Olvidando-Lo-Que-Quedó-Atrás

//Pr. Luis A. Núñez\\

  1. EL MANA DEL DESIERTO.

Juan 6:47-59

Jesús expresa claramente que Él es el pan de vida, Él es el maná que descendió en el desierto, muchas de las cosas que Dios hizo en el Antiguo Testamento eran una revelación de Cristo, en realidad, toda la Biblia nos muestra a Cristo, nos muestra su gracia. Debemos tener la revelación de quien es Cristo, cada día, en nuestras vidas. Hoy quiero hablar de esa revelación, debemos confiar en Cristo, nuestra vida de victoria será el resultado de nuestra plena confianza en Cristo.

Veamos:

Éxodo 16:15-21:

  • El maná es la provisión de Dios, así como lo es Cristo para nosotros. Él es nuestro alimento diario, nuestra fuerza. Cuando no tienes esa revelación vienes a la iglesia pensado que tomarás fuerzas para la semana, pero no es así, tú ya debes venir lleno de fuerza porque cada día Cristo es tu alimento, tu fuente de fuerza.
  • El maná era el sustento necesario, un gomer por persona (2.2 litros), ya sea la persona gorda, flaca, niño o adulto, era un gomer por persona, para algunos puede ser asustador ya que parece ser una ración muy pequeña, pero ya sea niño o adulto si comía ese maná sería suficiente, es decir, era un sustento completo, era todo lo que necesitaban, de la misma manera que Cristo lo es para nosotros. Esa es la revelación que debemos tener, cada día Cristo es todo para mí, es suficiente ¡Bástate mi gracia! dice el Señor.
  • El maná no debía recogerse más de la cantidad indicada. La Biblia nos muestra que muchos recogieron más y lo guardaron, el resultado es que todo ese maná apestó y aparecieron gusanos ¿Por qué? Porque tu relación con Cristo debe estar basada en la confianza, en la fe, nuestra confianza diaria debe ser que Él es todo, tu vida debe estar basada en la fe. Todo lo que NO proviene de fe es pecado ¿porque? porque el pecado engendra muerte, al igual que la desconfianza genera muerte, por eso el maná hedió e hizo aparecer gusanos, que son características de la muerte, la desconfianza del suplir de Dios. Cada mañana debían despertar sabiendo que el pan estaba allí, no era ni esperanza ¡Era certeza! Cada día el maná del cielo está a nuestra disposición y es lo suficiente.

 El maná nos muestra a Cristo, por eso tenemos que confiar en que su sustento es suficiente.

 LAS CIUDADES DE REFUGIO.

En el Antiguo Testamento había 6 ciudades de refugio para acoger a aquellos que cometían crímenes accidentalmente, sin la intención de matar. En este caso la persona podía huir hacia una de esas ciudades y refugiarse y el vengador no podía entrar en ellas, de esa manera el fugitivo estaba guardado. Dios ordenó que en todo Israel fuesen establecidas ciudades de refugio (Números 35:22-28).

La ciudad de refugio era un abrigo para ofrecer apoyo, protección y abrigo a quien hubiese cometido un homicidio no intencional. Dios estableció el proceso de cómo esas ciudades deberían funcionar:

-Las ciudades de refugio fueron esparcidas por todo el país, para que nadie estuviese demasiado lejos de alguna de ellas. Los caminos que conducían a estas ciudades debían estar en buenas condiciones, en todo el camino había señalizaciones para ayudar al fugitivo. La mayor parte de ellos estaban en los montes, para que fuesen visibles y las puertas de esas ciudades siempre estaban abiertas.

-El asesino debía ir inmediatamente a la ciudad de refugio más próxima.

-El asesino tenía el derecho de entrar en una de esas ciudades y nadie podía prohibírselo.

-Los familiares de la víctima tenían el derecho de matar al asesino mientras este no estuviese en una ciudad de refugio. Pero una vez que entraba en la ciudad, el vengador no podía tocarlo.

-El asesino debía permanecer dentro de la ciudad, si él salía de los límites corría el riesgo de que un pariente de la víctima estuviese esperando para matarlo.

