//Pr. Luis A. Núñez\\

Un peligro permanente que enfrentamos en nuestra vida cristiana es que constantemente somos tentados a volver a la ley, no quiero decir que realmente volvemos a vivir de forma completa en la ley, sino que caemos en un tipo de mixtura o mezcla, confesamos que somos salvos por la gracia pero concluimos que todo el servicio para Dios ahora es por nuestra cuenta, en nuestro esfuerzo propio.Esa mezcla es un gran impedimento para nuestro crecimiento espiritual, pero ¿Cómo podemos saber que estamos mezclando la gracia con la ley? si la obra de la cruz no hace diferencia en tu día a día, esa es una señal de que dependes de las obras de la ley, si tu vida cristiana es simplemente el fruto del esfuerzo y no del disfrute en Cristo, entonces tú vives una mezcla de la ley y gracia, si tú crees que fuiste salvo por la gracia pero crees que la santificación es por el esfuerzo propio entonces aun vives por la ley, si aún vives asustado y con miedo por el castigo de Dios, pensando que Él está molesto contigo, entonces vives por la ley; es verdad que Dios se aíra por causa del pecado, pero somos lavados por la sangre del Cordero, la realidad es que vivimos debajo de esa sangre todo el tiempo, Dios solo nos ve en Cristo, sobre nosotros no hay condenación, ni la ira de Dios. La ira de Dios un día vendrá sobre este mundo, pero nunca más vendrá sobre nosotros, pues Cristo ya canceló todo decreto contra nosotros, toda deuda fue cancelada por nosotros delante de Dios. (Colosenses 2:14).

Si aún pensamos que agradamos a Dios por nuestro esfuerzo, podemos tener certeza que aún somos esclavos de la ley, la verdad es que Dios ya está feliz con nosotros por causa de Cristo.

Otra señal de que aun vivimos en la ley es cuando pensamos que la victoria sobre el pecado y sobre el diablo es algo que conquistamos con nuestro esfuerzo, la victoria es algo que recibimos por la gracia, la verdadera gracia no es conquistada, se nos es otorgada. Un síntoma común entre aquellos que aún viven debajo de la ley es el sentimiento constante de culpa y condenación por causa de nuestros pecados, viven constantemente con una sensación de descalificación, siempre pensando que no hicieron lo suficiente para agradar a Dios, algunos piensan incluso que ese sentimiento es una señal de piedad y celo, esta es la acusación del diablo, aceptan todo ataque del diablo como si fuese un pago por su error. Quien cree que necesita un castigo no entendió que sus pecados ya fueron clavados en la cruz.

Cuando pensamos que la vida cristiana es muy difícil y penosa, ciertamente estamos mezclando la gracia con la ley, la ley siempre es penosa, pero la gracia trae paz y descanso. Una señal terrible de los que viven en la ley es que ellos piensan que no merecen recibir la bendición de Dios; a la verdad no merecemos las bendiciones, pero las recibimos no por mérito si no por la gracia,  si tú piensas que eres merecedor de la bendición de Dios entonces aún no has entendido la gracia del favor inmerecido. En la ley tú debes merecer para recibir, en la gracia tú recibes sin merecer.

Muchos piensan que ya agotaron la paciencia de Dios, como ya cometieron el mismo pecado tantas veces y cada una de ellas prometieron abandonarlo, al final concluyen que abusaron de la Gracia de Dios y no tendrán más perdón, el hecho es que en su concepto solo las personas buenas merecen recibir gracia pero eso es una contradicción pues la gracia es justamente para quien no lo merece.

Todos esos síntomas ciertamente están presentes en la vida de un creyente que aún se relaciona con Dios basado en la ley, pero me gustaría analizar otros más específicamente. Que el espíritu Santo nos pueda abrir, los ojos para ser liberado estos días.

  1. ORGULLO

Si pienso que todo depende del merecimiento, entonces cuando tenga algún éxito, me gloriare en este, pues es fruto de mi esfuerzo. Si la bendición es fruto de mi merecimiento  entonces yo paso a juzgarme mejor que aquellos que no son tan bendecidos como yo.

