//Pr. Eliud Cervantes\\

Me gustaría hablarles hoy sobre la bendición de Jacob y Esaú. Ellos eran hermanos gemelos pero no idénticos, pues uno era velloso y el otro era lampiño. Esaú era el hijo primogénito, pero Jacob nació cogiendo a su hermano por el calcañar, por eso fue llamado de suplantador.

Con el paso de tiempo, quedó muy claro que Jacob tenía un corazón para apreciar y desear la bendición de la primogenitura, mientras su hermano era indiferente a eso. Hasta que un día Esaú llegó cansado de cazar y decidió vender el derecho de la bendición de la primogenitura en cambio de un plato de lentejas.

La bendición de la primogenitura incluía una porción doble en relación a los otros hermanos y también una posición sacerdotal para conducir a los demás a Dios, una autoridad real espiritual y la capacidad de profetizar la bendición de Dios. Por tanto, vemos que la bendición de la primogenitura incluía una unción sacerdotal, real y profética.

Cuando llegó el tiempo de que Isaac libere la bendición al primogénito, Jacob se disfrazó como su hermano, colocándose pelos de cabras sobre los brazos y ropas de su hermano con el fin de engañar a Isaac y recibir la bendición. Aunque Dios no apruebe las acciones de Jacob, Él se agradó de su corazón deseoso de recibir la bendición.

Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: Mira, el olor de mi hijo, Como el olor del campo que Jehová ha bendecido; Dios, pues, te dé del rocío del cielo, Y de las grosuras de la tierra, Y abundancia de trigo y de mosto. Sírvante pueblos, Y naciones se inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos, Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, Y benditos los que te bendijeren.” Gn 27:26-29

Dios tiene siempre la mejor bendición para liberar sobre sus hijos. Nosotros somos como Jacob, recibimos la bendición del primogénito. No somos el primogénito, pero la bendición de Él vino sobre nosotros.

Hoy, a la verdad, somos llamados de “la congregación de los primogénitos(Hb 12.23). Por eso, podemos creer que la bendición de Jacob está sobre nuestras vidas.

Vamos a entender cada elemento de la bendición del primogénito.

Dios, pues, te dé…

En primer lugar, la bendición de Dios no es conquistada por nuestro esfuerzo o merecimiento, sino que nos es dada. Simplemente recibimos de Dios. Cuando Dios da, nadie puede tomar. Busca recibir todas las cosas en tu vida en lugar de conquistarlas. Salud, prosperidad, matrimonio feliz, ministerio fructífero, todo eso es simplemente recibido de Dios sin nuestras obras.

Muchos intentan conquistar aquello que ya es de ellos. Eso hace que pierdan mucho tiempo hasta que vean la bendición de Dios.

Una de las verdades más extraordinarias de la Palabra de Dios es que las cosas del cielo son recibidas, y no conquistadas. El hombre piensa que para que Dios lo bendiga, él necesita merecer ser digno del favor y de la bendición de Dios por sus propios esfuerzos. Sin embargo, ésta no es la manera que Dios actúa. Muchos no viven la realidad de la bendición porque simplemente no saben recibir.

Vivimos en un mundo donde somos desafiados a hacer y a conquistar siempre confiando en nuestros esfuerzos. En el mundo somos impulsados a hacer, pero en el cristianismo debemos entender que todo ya está hecho. En lugar de depender de la gracia de Dios y de su favor para que las bendiciones fluyan, los creyentes dependen de sus propios esfuerzos para intentar merecer la bendición de Dios.

Del rocío del cielo…

La primera cosa con la cual somos bendecidos es con el rocío del cielo. ¿Qué es el rocío del cielo? Si todas las bendiciones mencionadas aquí serían naturales, entonces no necesitamos de la bendición del primogénito, apenas necesitas ser un agricultor, porque el rocío cae sobre buenos y malos, justo e injustos. Entonces, el rocío aquí debe ser algo espiritual.

Como rugido de cachorro de león es la ira del rey, Y su favor como el rocío sobre la hierba. Pr 19:12

El rocío apunta para el favor, la gracia de Dios. Recibir el rocío del cielo es lo mismo que recibir el favor del cielo. Lo que está sobre nosotros es el favor del rey como el rocío del cielo. Tal vez no tengas una profesión universitaria, no tengas amigos importantes, vienes de una familia pobre o posees alguna deficiencia física, pero ahora tú tienes lo más importante: tú tienes el favor del cielo sobre tu vida, y eso es lo que más importa. Si el cielo te favorece, los ángeles van a trabajar por ti.

En una ocasión, el Señor habló con Gedeón y le dijo que vencería a sus enemigos. Gedeón, sin embargo, pidió una señal.

