido y así será con nosotros. La palabra no dice que “sientan que recibieron”, sino “cree que recibieron” y así será con nosotros.
Dios actúa por medio de nuestra fe. Cuando el Señor nos ve, Él busca nuestra fe. En Marcos 2:5, algunos trajeron un paralítico para ser sanado. Antes aun de ver al paralitico, la Biblia dice que el Señor vio la fe de ellos. La fe siempre atrae la atención del Señor.

El verbo “recibido” (Mr 11:25), está en pasado, eso significa que Él ya nos dio inmediatamente, en el mismo momento que creemos en nuestro corazón. Es por eso que no debemos tener esperanza de recibir lo que pedimos, pues si creemos en nuestro corazón, la respuesta es para el presente, y no para el futuro. ¡Eso es fe! Es recordar que en el reino de Dios todo se basa en las promesas y no en emociones.
El diablo siempre quiere mantenerte en el nivel de las emociones, porque él sabe que así puede derrotarte. Pero las cosas de Dios son recibidas por la fe. En el momento en que tomas posesión, tal vez no sientas nada, ninguna emoción, los síntomas de la enfermedad aún están en ti, pero tu actitud es de sanidad, es de seguridad que recibiste la respuesta y que por encima de todo confía en Dios y en su palabra.

¿Qué es la confesión?
La confesión es el testimonio de fe en nuestra boca. La confesión es simplemente estar de acuerdo con Dios, diciendo las Palabras de Dios, usando las expresiones de Dios, declarando lo que Dios declara, reconociendo la Palabra de Dios. La confesión es el único medio de que la fe se exprese como nuestro testimonio. Pablo declaró que la “palabra de fe” debe estar “en nuestro corazón” y en “nuestra boca”.
La única manera de tener la palabra de fe en nuestra boca es hablar la palabra de Dios. Eso es confesión, es hacer con que nuestros labios concuerden con Dios, declarando la palabra de Dios con nuestra boca (Ro 10:8).

La importancia de la confesión (Pr 6:2)

“Te has enlazado con las palabras de tu boca, Y has quedado preso en los dichos de tus labios.”
Pocos reconocen la importancia de la confesión y su valor en nuestras vidas. Sin embargo, nada es más importante que nuestra confesión, a pesar de que casi nunca la mencionamos en los cultos. La vida cristiana es llamada de “profesión” (jomología) ó “confesión (jomologuéo)”. En He 3:1, la palabra griega de la cual se traduce “profesión”, quiere decir: “reconocimiento” “hablar lo mismo”, o sea, “decir lo que Dios dice” o “estar de acuerdo con Dios en nuestro testimonio”. Confesar es decir lo que Dios dice en su Palabra acerca de nuestros pecados, enfermedades, fracasos, salud, salvación, victoria.

La confesión en las pruebas
Por ejemplo, una enfermedad toca tu salud, y satanás quiere quitarte tu salud y tornarte infructífero en el servicio de Cristo. Pero Dios ya hizo provisión para nuestra salud. Dios ya hizo un pacto de sanidad (1Pe 2:24).

“quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.”
Necesitamos confesar nuestra fe en la palabra de Dios y en Él mismo. Es decir la palabra de Dios. En Apocalipsis 12:11 dice que aquellos que vencieron al diablo lo hicieron por “medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio…”.

Confesar activa la fe, pero no debemos confesar cualquier cosa o cualquier pensamiento. Debemos tener pensamientos correctos, pues quien piensa correctamente actúa correctamente.

En todas las circunstancia y en todas las ocasiones hable el lenguaje de Dios. La confesión es afirmar aquello en que creemos. La confesión es testificar lo que sabemos. Es declarar la verdad que abrazamos.

¿Qué confesar?
Simplemente confiese la Palabra de Dios en todas las ocasiones, delante de todas las circunstancias. Confesión es “afirmar verdades bíblicas”. Confesión es “repetir con nuestros labios lo que creemos en el corazón”.

El secreto de la confesión y de la fe es entender verdaderamente lo que Jesucristo realmente nos hizo y lo que somos en Él como resultado de su obra consumada. Ese conocimiento junto con la confesión de esos hechos libera fe en nuestro espíritu.
En medio de la lucha confiese osadamente: “No temas, porque yo estoy contigo.”

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