 Leamos 1ra Corintios 15:9-10, aquel que vio la gracia no consigue ser orgulloso, todo lo que puede decir es “yo soy lo que soy por la gracia de Dios”, sabe que todo lo que es y posee es solo por la gracia del Padre, que le fue dada gratuitamente, entonces no hay de que enorgullecerse, en lugar de orgullo siente profunda gratitud, porque él no merecía nada y recibió gratuitamente todo, él merecía la condenación pero Dios lo hizo participante de la herencia del propio Cristo; quien es grato no tiene como ser orgulloso, en cierto sentido el orgullo es contrario a la gratitud, aquel que es grato manifiesta su humildad reconociendo que su esfuerzo no es la razón u origen de ninguna cosa.

  1. IDOLATRIA A HOMBRES

Si pienso que el éxito viene por el mérito, entonces sería necesario idolatrar a aquellos que son muy bendecidos porque ellos ciertamente son mucho mejores que yo, merecen una bendición tan grande porque son muy buenos; sin embargo, Pablo dice a los Corintios que él era el menor de los apóstoles pero que por la gracia había trabajado más que todos los demás. Por la lógica bíblica, Dios bendice a aquel que no lo merece y hace grandes a los pequeños. Si alguien es muy bendecido, es porque es menor que los otros, siendo así, no hay razón para pensar que los hombres son grandes (1 Corintios 4:7).

El hecho de tratar a algunos hombres como “gurus” nos muestra que aún no entendemos la gracia de Dios, cuando entendemos que nada nos es dado por mérito, jamás atribuiremos el éxito de algunos pastores a su capacidad, a cuán espectacular son o por su santidad, pues todo les fue dado por gracia; eso no significa que no podemos inspirarnos con ellos ¡claro que podemos! pero necesitamos tener cuidado de no exaltar la habilidad y la fuerza humana por encima del favor inmerecido de Dios.

  1. MIEDO

Si pienso que solo soy bendecido si lo merezco entonces siempre estaré con miedo de que Dios me evalúe y me repruebe, si soy reprobado Él no me va a bendecir, esta es la razón por la que muchos hermanos viven en medio de tensión, si no tienen recursos económicos o posesiones viven angustiados intentando merecer la bendición para crecer y prosperar y cuando prosperan quedan con miedo a perderlo.

Leamos 1 Juan 4:16-19, a pesar de predicar a los perdidos que Dios nos ama, muchos creyentes viven bajo constante miedo sin percibir el amor de Dios, viven con una constante sensación de que se encuentran en falta, que no hicieron lo suficiente para agradar a  Dios. Fuimos transformados en hijos, no solo hijos distantes, si no en hijitos, que están tan cerca  a su padre que lo pueden llamar Abba, que en hebreo es PAPITO. La relación con un padre amoroso nunca puede estar basada en la ley, un hijo no teme que su padre lo abandone porque se porta mal, un hijo no está preocupado en qué hacer para continuar siendo hijo, él simplemente sabe que es hijo y está plenamente consciente del amor de su padre y porque él sabe que es amado, no teme cosa alguna.

Nuestra vida se volverá simplemente en un fardo si no tuviéramos revelación de que somos amados, no tenemos que comprar el amor del padre con buenas obras, Él ya nos ama de la manera más grande que se podría amar, esta es la gracia de Dios, no hay nada que podamos hacer para aumentar el amor de Dios por nosotros y como hijos podemos tener la certeza de que nada de lo que hacemos puede disminuir su amor por nosotros.

Evidentemente todo buen hijo que se siente amado intentará agradar a su padre, pero no es para ser más amado, por el contrario, buscamos agradarlo porque nos sentimos amados, esa debería ser nuestra motivación al hacer la obra.

Sin una profunda revelación de que somos amados inevitablemente caeremos nuevamente en las obras de la ley y viviremos intentando conseguir el favor del padre por nuestros méritos.

