//Pr. Luis A. Nuñez\\

Mateo 16:13-18

Esta es una historia maravillosa donde vemos grandes revelaciones:

  1. La revelación de Cristo

“El Cristo, el hijo del Dios viviente” este fue el reconocimiento de que Jesús es el ungido, el separado, el único para esta obra de salvación, no era un ángel, Él es el Mesías , no era un simple hombre inteligente, no era una invención humana, ¡Es el Hijo del Dios viviente!.

En primer lugar debemos ver que esta revelación se lo da Dios mismo,  lo que nos invita a buscar una revelación continua que proceda de Dios, antes que de nuestra lógica o simplemente de la búsqueda de conocimiento mental, debemos estar plenamente convencidos de la necesidad de  la revelación. Revelación no es una cosa nueva, revelación es que la verdad se torne viva en nosotros y esta es una obra sobrenatural. Cuando esto ocurre la palabra nos transforma, se hace viva en nosotros y eso nos trae alegría y paz, que no es sino la expresión de Jesús, es decir “bienaventurado”, doblemente feliz. ¿Por qué? Porque esa revelación sustenta su fe, su paz y seguridad.  En 1 Pedro 4:12-18, se nos muestra que la revelación de su Gloria, nos producirá gozo en medio de las aflicciones, por causa de Cristo. Por eso debemos pedir esto cada día, la revelación de Cristo en nosotros; esa era exactamente la oración de Pablo, que la iglesia tuviera revelación (Efesios 1:16-23).

Lo que apóstol está diciendo es que necesitamos revelación, revelación que viene de Dios para entender realmente la grandeza y el poder que operó en Cristo, para entender la autoridad que tienes y que se la dio a la iglesia. Necesitamos pedir a Dios revelación de su palabra, revelación de Cristo en nosotros, sin esa revelación podemos ser solo acumuladores de conocimiento, sin vida.

En segundo lugar, el reconocimiento y revelación de esta verdad, fue el sustento de fe de Pedro y de los apóstoles, porque cuando Jesús pregunta quién lo quiere dejar, porque muchos ya habían abandonado su fe por no entender lo que decía acerca de comer su carne y beber su sangre, perciban que Pedro responde lo mismo que vimos en el libro de Mateo “¿A quién iremos, si tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente? (Juan 6:66). Esta revelación por tanto fue la base de su fe, de su perseverancia de su firmeza.  Por tanto necesitamos tener revelación de Cristo para estar afirmados en nuestra fe. De lo que Él es y lo que hace. Pero puedes argumentar ¡Pastor, Pedro no estuvo tan firme, él cayo y negó al Señor! Sí, pero quiero que veas que su caída no es señal que no tuvo revelación, sino más bien es la muestra de que muchas veces dejamos que las circunstancias destruyan nuestra fe. Pedro se dejó llevar por el miedo, imagino que cuando veía que lo golpeaban, que le ponían un saco en la cabeza y le decían “adivina ¿Quién te golpeó?” él se preguntaba “un momento ¿Por qué no hace nada si Él es el Mesías?” imagino que el diablo le susurro en la mente “Cómo va a ser el Mesías, si no puede salvarse a sí mismo” entonces su fe se declinó. Recordemos que un poco antes de este acontecimiento Jesús le dijo lo que estaba pasando, veamos Lucas 22:31-34. Le dijo que iba a ser zarandeado, pero que su clamor era que su fe no se quiebre, no se acabe (significado en el griego), pero Pedro dejó que eso aconteciera por las circunstancias. El Señor proveyó el canto de un gallo para despertarlo, para hacerlo volverlo en sí, para recordarle que Él era el Cristo, por eso Pedro lloró amargamente, porque sabiendo, conociendo, teniendo entendimiento de quien era Él, en un momento dudo, se tambaleo. ¿Cuántas veces ya te ha pasado lo mismo? después de todo lo que sabías y entendías acerca de Él, dudaste. Pero el Señor es tan bueno que ahora quiere revelarse en su amor; Pedro estuvo acusado, le faltó revelación de su amor. Yo creo que Pedro pasó los siguientes días como los más terribles de su vida, recordando la mirada de Jesús, atormentado y acusado por haber fallado. Jesús había muerto y había sido sepultado. La Biblia nos cuenta que las mujeres fueron a visitar su tumba como era la costumbre y la encontraron vacía, recibiendo la noticia de su resurrección a través de dos ángeles y cuando llevaron la buena noticia a los discípulos escuchando Pedro Salió corriendo a comprobar si era cierto (Lucas 24:1-12). Siempre me pregunte porqué Pedro salió corriendo; este hombre ofuscado, triste, acusado, salió corriendo por un detalle que vemos en la Palabra:

“Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. 2Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. 3Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? 4Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. 5Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. 6Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. 7Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo” (Marcos 16:1-7).

¿Pedro no era discípulo? ¡Claro que lo era! entonces porqué dijo “Dile a los discípulos  y a Pedro”, es que Pedro había sido perdonado. Pedro dijo ¿A mi quiere verme? ¡Si a ti! entonces salió corriendo para comprobar lo que escuchó, no podía creer que después de todo lo que hizo lo quería ver, contaba con él, fue perdonado, ¡Gloria a Dios!, no hay nada que no pueda ser perdonado, porque Él es Amor. Ahora si Pedro había recibido una revelación del amor manifiesto de Dios, en su perdón. Muchos necesitan tener esa revelación, la de su perdón, de su amor. Muchos saben que Él los perdonó, pero no tienen revelación de lo que es su perdón, de saber que es un nuevo comienzo, continúan en la acusación y en la condenación, que es lo que los hace decaer de la gracia,  esa revelación produjo una vez más en Pedro alegría, gozo y bienventuranza.

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