“He aquí que yo pondré un vellón de lana en la era; y si el rocío estuviere en el vellón solamente, quedando seca toda la otra tierra, entonces entenderé que salvarás a Israel por mi mano, como lo has dicho. Y aconteció así, pues cuando se levantó de mañana, exprimió el vellón y sacó de él el rocío, un tazón lleno de agua. Mas Gedeón dijo a Dios: No se encienda tu ira contra mí, si aún hablare esta vez; solamente probaré ahora otra vez con el vellón. Te ruego que solamente el vellón quede seco, y el rocío sobre la tierra.Ju 6:37-39

Lo que Gedeón no sabía es que todo eso era una señal del evangelio. El carnero apunta para Cristo, así como su lana. Primero la lama estaba llena del rocío, pero todo alrededor estaba seco. Cuando Cristo vino, todos estábamos secos, en nuestras relaciones, nuestra salud y nuestro espíritu.

Sin embargo, Jesús, era el único que tenía el cielo abierto sobre sí, y era lleno del favor del cielo, el rocío de Dios. Pero, en la cruz, el cielo se cerró sobre Él y el fuego de la ira de Dios cayó sobre la lana, tornándola seca, para que ahora todos nosotros alrededor pudiésemos ser llenados con el rocío del favor de Dios.

Y de las grosuras de la tierra…

Una vez más aquí no se refiere a cosas naturales. La palabra grosura apunta para el aceite, la unción del Espíritu Santo. Y es precioso que las palabras grosura y abundancia estén juntas, pues lo que el Señor tiene para nosotros es siempre algo grande y exuberante. Los pobres ofrecían palominos delante de Dios, pero los ricos traían bueyes llenos de gordura. Lo que el Señor tiene para nosotros es siempre plenitud, abundancia y riqueza.

Y abundancia de trigo y de mosto

El trigo y el mosto nos hablan del pan y del vino lo cual representa los elementos de la Cena, mientras la gordura al aceite de la unción. Esos tres elementos colocados juntos nos harán más bendecidos que todos los pueblos. Eso nos muestra que necesitamos tener revelación de la importancia de la Cena y de la Unción con el aceite.

En muchos lugares de la Palabra, encontramos un grupo de tres productos reunidos: cereal (trigo), vino y aceite. Estos tres elementos representan la provisión completa de Dios para su pueblo.

El pan procede del trigo que fue molido. Cristo fue molido como un grano de trigo en la cruz para que ahora Él pueda ser el pan que nos satisface. Si tenemos revelación de eso, recibirás tu sanidad para tu cuerpo. El vino es resultado de la uva que fue pisada y prensada. Cuando tomamos del cáliz y comprendemos como la uva fue pisada en la cruz, nosotros somos lavados y justificados delante de Dios.

Todas las bendiciones proceden del pan, del vino y del aceite.

Y te amará, te bendecirá y te multiplicará, y bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto, tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría. Bendito serás más que todos los pueblos; no habrá en ti varón ni hembra estéril, ni en tus ganados. Y quitará Jehová de ti toda enfermedad; y todas las malas plagas de Egipto, que tú conoces, no las pondrá sobre ti, antes las pondrá sobre todos los que te aborrecieren.” Dt 7:13-15

Después que el Señor nos da el pan, el vino y el aceite, entonces seremos más bendecidos que todos los pueblos y el Señor apartará de nosotros toda enfermedad.

Sírvante pueblos, Y naciones se inclinen a ti

Si colocamos esta expresión en el lenguaje de ahora, diríamos: “que empresas, compañías te sirvan. Que bancos se inclinen a ti”. Eso no significa que lo vayas a dominar, sino que ellos tendrán interés en trabajar contigo. Ellos te buscarán.

Malditos los que te maldijeren, Y benditos los que te bendijeren

Esa bendición fue dada primero a Abraham, pero ahora vemos que también está sobre su descendencia que somos nosotros.

Maldiciones pueden ser proferidas o escritas, la promesa es que aquellos que nos maldigan serán maldecidos. Aquellos que se levantan contra nosotros, a la verdad, se levantan contra Dios. Es por eso que el Señor Jesús dijo que debemos bendecir aquellos que nos maldicen, pues cuando nos maldicen, ellos traen sobre sus vidas terribles maldiciones, y necesitamos tener compasión de ellos.

Todos los imperios que se levantaron contra Israel fueron destruidos. Eso está comprobado en la historia. El pueblo de Israel no era perfecto, pero estaba debajo del pacto. Nosotros también no somos perfectos, pero disfrutamos de la misma bendición. Es una cosa peligrosa levantarse contra nosotros.

Después que Isaac bendijo a Jacob, Esaú vino y pidió para recibir la misma bendición, pero la respuesta de Isaac fue muy poderosa, Él dijo: “…Yo le bendije, y será bendito” (v.33). Esa es una palabra para nosotros, nuestra bendición no puede ser revertida. Jacob no fue bendecido porque era mejor que Esaú ni tampoco nosotros lo somos. Entonces, si no fue nuestro merecimiento que nos capacita a recibir la bendición, tampoco será la falta de merecimiento que podrá hacernos perder. Su bendición es irreversible. ¡Aleluya!

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