De manera general estas ciudades representan la gracia de Dios para el pecador, porque la paga del pecado es la muerte. Cristo nos es presentado como una ciudad de refugio hacia donde nosotros corremos a salvar nuestra vida y para protegernos del vengador inmediatamente, cuando percibimos nuestro pecado.

2.1. Un tipo de Cristo (Josué 20:1-6)

Hoy en día, esas ciudades representan un tipo espiritual, una maravillosa alegoría del Señor Jesús. Las ciudades de refugio son una figura y sombra de la sustancia que es Cristo, que está en el Nuevo Testamento.

  1. Si las ciudades de refugio eran solamente para quienes pecaron sin intención ¿Cómo puede ser aplicado a nosotros? Aquí tenemos algo realmente maravilloso.

En la cruz, el Señor Jesús puso todos nuestros pecados en la categoría de no intencionales, su oración fue: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc.23:34). Esta es la gracia y la misericordia de Dios, eso nos califica para encontrar refugio en Cristo. Ese refugio es para todos nosotros.

  1. De esta forma todos los pecadores son invitados hoy, para entrar en ese refugio que es Cristo y ser librados de las manos del vengador. El Señor Jesús fue llamado “amigo de pecadores”. Él es nuestro refugio, donde nos libramos del juicio que vendrá sobre toda la tierra. El vengador es la justicia de Dios. Dios tiene placer en amarnos, pero también Él es un Dios justo y todo pecado debe ser castigado. Un día la justa ira de Dios vendrá sobre el mundo, pero nosotros estaremos seguros y salvos en nuestra ciudad de refugio que es Cristo (Romanos 5:9-10). Esto me recuerda también a la salida de Israel de Egipto, el ángel de la muerte pasaría por Egipto y donde no había la señal de la sangre se produciría la muerte, incluso la Biblia dice que el cordero sacrificado, de quien se usó la sangre, tenía que ser comido por cada familia, asado y no crudo, ni hervido (Éxodo 12).
  2. Las ciudades de refugio pertenecían a los sacerdotes y levitas, en aquel tiempo eran ellos quienes servían a Dios a tiempo integral. Hoy, sin embargo, todos nosotros fuimos hechos sacerdotes, Cristo nos hizo sacerdotes. Los sacerdotes y levitas en esas ciudades adoraban a Dios con música e instrumentos, vestían la mejor ropa, comían la mejor comida. El refugiado disfrutaba de todo eso hasta la muerte del sumo sacerdote y después retornaba a su ciudad. Cristo es nuestro sumo sacerdote hoy y vive eternamente, si nuestro sumo sacerdote vive para siempre, entonces somos bendecidos eternamente, nuestro refugio nunca cesa (Hebreos 6:20).

El Señor Jesús nos dijo la manera en la que podemos afirmar cada vez más esa alianza, esa nueva vida y esa plena confianza y es a través de la Santa Cena, por esto Pablo dijo en 1 Corintios 11: 23-26:

Yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: «Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí». Así mismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebáis, en memoria de mí». Así pues, todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”

La palabra memoria es el “anamnesis”, significa el despertar en la mente de nuevo, o traer un recuerdo vivo, no es solo algo superficial, es decir, cada vez que celebramos la Santa Cena hay un despertar a Cristo, Él es nuestro Nuevo Pacto, Él es mi nueva vida en su gracia, Cristo es nuestro perdón, es nuestra fortaleza, es nuestra victoria sobre el pecado, es nuestra sanidad, es nuestra alegría, etc. Cuando celebramos la Santa Cena, es decir, al tener presente a Cristo, anunciamos lo que originó en nosotros, esta nueva vida ¡Su muerte!, haciendo un pacto con Él hasta que vuelva. La palabra anunciar es proclamar, con intensidad y con seriedad, que yo vivo por Cristo y en Cristo, que estoy en el Kairos, en una nueva vida ¡Aleluya! Es romper toda ley del merecimiento, es depositar una vez más nuestra confianza y seguridad en Él, es reconocer que todo es por Él, para Él y por medio de Él.

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