//Pr. Wilber Chávez\\

Vivimos tiempos difíciles. Enciendes la TV y un predicador te dice que, si eres cristiano y plantas una semilla al respecto de las finanzas, prosperarás a causa de la bendición de Dios. Después de este programa, otro predicador viene y te dice que, si te vuelves un cristiano, necesitas renunciar a todo lo que tienes para que Dios pueda bendecirte. Uno habla sobre prosperidad y el otro sobre pobreza y ambos usan las escrituras. ¿Quién está en lo correcto? ¿El que predica sobre la prosperidad o el que predica sobre renunciar a todo y volverse pobre?

¿Cuál es bíblicamente correcto? ¿La prosperidad o la pobreza?

Con respecto al asunto del dinero, existen básicamente, tres posturas en el medio evangélico:

  1. La Teología de la pobreza 

La primera postura es la que llamo Teología de la pobreza. Evidentemente, aquellos que defienden esta postura, no la llaman de esta manera, pero la persona que tiene esta postura menosprecia los bienes materiales. Ellos no son materialistas, ellos consideran los bienes como un tipo de maldición y el texto favorito en la Palabra de Dios para ellos es Lucas 18:22, donde el Señor mando al joven rico vender todo lo que tenía y dárselo a los pobres.

Ellos dicen que sus necesidades serán satisfechas si tuvieran una actitud de despreocupación. Ellos no se preocupan en prosperar, porque buscan el Reino de Dios en primer lugar. Ellos creen que la pobreza es la voluntad de Dios para la Iglesia. El Reino es para los pobres y los que se vuelven pobres se apoderan de ella.

  1. La Teología de la prosperidad 

El punto de vista de los teólogos de la prosperidad es que la prosperidad es una recompensa para los justos. Ellos consideran que los bienes materiales son una bendición de Dios. Su escritura favorita es Lucas 6:38. 

Básicamente, ellos siguen el principio de la siembra y la cosecha. Enseñan que, si tenemos una necesidad, debemos sembrar y Dios nos proveerá en abundancia. Su concepto de prosperidad es que, ellos son los dueños de aquello que poseen. Para ellos, la pobreza no es la voluntad de Dios, sino que se trata de una maldición. Están muy preocupados con el dinero y tienen una vida direccionada para conseguirlo.

El problema con la teología de la pobreza

  1. Ellos suponen que cualquier persona de éxito financiero necesariamente es deshonesta

La verdad es que, cuando viene un hermano rico, ellos asumen una de las siguientes posturas: Suponen que la riqueza fue adquirida de manera deshonesta o ellos juzgan a la personan diciendo que: “si ellos realmente amasen a Dios, habrían dado el dinero para las misiones”.

Ellos necesitan leer Proverbios 22:2, que dice: El rico y el pobre se encuentran;
A ambos los hizo Jehová.”

  1. Ellos exageran en la cuestión de la obra sacrificial 

Estas personas, normalmente, hacen grandes sacrificios ministeriales y acostumbran decir: “Dios me ama porque yo renuncie a todo”. Ellos piensan que cuanto más renuncian más espirituales serán. Sin embargo, la verdad es que Dios no nos ama más cuando renunciamos o sacrificamos algo, ni tampoco, nos volvemos más espirituales porque somos pobres. Tales personas, se vuelven muy arrogantes en su espiritualidad, colocándose como modelo para los demás.

El problema con la teología de la prosperidad 

  1. Ven la prosperidad como una señal de la aprobación de Dios 

Normalmente, estas personas piensan de la siguiente manera: “Si has prosperado es porque Dios te ha aprobado. Aquel que es bendecido prospera”. Ellos son arrogantes al respecto de la bendición, de la misma manera que los de la teología de la pobreza son arrogantes, por haber renunciado a todo. Ambos se apoyan en la justicia propia, juzgándose merecedores de la bendición de Dios.

  1. Es una teología que produce culpa 

Nada produce más culpa que decir a alguien: “Si realmente sirvieses a Dios serías próspero y rico”. Alguien que está pasando por una lucha financiera puede concluir que no sirve a Dios o no está debajo de su bendición. En conclusión, es que no haces lo suficiente para agradar a Dios, no posees suficiente fe.

El resultado es que las personas viven debajo de una gran culpa y ni siquiera consiguen compartir sus problemas, por miedo a ser condenados por estar pasando por luchas. Recuerdo que, en una ocasión, un amigo pasó por una gran lucha, en medio de una tempestad un árbol cayó sobre su carro. Cuando fue a buscar consejería pastoral, la primera pregunta que recibió fue: “¿Has sido fiel en tus diezmos?”

  1. Niega la soberanía de Dios 

El pensamiento es que después de hacer algún tipo de transacción con Dios, Él estará obligado a bendecirlo, porque se lo debe. Eso no es correcto, el Señor no debe nada a nadie. Todo lo que Él hace lo hace en base en su Gracia.

