//Pr. Luis A. Núñez\\

La semana anterior dijimos que para tener victoria en nuestra vida conyugal debemos renunciar a algunas características inherentes en los niños, que lastimosamente, en oportunidades, se muestran en nuestro matrimonio, actitudes incorrectas en el hablar, pensar y juzgar (1 Corintios 13:11). Ahora continuaremos con la segunda parte:

2. Siendo uno – Expresando lo que somos (Efesios 5:31-33)

Ahora son dos personas diferentes que se unieron, a partir de allí Dios los ve, no como dos sino como uno, así fue en el principio (Génesis 5:1-2). Es interesante la aclaración que Dios hace en su Palabra, “hombre y mujer” los creó y es que este es uno de los mayores problemas en el matrimonio, no entender que te estás casando con una mujer (En el caso del esposo) y con un hombre (En el caso de la esposa), no voy a entrar en muchos detalles al respecto, pero quiero darles solo algunos ejemplos:

En general, las mujeres disfrutan mucho los detalles, los hombres son más genéricos, eso se refleja en varios asuntos como cuando hacen las compras, en los regalos, etc. Las mujeres están capacitadas para hacer varias cosas a la vez, los hombres no, la visión del hombre parece que es limitada, pero las mujeres pareciera que tienen una visión de 360 grados.

¿Cómo pueden manifestar esa unidad?

Siendo un “Huios”, dejando de ser niños, madurando, siendo guiados por el Espíritu. La Palabra dice en Efesios al hombre que “ame a su esposa” y a la mujer que “respete a su esposo”, pero esto no significa que la esposa no debe amar y el esposo no debe respetar, si no que habla de un problema, la expresión de amor en la mujer es mucho más expresiva, pero la expresión de amor en el hombre es bastante pobre, por otro lado, el problema en la mujer es el respeto al esposo. Es por esto que quiero ver con ustedes lo siguiente:

a. EL AMARSE

¿Cómo amarse? La Biblia dice: “Amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 Pedro 1:22) Cuando dice entrañablemente, significa con todas tus entrañas, no suena muy romántico, pero habla de la profundidad y fortaleza, ámala o ámalo con todos tus riñones, hígado, con tu estómago, con tus intestinos, etc.
Miren lo que dice la Palabra en Cantares 8:6: “Porque fuerte como la muerte es el amor” Dice esto porque el amor es irreversible, como la muerte, “El amor nunca deja de ser”. El amor es irreversible, no se acaba, no es temporal, debemos mostrar firmeza, debemos estar dispuestos a sufrirlo todo, a soportarlo todo.
Ejemplo: El anciano que fue a comprar flores para su esposa que sufre Alzheimer y se los lleva al asilo. Los encargados le dicen: “¿Por qué le traes flores si ella ya no sabe quién eres? Y él responde: “Puede ser que ella ya no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé quién es ella para mí”.

b. SOPORTARSE

Colosenses 3:13 dice: “Soportaos unos a otros y perdonaos unos a otros”, para ser uno deben aprender a soportarse. Frente a las actitudes o conductas debemos considerar lo siguiente, existen:

. Conductas y actitudes que deben cambiar si o si (Cuestiones ligadas al pecado).
. Conductas y actitudes que están cambiando (Proceso).
. Conductas y actitudes que nunca cambiarán (Ligadas a temperamento)

Y en esta última es donde el “soportarse” es la regla, aunque no lo crean este es un ingrediente para la convivencia en el día a día y que solo va ser posible cuando dejamos de ser niños. En el griego esta palabra “soportar”, significa mantener algo arriba, a la misma altura, es decir, requiere esfuerzo y constancia, sin bajar de su posición a nadie; es decir, para ella, aun en los peores momentos de vuestra convivencia él seguirá siendo tu esposo, el padre de tus hijos y para él, aun en los peores momentos de tu convivencia ella seguirá siendo tu esposa y la madre de tus hijos, así que se deben respeto y valor. Eso solo es posible con Cristo. Ninguna circunstancia justifica romper este principio.

3. Sembrar para cosechar

Hay un principio interesante para todo matrimonio que desee alcanzar la victoria, está en

“No os engañéis; Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará, porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. 9No nos cansemos, pues, de hacer bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”. Gálatas 6:7-9.

Este es el principio de la siembra y de la cosecha. Ahora dentro de ese principio podemos ver 3 leyes absolutas:

a. El hombre siempre cosecha lo que siembra

Todo lo que el hombre sembrare, eso ciertamente cosechará.
La vida y por lo tanto el matrimonio, son el resultado de la siembra que hicimos en el pasado. Entonces, si usamos este concepto vuestro matrimonio en el futuro será el resultado de las siembras que hagan hoy. Muchos dicen que el matrimonio solo es bueno en los primeros años, después no es bueno. Eso se da por el hecho de no invertir en los primeros años, es bueno saber que principalmente el primer año es una gran oportunidad de sembrar, el segundo año es una buena oportunidad de sembrar, el décimo año es una buena oportunidad de sembrar. Siembren paciencia y la cosecharán, siembren amor y lo recibirán de vuelta, siembren el perdón y tendrán a un cónyuge perdonador. Siembren egoísmo y cosecharán un matrimonio egoísta, lleno de competiciones, siembren resentimientos y cosecharán resentimientos.
Otro principio es la inversión, un sembrío requiere inversión en sus diferentes etapas, de hecho, la siembra requiere mayor inversión, el inicio siempre requiere mayor inversión. Muchos dirán: “Pastor, no invertí lo suficiente en la siembra ¿Será que puedo dar todo en el aporque, en el deshierbe? Naturalmente no mejorará mucho, pero existen los milagros de Dios, Dios es un Dios de milagros, Él es el restaurador de todas las cosas. Amén.

b. Nunca cosechamos inmediatamente lo que sembramos hoy

Toda siembra demanda tiempo para ser cosechada, unas son más rápidas y otras demoran más. El rabanito es en 40 días o a veces en 30, el maíz, por otro lado, dependiendo de la variedad 3 meses o 6 meses, el bambú japonés es siete años, etc.

Es necesario esperar el tiempo de la cosecha, teniendo la certeza que ella viene, pues es una ley. Recuerden, el amor todo lo espera. Digo esto porque no quiero que esta siembra lo tomes como un acto de stress “¿Cuándo cosecho, cuándo cosecho? ya han pasado tres años de paciencia, ya no puedo esperar, desde ahora sembraré impaciencia” o quizás digas: “He desperdiciado diez años de mi vida sembrando amor, y ¿De qué me ha servido? es hora de odiar” ¡Mucho cuidado! quiero que sepas que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo, aquel día responderás por lo hiciste y nunca podemos justificar nuestras acciones en función de las actitudes de los demás. No puedes llegar al extremo de decir: “Me convertí en ladrón porque toda la vida me robaron” ¡No existe eso!

c. Nunca cosechamos la misma cantidad que sembramos ¡Maravilloso!

Por cada saco de maíz, cosechamos aproximadamente 60 o más sacos. Siempre cosechamos mucho más de lo que sembramos.

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