//Pr. Luis A. Núñez\\

(Filipenses 3: 7-9)

La justicia propia es la actitud del hombre por la cual imagina que puede resolver todos sus problemas a través de sus propias fuerzas. Vamos a ver algunas actitudes de la justicia propia.

  1. La justicia propia se manifiesta cuando el creyente cree que tiene el suficiente poder para no pecar más. Si cae en pecado, se levanta y dice: “nunca más caeré”. En otras palabras, está diciendo que tiene suficiente fuerza para dejar de pecar. Si fuera así ¿Por qué cayó? El mundo está lleno de justicia propia.
  1. La justicia propia es querer ser tu propia cabeza o desligarte de quien en realidad es la cabeza. En el Reino de Dios ya existe una cabeza, que es Cristo (Efesios 4:15). Cuando somos insertados en el Cuerpo de Cristo y queremos imponer nuestra propia función, eso es justicia propia. Cuando rechazo el formar parte del equipo y quiero trabajar solo, eso es justicia propia. Finalmente, cualquiera que rechaza al Señor Jesús como su Cabeza manifiesta justicia propia.

 c. La justicia propia es cuando creo que mi esfuerzo me hace merecedor de algo. Cuando creo que todos tienen la obligación de saludarme, cuando pienso que soy el único merecedor de un ascenso en el trabajo, cuando considero que el elogio debería ser dirigido a mí de primera mano y a nadie más, todo esto apunta a la justicia propia. d. La justicia propia es cuando creo que puedo y tengo el derecho de juzgar a la gente, cuando creo que mi veredicto es el único correcto. Tengo el suficiente conocimiento y la justicia para decir lo que es correcto y lo que está mal. Cuando llegas al colmo de decir que eres tu propio juez, entonces es una evidencia clara de que todo está cuesta abajo hacia un valle profundo de la justicia propia. e. La justicia propia es cuando crees que tu esfuerzo produce en ti mayor unción o que fuiste elegido por alguna actitud especial que hay en ti. En toda la Palabra de Dios la orientación siempre es que miremos al Señor Jesús, sea para la transformación de nuestra vida, sea para la inspiración, sea para no perder el rumbo, para todo, pero cuando alguien está lleno de justicia propia, se mira a sí mismo, Jesús dejó de ser el centro de su vida y él mismo pasó a ser ese centro, eso es justicia propia. Su confianza está en sí mismo o en lo que hace y no en la dependencia en Cristo. La justicia propia no solo daña nuestra relación con Dios, si no también trae problemas en las relaciones entre hermanos, entre esposos, etc.

 1.      LA JUSTICIA PROPIA PRODUCE REPULSIÓN EN DIOS (Isaías 64: 6) Desde que el hombre cayó en pecado, la naturaleza humana se destruyó y corrompió, por eso Dios dijo que como venimos del polvo de la tierra, para el polvo de la tierra volveríamos (Génesis 3:19). En otras palabras, no hay solución a la naturaleza caída del ser humano, esto se estableció desde su caída en el Edén. Esta es la razón por la que la Palabra de Dios dice que sólo hay salvación en Jesús, no hay otro nombre, dado entre los hombres, por lo cual podamos ser salvos (Hechos 4:12). Entonces, la cuestión no es cuánto Dios sabe que nuestra justicia no vale nada, si no cuánto sabemos que nuestra justicia no vale nada. Para Dios, nuestra justicia es como el trapo de la inmundicia (Isaías 64: 6).”Trapo de la inmundicia” era como se llamaba a las actuales toallas higiénicas femeninos en la época en que ese texto fue escrito. Una toalla higiénica usada produce asco a cualquiera de nosotros, de la misma manera, Dios tiene asco de nuestra justicia propia. ¿El Señor necesita decir algo más para dejar claro cuánto la justicia propia del hombre lo deja indignado? Creo que no.

 2.      EL ORIGEN DE LA JUSTICIA PROPIA Génesis 2:25 nos muestra dos aspectos importantes: Primero, afirma que el hombre estaba desnudo. Esto significa que: Dios veía al hombre completamente como él era, no había secretos; había debilidades en la vida del ser humano, no era perfecto. Segundo, cuando el texto dice que “no se avergonzaban” significa que el hombre no tenía noción de su situación. Él no podía ver su propia desnudez o al menos entender lo que eso significaba. LA VIDA EN EL ÉDENLa situación del ser humano era como de un niño de dos años: vivía feliz, disfrutando de su vida en el Edén, sin preocuparse ni consigo mismo, ni con lo que la gente pensaba de él. Simplemente disfrutaba de lo que estaba a su disposición. La Palabra de Dios dice que en el jardín del Edén había dos tipos de árboles, agradables a la vista y buenos para el alimento (Génesis 2: 9). Está claro en el texto que el árbol del conocimiento del bien y del mal era agradable a la vista (Génesis 3: 6). Estos estaban uno al lado del otro. Podemos deducir, entonces, que el árbol de la vida, era bueno para el alimento, pero quizás no tenía un aspecto muy vistoso. Sabemos que el árbol de la vida apunta a Jesús y que eso (sin apariencia) está escrito sobre Jesús en los profetas. (Isaías 53:3, Zacarías 9:9) El hombre se dejó llevar por aquello que era más agradable a su vista, por encima de la confianza en el carácter de Dios, así es hoy, desde entonces el hombre se volvió en juez de Dios, el hombre define lo que cree que es bueno o malo, no es lo que Dios dice que es. Dios había dicho que no comieran de este árbol, pero era agradable y bueno para comer, entonces Satanás apeló a la duda sobre el carácter de Dios, la justicia propia es aprovechada por el maligno en tu vida para mostrarte una imagen errada del carácter de Dios. Adán y Eva no confiaron en el carácter de Dios y comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal. La primera consecuencia de eso fue ver cosas que ellos no veían antes. 

