//Pr. Luis A. Nuñez\\

1. UN CORAZÓN LLENO DE GRACIA PARA LOS INCRÉDULO

Es interesante pero en este capítulo el Señor Jesús comienza hablando de parábolas que tienen que ver con su gracia, que tienen que ver con el perdón. Los dos primeros ejemplos se refieren básicamente al tipo de público que lo rodeaba. Dice la Biblia que eran pecadores y publicanos; si bien ambos eran lo mismo, es decir “pecadores”, la Biblia nos hace la distinción para ver la forma como se dirige a ellos:

La primera parábola (v.4-7 oveja perdida) se refiere a la muestra de su amor por los pecadores y su deseo de que se arrepientan, ellos eran básicamente gente que estaba ligada al pastoreo, la mayoría de los pobladores se dedicaban a eso, así que era un lenguaje que ellos manejaban. En su modo de vida, ellos entienden la dimensión de la alegría de encontrar una oveja perdida; según Jesús esa alegría es la misma que se expresa en los cielos por un pecador que se arrepiente. ¿Te imaginas el rostro de ellos? Justo en un momento en el que se sentían incapaces de agradar a Dios, pues la ley les había dicho esto y ahora este Rabí, este maestro, diferente a los otros les dice: “si te arrepientes, hay alegría en los cielos, solo tienes que creer”.

Luego les habla acerca de dracmas. ¿Cómo podrían entender los publicanos, si ellos no entendían la alegría de encontrar una oveja? pues su lenguaje era el dinero, así que contar una historia que trataba de encontrar un dracma perdido si lo entendían. A estos cobradores de impuestos Jesús les dice que la misma alegría al encontrar este dinero perdido existe en los cielos por uno de ustedes que se arrepiente. ¿Te imaginas de la misma manera el rostro de estos hombres que vivían cada día con el desprecio de la gente y la acusación de la ley sobre ellos, al saber que si solo se arrepienten y creen en Dios existe alegría en medio de todo el cielo?

Perciban que el interés de Jesús no era solo hablar, el interés no era condenarlos y decirles que eran pecadores, la intensión era conquistar sus corazones.

Este es un mensaje para todos nosotros, quiero una vez más recordarte lo siguiente:

2 Corintios 5:18-19: “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación”.

La palabra “encargo” era la misma que se usaba para referirse el hecho de colocar los muertos en la tumba; es decir, ¡este ministerio ya está en nosotros!
Desde el inicio Dios nos muestra que su deseo era llenar la tierra de sus hijos, de personas que se le parezcan, así que tenemos que predicar su Palabra, tenemos que extender el Reino de Dios, predicar el evangelio, edificar la iglesia, cada uno debe ganar a alguien para Cristo.
Observa esto.

2 Pedro 3:9: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”.

La paciencia es para con nosotros.

2. UN CORAZÓN LLENO DE SU GRACIA PARA LOS HIJOS PERDIDOS

Pero allí había un tercer grupo, los discípulos quienes representan a los hijos, en el verso 24 el padre dice: “porque este mi hijo muerto era y ha revivido; se había perdido y es hallado”. Y comenzaron a regocijarse.

El Señor Jesús nos hace dos menciones aquí de lo que estaba en el corazón del padre:
a. Mi hijo muerto era y ha revivido: Primero ratifica que nunca dejo de ser su hijo, siempre lo fue, pero para el padre estaba muerto ¿Cómo es eso? Un hijo muerto es llorado, nunca es olvidado, padres jamás se olvidan del hijo que perdieron. Siempre escucho de personas que han vivido ese drama y expresan el gran dolor que es enterrar a un hijo, Dios nos libre de esa desgracia, tenerlo por muerto era llorarlo cada día y tener un profundo dolor.

b. Mi hijo perdido estaba y ha sido encontrado: Aquí nos muestra otra posición sobre los hijos que se descarrían, quien pierde o extravía un hijo hasta no encontrarlo siempre tiene la esperanza de hallarlo, padres de hijos perdidos siempre amanecen con la esperanza de encontrarlos, su angustia es solo una, la esperanza de encontrarlos.

Es decir, lo que el Señor Jesús nos está diciendo es que el sentimiento por los hijos que se pierden o se descarrían es dolor y esperanza, esto provoca que cuando vio a su hijo corrió para abrazarle de su cuello, ese es un corazón de bondad, de misericordia, de gracia, ese es el corazón de nuestro padre con cada uno de nosotros, un amor incomprensible ¡aleluya!

Ahora hay un detalle muy interesante al final del verso 24, dice que comenzaron a regocijarse ¿Quiénes? Todos los siervos del padre ¿sabes qué significa eso? que todo el tiempo, desde que el hijo se fue, el padre expreso dolor y esperanza, esos eran sus sentimientos y sus siervos compartían el mismo el dolor y la esperanza por el hijo perdido, de tal manera que cuando volvió el regocijo también era de ellos.

Nosotros somos esos siervos del Señor, tenemos dolor y esperanza, como también tendremos regocijo, por los que vuelven. Oremos por los que se fueron, vayamos a reconquistarlos, oremos por ellos, lloremos por ellos y regocijémonos por los que vuelven, después de este ayuno prediquemos a los impíos y busquemos a los hijos.

Pero había un cuarto grupo de personas que estaban allí, eran los fariseos y escribas. Ellos eran espectadores críticos, eran jueces que condenan; hoy te desafío a no ser como ellos, si no a ser movidos a misericordia, a tener un corazón lleno de su gracia, para traer a esos perdidos a Cristo, como para reconquistar a los que se desviaron.

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