//Pr. Luis A. Núñez\\

Los judíos comenzaron una tradición no bíblica de cubrirse la cabeza para orar, esto se supone que inicia a propósito de algunas partes en la Biblia que hablan de la manifestación de la gloria de Dios. El rostro de Moisés resplandecía cada vez que estaba delante de la presencia de Dios y a pedido del pueblo él se cubría, lo cierto es que esta tradición se acentuó y expresa el temor delante de Dios, el temor de ver su gloria y morir.  Tenemos partes en la Biblia donde se manifiesta que el que vería su rostro moriría (Éxodo 33:20)

Leamos además 2 Reyes 2:9-10:

Elías es el tipo de Cristo y Eliseo es el tipo de la iglesia. Elías le dijo a su discípulo: “Si contemplas cuando me fuere…” y el contemplar ese momento glorioso le dio una mayor expresión del poder y unción de Elías. Eliseo fue transformado de un seguidor fiel, a un hombre con la expresión del poder de unción.

Pablo dice en 2 Corintios 3:18:

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”

La gloria de Dios ya se manifiesta en tu vida, eres un seguidor fiel, pero vas a ser llevado a un nivel superior, el de expresar su poder y su unción, esto viene por el contemplar su gloria. Pablo compara aquí las dos glorias, la gloria de la ley y la gloria de la justicia y dice que esta última es mayor, si contemplas esta gloria, si crees en la justicia de Dios en la cruz, en la bondad, en la gracia, serás llevado a expresar su poder y su unción.

Quien cree en la justicia total, quien cree en su gracia, caminará de victoria en victoria. Ojo, no es licencia para una vida pecaminosa, es licencia para ejercer su poder en fe.

El contemplar esta gloria, esta gracia en Cristo, nos lleva a ser portadores de su Palabra, a ser predicadores del evangelio, veamos: La carta a los Efesios fue escrita a la iglesia en Efeso, esta estaba en una de las ciudades más importantes del imperio romano, hoy está en la actual Turquía, la iglesia estaba en medio de una sociedad creciente, con los adelantos tecnológicos más grandes de su época, era una sociedad muy parecida a la nuestra.  

Efesios 1,2,3

Esta carta fue escrita a la iglesia de Efeso, en el año 60 al 61 d.C. Era una de las ciudades más importantes en el tiempo de los romanos.

En el Capítulo 1

En Efesios 1: 1-6, el Señor expresa lo siguiente: que Él nos predestinó para que seamos santos y sin mancha delante de Él, así como nos predestinó para ser adoptados en Jesucristo. Si observamos de manera muy ligera este asunto, podemos entender, como muchos, que solo unos cuantos fueron destinados para experimentar esta gloria y esto entonces define a algunos como condenados a ser derrotados.  Porque quién podría ser presentado sin mancha delante de Él por sus actos, por sus obras ¡Ninguno! La Biblia dice: “Por cuanto todos pecaron, todos están destituidos de su gloria” (Romanos 3:23) Aquí otros versos: Romanos 5:18, Romanos 3:10-13.

Pero la Biblia nos expresa que la predestinación no es con personas, si no a la condición de las personas, observa el versículo 4 y 5, nos predestinó para que fuésemos santos y sin mancha, para que fuésemos adoptados (Explicar la adopción “huiodesia”). Es decir, la determinación celestial, universal y eterna, fue una manera por la cual seremos presentados sin mancha y que llegaremos a ser “huodesias”, ser vencedores, en su amor Él determinó que seamos vencedores.

En el verso 7 sella esta verdad diciendo que en Él tenemos salvación y perdón por su sangre ¡Aleluya! es decir, ya fue determinado por Dios que seas acepto y vencedor delante de Él, todo por su gracia, por la riqueza de su gracia ¡Aleluya! Y que ahora por haber oído la Palabra y creído en el evangelio fuiste sellado con el Espíritu Santo, que es nuestra garantía.

En el verso 13 y 14 dice que la garantía de esta verdad, de esta herencia es el Espíritu Santo.

En el verso 15 y 16 hasta el 22, Pablo dice que por esta causa ora, para que tengan revelación de esta verdad, del poder de Dios de Cristo, ante todo principado y potestad, revelación de esta determinación que trasciende en el tiempo.

En el capítulo 2

Nos muestra cómo nos dio vida estando muertos y que somos salvos por gracia y no por obras. Nos muestra, nos recuerda quiénes éramos, nos dice que vivíamos conforme a nuestra carne, conforme al principie de desobediencia. Enfatiza la gracia de la salvación no por obras si no por fe (Efesios 2:8-9), más adelante dice que por esa salvación hizo que tanto gentiles como judíos sean un solo pueblo.

En el capítulo 3

 Pablo dice que por esta causa él fue llamado a predicar el evangelio (1 al 11, desde el verso 1b, hasta el 8ª, se presenta Pablo) y dice “por esta causa soy ministro y predicador del evangelio. Su predicación es la respuesta del reconocimiento del amor de Dios, es decir, el reconocimiento de su amor produce una respuesta de su amor.

Lucas 7:41-43 dice: “Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro, cincuenta. No teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos lo amará más? Respondiendo Simón, dijo: —Pienso que aquel a quien perdonó más. Él le dijo: —Rectamente has juzgado”

Nos muestra que el amor es la respuesta al amor. En la historia de la mujer pecadora, en el verso 14 del capítulo 3 dice nuevamente “por esta causa oro”. El motivo de la oración de Pablo es descrita en Efesios 3:14-19:

Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios”

Es eso lo que debemos contemplar, esa es la gloria de Dios que debemos contemplar con el rostro descubierto, sin condenación, confiadamente en su obra redentora, su justicia, su predestinación en relación a tu victoria. Él te ve así, eres acepto por el amado, solo te compete creer y cambiar este mundo con su poder, con su propósito, eso es lo que te lleva de ser un fiel seguidor, a ser un representante de su carácter, a ser la manifestación de su poder y amor.

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