Olvidando-Lo-Que-Quedó-Atrás

//Pr. Luis A. Núñez\\

Ya expliqué que la salida de Israel de Egipto representa nuestra salida de la esclavitud del pecado, a través de Cristo somos libres de toda condenación y salvos por la sangre derramada del cordero. Allí comenzaba nuestra historia como la de Israel, todo lo demás había sido olvidado y perdonado, era un nuevo comienzo. Sus días comenzarían delante de Dios, una nueva etapa, era el “KAIROS DE DIOS” para su pueblo como lo es para nosotros. En el “CRONOS” de nuestra vida, el KAIROS de Dios se manifiesta con la salvación ¡Nuestra historia comenzaba!

La pregunta es: ¿Cómo vivimos esta nueva vida y cómo Dios actúa en medio de ella? Es una jornada de gracia, de amor, de una nueva vida, de una nueva oportunidad. Cuando vemos la trayectoria del pueblo de Dios, que simboliza la nuestra, hay un problema, es la actitud del pueblo de Dios que les impidió vivir esa gracia. Noten que hasta la ropa no se les envejecía, todo había sido diseñado por Dios para que experimentaran su cuidado, su amor, pero no confiaron, no creyeron y obraron en la justicia propia.

La Biblia nos muestra en Gálatas 5:4: De Cristo os desligasteis, los que por la Ley os justificáis; de la gracia habéis caído”. Caer en la justicia propia, en la ley del merecimiento, nos desliga de Cristo y por tanto salimos del favor, del poder experimentar cada día esa gracia, esa bendición. Observa esto, el trayecto de viaje del pueblo de Israel hacia la tierra prometida debió ser rápido, pero llevó 40 años. Existe mucho desperdicio de días en nuestra vida espiritual, porque toda resistencia a Dios es tiempo perdido. No es por las obras si no por el creer, esta es la oportunidad de disfrutar cada día tu camino, en medio de una obra consumada.

Números 13:25 nos muestra que desde Cades los espías demoraron 40 días en ir, inspeccionar la tierra prometida y retornar, es decir, la tierra prometida estaba a menos de 40 días. Deuteronomio 1:2 nos muestra que, desde Horeb, que era como en Deuteronomio se le llamaba al Sinaí, eran 11 días hasta Cades y ya habían caminado 3 meses desde Egipto hasta el Sinaí. Números 14:34 nos muestra que fue determinado que caminarían los 40 años por no creer, por no confiar, ya habían caminado 2 y faltaban 38 más. Este viaje era solo para unas semanas, pero les tomó una vida entera, 40 años es la representación de una vida entera, de un ciclo, pero esto fue todo un proceso, ellos decayeron de la gracia. Voy a nombrar las razones por las que el pueblo cayó en la justicia propia, y porque lo que podían conseguir en pocos días demoró una vida entera.

  1. Tuvieron fastidio del pan

Números 11:4-6. Ellos estaban cansados de ese pan, querían algo más, estaban cansados del maná, querían otra cosa más. Analicemos Números 21:4-9, el pan era la representación de Cristo (Juan 6:51), por eso se muestra la serpiente de bronce (Juan 3:14-15). La revelación de ese maná, de ese pan, era Jesús, observemos las características de ese pan a través de Éxodo 16 que nos muestra a Cristo:

El maná explica quién es Jesús  

La palabra hebrea maná significa “¿qué es esto?” (v. 15), es la pregunta que hicieron los judíos al no poder explicar este nuevo alimento que Dios les había enviado. “Grande es el misterio de la piedad”, escribe Pablo en 1 Timoteo 3.16. “Dios fue manifestado en carne”. Considérese cómo el maná es un cuadro de Jesucristo:

  1. Su humildad. Era pequeño (v. 14), lo cual habla de su humildad; porque se hizo un bebé e incluso un siervo.
  2. Su naturaleza eterna. Era redondo (v. 14), lo cual nos recuerda el círculo, símbolo de su eternidad; porque Jesucristo es el Dios eterno (Juan 8.53–59).
  3. Su santidad. Era blanco (v. 31), recordatorio de su pureza y condición sin pecado; Él es el santo Hijo de Dios.
  4. Su dulzura. Era dulce (v. 31). “Gustad, y ved que es bueno Jehová” (Salmos 34.8). Nótese en Números 11.4–8 que la “gente extranjera” que iba con los judíos no apreciaron el sabor del maná y pidieron las “cebollas, puerros y ajos” de Egipto. Es lo mismo que pasa cuando dejamos que el mundo los que aún no tiene revelación de Cristo nos influyan para desviarnos de Cristo.
  5. Él nos alimenta. Era satisfactorio y fortalecedor, porque la nación vivió casi cuarenta años de maná. Todo lo que necesitamos para la nutrición espiritual es Jesucristo, el Pan enviado por Dios. Debemos darnos un festín con el Pan que nunca nos dejará con hambre
  6. Vino del cielo. No fue importado de Egipto, ni fabricado en el desierto; fue dado del cielo, como don de la gracia de Dios. Jesucristo vino del cielo (Juan 6.33-35) como el don del Padre para los pecadores hambrientos. Decir que Cristo es “apenas otro hombre” es negar la enseñanza de toda la Biblia de que Él es el Hijo de Dios enviado del cielo.
  7. Vino de noche. El pueblo lo recogía temprano cada mañana, porque el maná caía por la noche. Esto sugiere la oscuridad del pecado en este mundo cuando Jesús vino, porque vino para ser la Luz del mundo (Juan 8.12). Y es aún de noche en los corazones de todos los que le han rechazado (2 Corintios 4:1–4).
  8. Vino con el rocío (vv. 13–14) (véase Números 11:9). Esto es un tipo del Espíritu Santo porque cuando Jesús vino a la tierra, fue mediante el ministerio milagroso del Espíritu (Lucas 1.34–35). Si Jesús no hubiera nacido de una virgen, nunca se le hubiera podido llamar “el Santo”.
  9. Vino a un pueblo rebelde (vv. 1–3). ¡Qué memoria tan mala tenía Israel! Hacía apenas seis semanas que no eran esclavos de Egipto y ya se habían olvidado las muchas misericordias de Dios. Murmuraron contra Moisés y contra Dios (véase 15.22–27), en Mara y añoraban la dieta carnal de la vida vieja; sin embargo, Dios en su gracia y misericordia les suplió de pan.

