//Pr. Eliud Cervantes\\

En la obra que hacemos, Cristo será siempre el centro. Sin embargo, debemos tener mucho cuidado de olvidarnos del amor del Padre. Muchos ven a Dios como alguien que está listo para juzgar y condenar a las personas, pero eso está muy lejos de la verdad. El evangelio dice que Dios amó al mundo de tal manera que dio a su hijo. Nuestro Padre es un Dios de amor y Cristo vino a revelarnos justo ese amor.

Hay algo poderoso en relación al nombre de Dios y el Señor dijo que Él vino a revelarnos el nombre de Dios en Juan 17:6, He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra”.

En el Antiguo Testamento, nosotros encontramos muchos nombres de nuestro Dios siendo revelado, los cuales son los nombres redentivos como Jehová Jireh (El Señor que provee), Jehová Rafá (Yo soy el Señor que te sana), etc.

¿Qué nombre vino a manifestarnos el Señor Jesús? Ciertamente el nombre de “Padre”. Todos los nombres anteriores revelan parcialmente su carácter, pero el nombre de “Padre” revela plenamente a Dios. Hay poder en ese nombre, hay protección en ese nombre. Jn 17:11-12

Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.

Desde la creación Dios se revela como Padre. Él es nuestro ejemplo de paternidad y jamás nos diría que seamos algo que Él mismo no lo es (Gn 1:26). Dios creó al hombre para ser padre, y es por eso que Él se revela a nosotros como padre para que podamos reflejar Su paternidad. ¿Pero cómo podemos hacer eso? Identificando, en la creación del hombre, tres cosas básicas que Dios le dio: identidad, valores y dirección.

  1. Identidad

Es la manera como nos vemos. La identidad de una persona es formada en la infancia por los padres, o por lo menos en un ambiente más cercano de lo que es una familia. Esa identidad habla del modo cómo ese niño se ve, es su autoimagen. Eso, con seguridad, va determinar cómo va ver y relacionarse con los demás.

En los primeros años de vida, todas las experiencias e informaciones que el niño recibe afectan la formación de su identidad y eso influenciará en su comportamiento, si va ser inseguro, agresivo, amable, sociable, etc.

En la historia de Abraham y Sara, vemos cómo ellos se preocupaban en dar a Isaac una identidad de heredero. Cuando Sara percibió que Ismael molestaba a Isaac, le dice a Abraham: “Por tanto, dijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo.” Gn 21:10

Es interesante porque Sara se refirió a la posición que Dios tenía para Isaac: heredero. Ella estaba preparando a Isaac para que sea heredero, y para eso él tenía que ser consciente de su papel, de su herencia y llamado.

Sara intervino en el momento en que Ismael se mostró como una amenaza al propósito de Dios para Isaac y Dios confirmó lo que ella dijo cuándo le dijo que Abraham lo despida a Ismael. Las palabras que escuchamos en la infancia tienen poder sobre nosotros, principalmente cuando viene de personas que admiramos y reconocemos, por eso el diablo usa muchas veces aquellos que están más cerca para alcanzarnos y lanzar dudas en nuestra mente, sobre quiénes somos, o sobre lo que Dios tiene para nosotros.

Dios siempre se preocupó en dar a su pueblo una identidad de hijos de Dios, un pueblo separado con una identidad propia, pero el pueblo muchas veces se mezcló, tornándose igual que los demás, ignorando los planes de Él. Nuestros hijos necesitan saber que son diferentes del mundo: ellos son nuevas criaturas (2Co 5:17), templo del Espíritu (1Co 6:16), más que vencedores (Ro 8:37)

  1. Valores

Los valores también son transmitidos a través de la familia. Los valores pueden ser morales y espirituales, ellos son el patrón de lo que es correcto y errado. Muchos padres transmiten a sus hijos patrones morales muy buenos como no matar, no robar, no mentir, etc. Pero un hijo de Dios necesita tener más que una buena moral, necesitamos del modelo de la Palabra de Dios.

Desde el principio Dios planificó que el hombre sea guiado por el árbol de la Vida y no por el de la ciencia del bien y del mal. Ser guiado por la vida es ser guiado por Dios, eso significa que algo tal vez puede no ser necesariamente errado, pero si Dios no quiere que hagas, no debes hacer.

Por tanto, los padres debemos ser conscientes de la necesidad de transmitir los valores cristianos, lo cual es mucho más que enseñar lo correcto y lo malo, es enseñar a discernir aquello que agrada a Dios o no. Ej: en la vida de Isaac y Rebeca, ella transmitió eso en Jacob.