LA MANIFESTACIÓN DE LA JUSTICIA PROPIAEste momento de la comparación fue el divisor de aguas para la vida del ser humano y aún hoy es fundamental. En el caso de Adán, ese fue el momento en que las cosas realmente lo llevaron cuesta abajo ¿Por qué no fueron detrás de Dios, arrepentidos de lo que hicieron y le pidieron hacer ropa para ellos? Si ellos conocieran a Dios sabrían que Él es misericordioso y listo para perdonar (Salmo 86: 5) Teniendo ese entendimiento, habrían buscado al Señor pidiendo perdón. Si hubieran hecho eso ¿Qué habría ocurrido? No sabemos, porque eso no sucedió.No tenemos como cambiar esa historia ocurrida en el Edén, pero no debemos repetirla en nuestras propias vidas. Es suficiente lo que Adán y Eva hicieron, lo que provocaron para ellos mismos y a su descendencia.Hoy podemos vivir la vida que Dios vive, vestir la vestimenta que Dios tiene (La gracia de Cristo) y experimentar la libertad de caminar por el jardín, como Dios anda, sin ningún problema de conciencia, pues en la cruz, la obra que Cristo hizo en nuestro favor fue completa, está consumada.

3.      LAS CONSECUENCIAS INMEDIATAS DE LA JUSTICIA PROPIA (Génesis 3: 8-12) Tu sabes que la justicia propia anula la gracia de Dios. Vivimos en la justicia propia o en la gracia de Dios, optar por una de ellas anula a la otra. Es como la luz y las tinieblas. Entonces vamos a estar atentos a sus señales.

 a. MIRÁNDOSE A SÍ MISMOPrimera señal de la manifestación de la justicia propia es mirarse a sí mismo. La Biblia no dice cuánto tiempo vivió el hombre en el Edén sin comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, pero en todo ese tiempo, haya durado lo que sea, el hombre nunca se miró a sí mismo. Había muchas cosas para que él observe, para que él se alimente y para que sea edificado. Todas las veces que estamos bajo la influencia de la justicia propia, el foco somos nosotros mismos, olvidamos lo que sucede a nuestro alrededor y en lo que estamos involucrados y sólo tenemos ojos para nosotros mismos, ya sea para condenarnos o para hacernos autosuficientes. Solo viendo la gracia en Cristo podemos seguir caminando

b. ESCONDERSEEl segundo signo de la manifestación de la justicia propia es esconderse. En el Edén, cuando Adán se enfocó en sí mismo, sucedió algo muy malo, no le gustó lo que vio. Percibió que estaba desnudo y como ya hemos citado, desnudez en la Palabra de Dios apunta a muchas cosas, entre ellas, debilidades. Adán se dio cuenta de que no era perfecto. Él vio que había una diferencia abismal entre él y el Señor: Dios era perfecto y él era imperfecto. La justicia propia nos aleja de Dios, la gracia nos lanza a sus brazos (Juan 21: 1-7). Pedro fue hacia Jesús, se lanzó para alcanzar a Jesús. Quien no confía en su gracia se esconde, huye, quien confía en su gracia, corre hacia Él, porque sabe que su Dios es perdonador.

c. MIEDOLa tercera señal de la manifestación de la justicia propia es el miedo. Adán tenía miedo de Dios, pensaba que el Señor le castigaría por estar desnudo, pero Dios siempre estuvo con él y siempre vio que estaba desnudo y nunca había hecho nada con él. ¿Por qué lo haría ahora? Como ya dije, era un sentimiento ilógico. Adán no tuvo miedo por haber hecho lo que Dios le dijo que no hiciera, pero si tuvo miedo al darse cuenta de que estaba desnudo.La justicia propia saca la lógica de las cosas. Bajo la influencia de la justicia propia, estoy enfocado en mí mismo, sólo consigo verme. Me enfoco sólo en mí y obstaculizo enormemente mi visión de que es verdad. Llega el miedo de que no podrás, de que no eres lo suficientemente listo, pero la Biblia dice “todo lo podemos en Cristo que nos fortalece”.

CONDENACIÓN Vimos que en la primera etapa hay tres consecuencias que la justicia propia produce en nuestras vidas, que evidencian la condena. No fue Dios quien condenó al hombre, su propia justicia lo hizo. Dios hasta entonces, no había dicho nada. De un momento a otro, de la nada, el trabajo perdió la gracia, la familia ahora era enemiga y Dios, paso a ser un ser temido. Esto se llama condenación. Cada vez que sentimos condenación ya sabemos quién está actuando.Si sientes condenación, detente inmediatamente, expulsa ese sentimiento y salta al barco de la Gracia de Dios, que la condenación se vaya inmediatamente. La gracia del Señor es el lugar de descanso, la condenación es el lugar del cansancio.¿Estás cansado? Es porque la justicia propia está dominando tu vida. Renuncia y salta a los brazos del Padre. Lo que Él tiene que ofrecerte es pura gracia, alégrate, Él te ama. Supimos de alguien que salió de la Iglesia porque dice que aquí ya no está la presencia de Dios, es una pena porque por mucho tiempo vivió condenada, creyendo que algo que hacemos o no hacemos detiene la presencia de Dios, en otras palabras, esta persona piensa que lo que hacemos determina la presencia la presencia de Dios en su Iglesia, eso es justicia propia basada en la ley, la presencia de Dios no está determinada por lo que hacemos si no por su amor.

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