Olvidando-Lo-Que-Quedó-Atrás

//Pr. Eliud Cervantes\\

«Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino;» Génesis 14:18
«Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.» Hebreos 7:1-3

¿Quién era este hombre? No lo sabemos exactamente, los teólogos dicen que lo más probable es que sea el propio Jesús. Pero aquí hay un hecho real: él era rey y sacerdote. Su persona y su ministerio revelan el verdadero propósito de Dios para el hombre. Este ser aparece desde el comienzo para revelar la posición al cual Dios desea llevar a todo hombre redimido.
En realidad, Dios reveló este propósito desde el mismo momento en que el hombre fue creado.

«Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.» Génesis 1:26

Después vemos Dios revelando de manera más clara a la nación de Israel. Después de sacarlos de la esclavitud de Egipto con señales y prodigios, Dios les manifestó lo que deseaba realizar con ellos. En el monte Sinaí, al establecer con Israel su pacto, Él les dijo:

«Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Éstas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. (Éxodo 19:6)

La verdad es que Israel como nación nunca entró en el cumplimiento de este plan divino. Dios quería que el pueblo de Israel como un todo se pueda acercar a su presencia, y se torne en un reino de sacerdotes. Sin embargo, durante toda sus historia, los israelitas hicieron todo lo contrario: Se alejaron de Dios, de su presencia y de sus propósitos.
Pero Dios no se olvidó de su plan. Por eso tres veces en el Nuevo Testamento, el mismo llamado que los hijos de Israel recibieron en el monte Sinaí es dado a los participantes del Nuevo Pacto.

«Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;» 1 Pedro 2:9
«…Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.» Apocalipsis 1:5-6
«…y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.» Apocalipsis5:9-10

¿Qué significa este propósito? ¿Nosotros sabemos para qué Dios nos ha llamado? ¿El plan de Dios esta cumpliéndose en nuestras vidas? Estas son preguntas que todo hijo de Dios, independiente de su posición en la Iglesia, debe responder.
El problema es que cuando oímos de reyes y sacerdotes, la tendencia es ignorar el sacerdocio y pensamos solo en el rey. Es fácil pensar en lo que es un rey, además que el hombre ya posee ese deseo innato de gobernar. Toda la historia muestra la lucha entre los hombres por alcanzar la posición de predominio sobre los demás.
Lo cierto es que Dios creo al hombre para gobernar (Gn 1:26). Al hacer eso, Dios estaba compartiendo su autoridad con el hombre, para poder mantener comunión con él. Fue por eso que Dios creo al hombre, El quería tener comunión con alguien.

Sin embargo, el deseo del hombre carnal y caído, que aún no ha sido transformado, de querer dominar, es lo que más frustra e impide la realización de los propósitos de Dios. En lugar de gobernar debajo de Dios, hacer su voluntad y participar de su plan en esta tierra, el hombre quiere dominar para ser independiente, dueño de sí mismo, ejerciendo su propia autoridad para hacer su propia voluntad.

Esto no es parte del plan de Dios para tu vida, y eso no es traer el reino de Dios. Ese deseo carnal y rebelde de gobernar independientemente de Dios es lo que impide la implantación del reino de Dios en la tierra y hasta en el pueblo de Dios, y de esta forma nunca experimentaremos a plenitud lo que Dios tiene para nuestras vidas.

El pueblo de Israel muestra justamente eso. Ellos fueron llamados para ser una nación de sacerdotes y reyes delante de Dios, pero llegaron al punto de pedir un rey (1Sm 8:5), y delante de eso Dios dijo que la nación lo había rechazado, ellos no entendieron el propósito de Dios de hacer de ellos un reino de sacerdotes, ellos querían ser como las otras naciones, cada cual con su rey.

¿Que implicaba esto? La formación de un reino humano, independiente del control de Dios. Pero el plan de Dios nunca fue ese. Pero ahora en el Nuevo Pacto de Jesucristo, encontramos una situación idéntica. Aún somos llamados a ser un reino sacerdotal. Sin embargo, la gran mayoría de los cristianos continúa perdiendo el sentido de ese propósito.
Rey y sacerdote

La Biblia dice que Melquisedec era un rey y un sacerdote. Desde el inicio de la formación de las sociedades humanas, los cargos más importantes eran ser rey y sacerdote. La clase de los sacerdotes, en todas las civilizaciones primitivas, junto con la línea real, era la clase más privilegia y poderosa de la sociedad.
Dios quería un reino de sacerdotes, sin embargo, desde el inicio con su nación, Él separo definitivamente estos dos oficios del rey y sacerdote. Los Reyes venían de la tribu de Judá y el Sacerdote de la tribu de Levi. Por tanto en el Antiguo Pacto, el rey no podía ser sacerdote. Saúl perdió su reino porque desobedeció esta orden (1Sm 13:11-14). Más tarde el rey Uzias, fue herido de lepra por el Señor por ejercer el ministerio sacerdotal (2Cr 26:16-21).
Pero Cristo vino a establecer su reino en esta tierra. El vino a tornarse rey, y ese reino es establecido a través del sacerdocio, pero no a través del sacerdocio levítico, el reino de Cristo es establecido a través del sacerdocio de Melquisedec. ¿Qué significa eso? Que es un Sacerdote y al mismo tiempo es rey. Cristo fue un sacerdote según la orden de Melquisedec. Esta es la posición también que Dios desea para todo hombre y mujer. Este ed el propósito eterno de Dios para el hombre.

¿Qué es un sacerdote?
¿Como puedo ser? La respuesta no es sólo aquello que el hace, sino lo que él es. Un sacerdote es una persona que ocupa una posición delante de Dios, alguien que goza de una comunión íntima con Dios, porque finalmente Dios nos creó para eso, para tener comunión con Él. Hasta hoy Dios está buscando sus adoradores (Jn 4), aquellos que entran en su santuario para tener comunión íntima con Él y ministrar.

Un sacerdote también es una persona que ministra al pueblo el favor de Dios. El lleva la presencia de Dios al pueblo, por eso somos la luz en este mundo. Y lleva al pueblo a la presencia de Dios. Por eso Dios nos dio el ministerio de la reconciliación. Él es un ministro y representante de Dios.

Cristo nuestro modelo Sacerdotal

El escritor de los Hebreos expresó el espíritu de Jesús en el sacerdocio:

«Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo.
Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, Como en el rollo del libro está escrito de mí.» Hebreos 10:5, 7

En Fil 2:6-8, vemos que Jesús no vino con el espíritu dominador, de exaltarse, o de tornarse un gran rey, El vino a ser u siervo, en sujeción a la voluntad del Padre. La preocupación de Él fue estar constantemente en la presencia de Dios ministrando. De igual manera es con cada uno de nosotros. Como nación sacerdotal esa es nuestra labor, fuimos creados para eso: para tener comunión con nuestro creador.
Si tú has sido redimido por la sangre del Cordero, que en este nuevo año puedas agarrarte de esta verdad y entrar en la intimidad, en el Lugar Santísimo a disfrutar para aquello que fuiste creado.

«Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,» Hebreos 10:19-21

La verdad es que todos los otros ministerios van a operar con mayor fuerza a medida que ejerzamos nuestro ministerio sacerdotal. Todos los otros ministerios van a pasar, pero el ser sacerdotes es un llamado eterno.

Que vengas días donde podamos ejercer dominio y gobierno en todas las áreas de nuestra vida: familiar, ministerial, trabajo, etc.; pero que esto sea resultado de nuestra vida sacerdotal. Dios tiene grandes cosas para cada uno de nosotros.

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