/Pr. Luis A. Nuñez\\

Tres-Grandes-RevelacionesLa revelación del fundamento de la iglesia y de nosotros en ella, primero quiero hablar de la revelación del fundamento de la iglesia, veamos lo que dice el Señor en Mateo 16:16-18:Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”.

 En el original griego de este texto se están usando dos palabras distintas: “petra” y “petros”.  Petra es definido y traducido como “roca” y petros como “piedra”, todavía veremos más adelante que existe otra palabra griega para piedra que es el “lithos” que son las piedras que se extraen del suelo, pero notemos algo importante en estos términos, el petros era un pedazo del petra, es decir se usaba para definir piedras que eran extraídas de la roca, otra cosa importante es que ambos, petra y petros tienen una misma naturaleza.

Aquella revelación que Dios le dio a Pedro, es decir “Tu eres el Cristo, el hijo del Dios viviente”, viene a ser la “roca” de la que habla el Señor Jesús, es decir, si vemos el fundamento como el inicio de un edificio, el fundamento también  es la base de sostén, de sustento del edificio.

La iglesia comienza con la manifestación del Cristo

En la porción bíblica leída anteriormente es la primera vez en el Nuevo Testamento que se menciona la palabra iglesia y el significado es “congregación”, es decir una reunión de personas con un carácter especial. Él vino como el Cristo, como el ungido, como el único para salvarnos, esa  es la revelación que tuvo Pedro de parte de Dios, de tal manera que cuando Pedro está ante el concilio, delante de los sacerdotes y estaba siendo acusado por predicar a Cristo, convertir a 5000 personas y sanar a un hombre lisiado, en el interrogatorio Pedro dice: “Sea notorio a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra rechazada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:10-12). La salvación era la manifestación, el cumplimiento del propósito del Señor Jesús, Él fue elegido para eso, para ser el Cristo.

En los versículos leídos al inicio, el Señor se dirige a Simón, hijo de Jonás, que por cierto es el nombre que lo identifica a su vieja naturaleza y lo declara como una nueva criatura “tú eres pedro”,  aquella declaración de Pedro a Jesús como el Cristo determinó su transformación a una nueva naturaleza, ese es el resultado de la salvación, El Señor Jesús le dice: “ahora que tú has confesado esta verdad, esta revelación sobrenatural, que viene de mi Padre, yo declaro que tienes una nueva naturaleza, ahora eres Pedro (petros) y sobre esta roca (Petra), la revelación de Cristo, edificaré mi iglesia”. ¡Aleluya!.

Todo aquel que confiesa y cree esta verdad tiene a Cristo y pasa a tener la naturaleza de Cristo, del Petra, la iglesia comienza con Cristo y el petros (un pedazo de la petra) son todos aquellos que confiesan esa verdad, es decir la iglesia se conforma de los petros y esta iglesia está fundamentada sobre el petra, sobre Cristo como salvador, es sustentada por esta verdad, eso es lo que predicamos, eso es lo que nos hace iglesia, no hay otro fundamento, solo Cristo (1 Corintios 3:11).

La iglesia no es el local donde nos reunimos, la iglesia no es un grupo de personas que se cambiaron de religión o que profesan una, no es un movimiento ideológico, la iglesia está conformada por personas que creyeron en Cristo, en su salvación y en su perdón, esa es la verdad que nos sustenta y nos hace uno (Colosenses 3:11, Gálatas 3:28-29).

Lo que nos une es la salvación de Cristo, quien nos dio su naturaleza, haciéndonos hijos, ya no hay distinciones de color, clase social, procedencia, ni sexo, si no que estamos edificados y unidos en Cristo; por eso también la iglesia es definida como el cuerpo de Cristo, todo el cuerpo tiene la misma naturaleza, el mismo ADN, Cristo es la cabeza y nosotros, la iglesia, somos el cuerpo, el petra y los petros.

¿Por qué es importante hablar de esto? Porque necesitamos tener revelación de este asunto, de quienes somos por causa de Cristo, somos uno en El, cimentados en Él, unidos por Él; no somos un club de simpatizantes, no somos una religión ¡Somos el cuerpo de Cristo!

Cristo es el fundamento que nos sustenta

Vimos que el fundamento es el inicio de la edificación, mas también es el sustento, la base que trae resistencia, en ella está descansando toda la edificación, el fundamento sustenta y da equilibrio. Esta revelación de Cristo ya se dio en el Antiguo Testamento, el Antiguo Testamento es figura y sombra de lo que sucedería en el Nuevo Testamento, sabemos que en medio del desierto Dios proveyó agua de la roca a su pueblo y no solo eso, esa agua fue el sustento durante su caminar, veamos 1 Corintios 10:1-4. Que tremendo lo que está diciendo, aquella Roca sobre la cual estamos fundamentados seria nuestro sustento continuo, nuestra provisión de vida. En la Biblia aguas fluyendo es una expresión de vida y el mismo Señor lo corrobora en Juan 4:7-14. ¿Comprendes? Cuando el Señor dice “sobre esta roca edificare mi iglesia” nos está mostrando que esa roca nos sustentaría con la vida, con el Zoe de Dios, porque Él es la vida, por eso en el Antiguo Testamento esa roca era quien les proveía del agua necesaria para vivir, ahora estamos edificados en esa roca, Cristo es nuestra fuente de vida.

Esta revelación traerá necesidad de vida de la iglesia en ti, no la abandonarás fácilmente, porque la iglesia es la propia expresión de Cristo, veamos:

Hechos 8:3: “Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel”.

En el día que Pablo vio al Señor camino a Damasco Jesús le dijo: “Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón” (Hechos 9:3-5)

Pablo no estaba literalmente persiguiendo a Jesús, pero era la realidad espiritual era distinta, pues tocar a la iglesia era tocar al propio Cristo, fuimos unidos a Cristo de una manera orgánica, la iglesia se tornó parte de la propia divinidad; así como nuestro cuerpo es nuestra expresión, la iglesia es la expresión del propio Cristo sobre la tierra.

Vamos a hacer una alianza, vamos a pedir a Dios revelación de Cristo como cabeza del cuerpo que es la iglesia, a amarla a la iglesia y a comprometernos con ella y a amar el propósito que Dios tiene, la extensión de su Reino.

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