La biblia dice que Esaú, el hermano mayor, despreció la bendición, mientras que Jacob la valorizó. Los hijos aprenden a valorizar aquellos que los padres valorizan. Ej: dejar la Tv para ir al culto u orar y gastar tiempo con Dios. Pero lo opuesto es verdadero también.

Los padres pasan valores espirituales a los hijos aun cuando no saben lo que están haciendo, pero eso no excluye tu responsabilidad. Ej: no llevarlos a los cultos, apenas dejarlos jugar, etc. Pasan a los hijos el mismo espíritu de Esaú, de alguien que desprecia las cosas de Dios, indiferentes a Dios.

Los valores son una herencia que pasamos a los hijos. El valor de una herencia no está en guardar, sino en dar. Necesitamos colocar en la balanza de la Palabra de Dios los valores que estamos transmitiendo a nuestros hijos.

  1. Dirección

Cuando Dios le dio al hombre un propósito, le estaba dando dirección, un camino a seguir. Tener una dirección es tener un propósito de vida. Isaac y Rebeca le dieron una dirección clara a Jacob para ir a Padan Aram, también sobre el criterio de cómo escoger una esposa, basados en principios. Fue Abraham que enseñó eso a Isaac, e Isaac a Jacob. Ellos mostraron que no eran personas comunes, sino llamadas para un propósito especial. Sus hijos crecieron creyendo eso, porque tenían una identidad en Dios, siguieron los valores espirituales que recibieron de sus padres. Es lo mismo que debes transmitir a tus hijos.

Mi identidad en Dios siempre fue algo vivo para mí. Sabía que era diferente a mis amigos, pues mis valores eran diferentes al de ellos. Sin embargo, no siempre los padres saben lo que los hijos van a pasar o que dirección van a tomar, pero necesitan andar en la luz, en la Palabra de Dios.

Dar dirección es una de las tareas más difíciles para los padres, por eso necesitamos enseñar a nuestros hijos a oír la voz de Dios en nuestro espíritu, así nunca les faltará dirección. Ej: no te culpes por los hijos en el mundo. Aun dando dirección los padres debemos confiar en Dios. Tú puedes fallar, pero Él no fallará. Ande por este principio del Sal 127:1

El resultado de estos principios en la vida de los hijos

  1. Pr 10:27

Temor es reverencia. Temor es reconocer que nuestro Señor es Dios. (Sal 128:1). Necesitamos criar nuestros hijos con una identidad en Dios para que puedan temer a Dios y andar en sus caminos, eso será mucho mejor que estudiar en la mejor escuela del mundo.

Criar hijos en el temor del Señor significa formar en ellos una mentalidad, un patrón de pensamiento para que ellos sean guiados por esos principios por toda la vida. Tener temor no significa que los hijos no van a fallar, sino determina cómo ellos van a lidiar con el error. Aun Abraham, Isaac y Jacob fallaron, pero se arrepintieron.

Hijos con identidad son personas que tienen el corazón para Dios. Hijos con valores espirituales son personas que reconocen la Palabra como su regla de vida. Ciertamente los padres no enseñan todo a sus hijos, hay muchas cosas que ellos aprenden con los demás, pero la identidad, los valores y la dirección son los padres que pasamos. Los frutos se verán.

Honrar significa reverenciar, es fijar un valor de aquello que le pertenece. Honra y temor están unidos, quien no tiene temor no honra. Ej: esposa que no tiene temor de su esposo, jamás lo honrará.

Honra no son palabras bonitas, es respetar al otro en el día a día. Hijos que hablan de igual a igual con sus padres deshonran la autoridad de ellos. Todo pecado contra la autoridad es contra Dios. La honra siempre antecede a la bendición. Por eso es que muchas veces Dios no puede bendecir.

  1. Bendición.

Cuando andas en la dirección de Dios, la bendición de Dios los seguirá. El canal de la bendición es la honra. Cuando los hijos honran a sus padres, ellos reciben lo que sus papas tienen. No basta ser hijo, tienes que honrar. Honrar con tu vida, palabras, tu proceder. Hijos que honrar a sus padres, honran a Dios (Ro 9:13)

Ismael y Esaú eran hombres prósperos, pero no tenían la bendición de Dios. La bendición es más importante que la prosperidad. Padres, llevemos a nuestros hijos a recibir la bendición del Señor.

Preguntas para compartir:

  • ¿De qué manera puedes percibir el nombre de Dios como “Padre” en tu vida?
  • ¿Cuál es la identidad y los valores que tenemos como hijos de Dios?

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