Cuando confiamos en el amor de Dios, entonces tenemos el cielo abierto sobre nosotros (Mateo 3:17) esta declaración fue registrada en el evangelio por causa de nosotros, somos amados por el padre de la misma manera que el Señor Jesús, tu eres hijo de Dios regenerado por el Espíritu Santo, el Señor Jesús oró para que tuviésemos revelación de que somos amados por el Padre, del mismo modo que Él es amado (Juan 17:23).

Fuimos aceptados en el Cristo, en el amado, Dios Padre está feliz y satisfecho contigo, porque tu estas en Cristo, tú fuiste escogido por Dios antes de la fundación del mundo. Todos los días cuando me levanto me gusta declarar mirando para a los cielos, que Él me ama, yo soy amado de Dios, cada día Él ha preparado cosas maravillosas para mí.

Cuando tú sabes que eres amado por Dios, no importa lo que el diablo pueda hacer, tu siempre prevalecerás sobre él, pero si existe alguna duda en eso no tendrás la osadía, ni la firmeza necesaria en tu fe; sé que pocos logran reconocer que en ocasiones se sienten como que Dios no los amase, pero la verdad es que muchos hijos viven de esa manera.

Jóvenes que no se sienten amados se entregan a todo tipo de pecado, drogas y destrucción, pero aquellos que se sienten profundamente amados consiguen superar todas esas tentaciones; la misma verdad se aplica a los hijos de Dios, cuanto más sabemos que somos amados, mas queremos agradar al padre (Efesios 1:6).

  1. CONDENACION

La palabra de Dios dice que aquel que experimentó la gracia disfruta de paz, esta ciertamente es la mayor señal de alguien que se llenó de la gracia, de Dios, él siente paz en el corazón (Romanos 5:1-2).

Aquel que vive por la ley está siempre con una sensación de descalificación, el enemigo lo acusa constantemente, mostrándole lo mucho que está fuera del padrón de Dios y que por eso no puede ser bendecido, aquellos que andan por la ley o sea aquellos que buscan merecer la bendición de Dios no consiguen tener fe para recibir alguna cosa, esto sucede porque se miran a sí mismos todo el tiempo, para encontrar algún mérito, cuanto más se miran menos fe tienen. Creen que Dios les envió una enfermedad para enseñarles algo, los sumerge en la pobreza para enseñarles humildad.

Si crees que Dios solo recibe a los justos ¡Estás en lo cierto! Justamente por eso era necesario que seamos incluidos en la justicia del Señor Jesús.

  1. ESCLAVITUD EL PECADO

La palabra de Dios afirma enfáticamente que el pecado no tendrá más dominio sobre nosotros porque no estamos bajo la ley si no bajo la gracia (Romanos 6:14).

¿Cómo entonces alguien puede decir que experimentó la gracia de Dios y aún seguir viviendo en la práctica del pecado? simplemente no experimentó nada, nunca fue tomado por la plenitud de Dios, cuando tenemos revelación de que somos justos en Cristo simplemente andamos de acuerdo con la verdad.

  1. PASIVIDAD

En la primera carta a los corintios Pablo dice que trabajó más que los otros apóstoles, él dice que eso sucedió no porque fuese mejor que los otros, si no por causa de la gracia que recibió, una señal de quien experimentó la gracia es que él se dispone a trabajar (1 Corintios 15:10).

Infelizmente el diablo ha engañado a muchos, llevándolos a la pasividad, debes entender que antes podías juzgarte incapaz e indigno pero por la gracia puedes servirlo en libertad y paz. La gracia te libera para el servicio, porque ahora no lo haces en tus fuerzas, ni buscando tu mérito.

No seremos juzgados junto con los pecadores, pero seremos juzgados para saber que hicimos con la gracia que recibimos (2 Corintios 5:10).

2 Timoteo 2:1 dice: “Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús”

Descargar Audio



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


+ 5 = diez