Véase Romanos 5.6–8. Alguien ha calculado que la provisión de cuatro litros (un gomer) de maná para cada persona de los dos millones, diariamente hubiera necesitado cuatro trenes de carga cada uno con sesenta vagones. Cada día ¡Cuán generoso es Dios con nosotros!  ¡Salvación abundante!, provisión abundante de su gracia.

El maná muestra lo que debemos hacer con Jesucristo

  1. Debemos sentir la necesidad. Hay un hambre espiritual interna que sólo Jesucristo puede saciar (Jn 6.35). Fue cuando el hijo pródigo dijo: “Perezco de hambre”, que decidió regresar al padre y buscar perdón (Lc 15.17–18). Mucha de la intranquilidad y pecado en el mundo de hoy es el resultado de hambre espiritual insatisfecha. La gente vive con sustitutos y rechaza el alimento que Dios provee con liberalidad (Is 55.1–3).
  2. Debemos agacharnos. El maná no cayó en las mesas ni en los árboles, sino en el suelo y la gente tenía que agacharse para recogerlo. Muchos pecadores no quieren humillarse. ¡No se agacharán! ¡No se arrepentirán ni volverán al Salvador!
  3. Cada uno debe recoger. Los judíos no se llenaban sólo con ver el maná, ni admirarlo ni ver a otros comerlo; tenían ellos mismos que recogerlo y comerlo. Cristo debe recibirse internamente por fe si el pecador ha de ser salvo. Esto es lo que Cristo quiso expresar en Juan 6.51–58 al decir “comer su carne y beber su sangre”. Juan 6.63 aclara que Cristo no hablaba de su carne ni de sangre literal y Juan 6.68 nos dice que se refería a su Palabra. Cuando recibimos en nuestro ser su Palabra, nos alimentamos de Cristo, la Palabra viva.
  4. Debemos hacerlo temprano (v. 21). El maná desaparecía cuando el sol calentaba y esto sugiere que el día del juicio llegará cuando será demasiado tarde para volverse a Cristo (Mal 4). Esto nos debe llevar a entender que si no predicamos y cumplimos nuestro ministerio el de la reconciliación muchos no podrán venir a Cristo.
  5. Debemos continuar alimentándonos en Él. Una vez que recibimos a Cristo como Salvador, somos salvos para siempre (Jn 10.27–29).

El Señor dijo “Bástate mi gracia”, cuando Cristo no es suficiente en tu vida, entonces se manifiesta la razón para decaer de su gracia, una razón para no disfrutar de su favor, lo que puedes ver en pocos días, ahora tardas una vida entera en ver. Has de tus días, días de vivir con gratitud, con alegría, que Cristo sea la razón de todo en ti.

La revelación de Cristo es aquello que debemos pedir todos los días, esta es la base de nuestra victoria, de nuestra fe. Observen lo que dice el Señor a su iglesia en apocalipsis 2:2-5, todo lo que hiciste fue porque estabas aferrado a Cristo, eso produjo en ti sacrificio, paciencia, trabajo arduo, por amor a su nombre, es decir, tu primer amor es Cristo, esa fue la primera revelación que te llevó a creer, a ser salvo. “En esto consiste el amor, en que Él nos amó primero”, pero al dejar tu primer amor, es decir, al dejar la revelación de Cristo en ti, dejas las primeras obras que son: paciencia, sacrificio, trabajo arduo, ¿Dónde caíste? ¿Cuál ha sido la razón por la que Cristo dejó de ser el centro de tu vida? ¿Desde cuándo es que otras cosas son más importantes? ¿Desde cuándo Cristo ya no es tu alegría, tu seguridad? otras son las razones de tu felicidad, de tu estabilidad.

Ese mismo sentir es la razón del deterioro de muchos matrimonios, cuando la persona con quien te casaste deja de ser el centro, deja de ser tu alegría y la reemplazas o lo reemplazas por lo que recibes, entonces es el inicio del fin. No estoy justificando la falta de detalles que se pierden en medio de la relación o de la falta de respeto, hablo de que inicialmente aquello que era tu alegría era estar con él o ella, eras feliz con o sin presentes, tu alegría era simplemente él o ella.

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