La teología de la pobreza tiene algunas cosas maravillosas, esta dice, básicamente, que cuidemos del pobre y del necesitado, esto es maravilloso. La Teología de la prosperidad también tiene cosas buenas, esta dice que seamos un canal de las bendiciones de Dios y que sembremos en la vida de otros. 

Principios de la teología de la mayordomía 

  1. Dios es dueño de todo (v. 14) 

Dios solamente nos pide que administramos sus bienes. Es exactamente ese el motivo porque hablamos de responsabilidad, porque es un hecho de que no tenemos nada, todo le pertenece al Señor. El primer principio que necesitamos aprender como discípulos es que tenemos un Señor, en esta cuestión financiera, eso es absolutamente vital, sin sumisión nunca prosperaremos. La Biblia declara, categóricamente, que Dios es el dueño de todo.

“De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan.” (Salmos 24:1)

La Biblia revela los ítems específicos que tiene Dios, Levítico 25 dice:

“La tierra no se venderá a perpetuidad, porque la tierra mía es; pues vosotros forasteros y extranjeros sois para conmigo.” (Lv 25:23) 

Imagine que tienes una escritura o constancia de posesión de una hacienda, sin embargo ¿Quién es el dueño de la tierra? ¡Dios! En Hageo 2:8 dice: “Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos.” Dios es el dueño de los minerales que están en la tierra. El Salmo 50:10 dice: “Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados”

Si sabes que Jesús es el Señor, entonces debes reconocer que Él es el dueño de tu vida, de tu casa, de tus hijos y de tus bienes. Todo lo que tenemos, todo lo que somos pertenece a Él.

Nosotros rendiremos cuentas delante del Señor de aquello que hicimos con lo que es de Él. El Señor es dueño de nuestras vidas. Si queremos ser cristianos vencedores y discípulos genuinos, debemos transferir a Él la posesión, el dominio de todo aquello que está en nuestras vidas.

Cuando tenemos revelación de que Dios es el dueño de todo, entonces reconoceremos que Él tiene el derecho de hacer lo que quiere con aquello que Él nos ha dado.

“Y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.” (Job 1:21)

Entendiendo que todo le pertenece a Jesús, deberías analizar todo lo que vas a comprar, alquilar o arrendar, preguntando si tal gasto que harás estará de acuerdo a la voluntad de Dios.

Es esencial para nosotros, que somos cristianos, percibir que nuestras posesiones pertenecen a Dios. Es ese entendimiento que lo llevará a crecer espiritualmente.

  1. Toda decisión financiera es una decisión espiritual

Algunos imaginan que son sumisos al Señor porque dan el diezmo. Evidentemente, devolver el diezmo es importante, sin embargo, esto no traduce completamente nuestra sumisión a Dios. Lo que hacemos con el diez por ciento es importante, pero también es importante saber lo que hacemos con los otros noventa por ciento restantes.

Muchos reclaman diciendo: “¡No entiendo Pastor, yo soy fiel con los diezmos, y aun así parece que no prospero!” El problema no está solo en el diezmo, sino lo que hace con los otros noventa por ciento que usted gana. Algunos presumen que, por el hecho de haber entregado el diezmo, están libres de hacer lo que quieren con el resto del dinero. En realidad, no solo el diezmo pertenece a Dios ¡Todo es de Él! Todo tu sueldo es del Señor, si tienes casa, tu casa es de Dios o tu carro es de Dios; tu vida es de Dios; tus hijos son de Dios ¡todo le pertenece!

“Ya di el diezmo, ahora estoy en paz” ¡no tan rápido! Los otros noventa por ciento también necesitan ser gastados debajo de la dirección de Dios, porque no le pertenece realmente. Usted necesita depender de Dios ¿Por qué muchos están atrapados en deudas? Porque piensan que pueden gastar los otros noventa por ciento como les parece, sin orar y sin saber la voluntad de Dios.

No hay manera de disfrazar la mayordomía. Un creyente puede fingir orar, leer la Biblia, puede fingir en sus relaciones y en todo lo demás, pero existe una cosa que no se puede disimular: nuestra generosidad al dar. La manera como lidiamos con el dinero, determina si somos o no vencedores.

  1. La cantidad no es lo más importante

 No importa si tenemos muchos talentos o pocos, lo que Dios mira es como lidiamos con lo que hemos recibido. En la parábola de los talentos, tanto el que tenía cinco, como el que tenía cuatro, duplicaron sus talentos y fueron igualmente felicitados por el Señor y considerados fieles.

Algunas veces, aquellos que recibieron menos son los que más son puestos a prueba. Ellos se disculpan diciendo que no tienen lo suficiente. El rico no da porque piensa que el valor es demasiado alto y el pobre no da porque piensa que le va faltar. Dios mira la fidelidad y no el valor.

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