//Pr. Eliud Cervantes\\

Me gustaría compartir con relación a la victoria sobre el desánimo y el cansancio. Uno de los desafíos que tendremos que vencer en nuestra vida es el desánimo. Cuando hablo de desánimo, me refiero a aquella sensación de rendirse y que quita todo el placer de la vida. Las cosas continúan sucediendo a tu alrededor, pero tú simplemente te tornas indiferente a todo.

El desánimo viene cuando las batallas se tornan más largas de lo que esperabas. Las dificultades parecen demasiados grandes. Tú te has esforzado, pero parece que nada sucede. Has creído por un hijo años y aún no estás embarazada, has luchado por tu matrimonio y las cosas parecen las mismas.

Estas esperando por aquel ascenso, aprobar en el concurso, has creído por la liberación de algún vicio o has luchado con una enfermedad. Hay otros que están esperando por un matrimonio y muchos están cansados por tanta espera. Has sufrido por la fatiga de la batalla y el resultado ha sido desánimo y cansancio del alma.

Pablo dice que no nos cansemos de hacer el bien porque a su tiempo cosecharemos.

No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” Galatas 6:9

Tú has hecho las cosas correctas, pero no has vistos los resultados esperados. Parece que todo lo que hacemos no hace ninguna diferencia; pero el Señor nos dice: “¡No te canses! ¡Tú vas a cosechar!” Yo quiero animarte hoy, tú tiempo de cosecha está llegando.

No dejes que el desánimo te lleve a desistir. No permitas que pensamientos negativos te saquen de tu posición. Hay algunos que dicen: “¡Ya me cansé de esperar por ese milagro! Estoy muy desanimado para buscar esa bendición después de todo este tiempo.”

Si permites que esos pensamientos llenen tu mente, te tornarás más desanimado, cansado, y sin coraje. El desánimo no viene automáticamente, sino que entra cuando abrimos nuestra mente a eso.

Eso es lo que David estaba enfrentando en 1 Samuel 30. Él estaba haciendo las cosas bien, pero el resultado malo vino sobre él de repente. El profeta Samuel lo había ungido para ser rey cuando él tenía en torno a 17 años. Cerca de trece años habían pasado y David aún estaba deambulando en el desierto sin destino seguro.

Un día, David y los 600 hombres que lo seguían volvieron de una batalla y encontraron su ciudad destruida, todos sus bienes habían sido quemados o robados y sus esposas e hijos llevados por el enemigo. Este ciertamente era el momento más triste en la vida de David.

1 Samuel 30:1-8

David aun no era rey y, aunque Dios le había prometido, a través del profeta Samuel, que algún día seria rey, las circunstancias estaban haciendo parecer que esa promesa nunca sucedería. El profeta Samuel había muerto y Saúl aún era el rey. Confundido por el miedo y la envidia, Saúl persiguió a David por años continuos.

Los capítulos anteriores muestran a David huyendo y escondiéndose junto con los 600 hombres que se unieron a él. David organizó ese grupo de desajustados en una fuerza llamada “Valiente de David”.

El estrés y la presión de todo eso llevaron a David al fondo del pozo. Desesperado, dejó a Israel y fue a buscar abrigo entre los filisteos – increíble. ¡Fue cuando la crisis le golpeó! David decidió volver a Siclag, donde había dejado a su familia y a las familias de sus hombres. Cuando llegaron, encontraron la ciudad destruida y sus esposas e hijos llevados por el enemigo.

Lo que produce el desánimo

En los versos 4 al 6, vemos el tipo de actitud que produce desánimo y desaliento. Podemos tres actitudes:

  1. Reacción de desesperación (30:4)

Esta es probablemente la respuesta más común en la crisis. David y sus hombres lloraron hasta no tener más fuerzas para llorar. Es absolutamente normal llorar, más aun en situaciones como esas, pero no podemos dejarnos sobrecargar por la desesperación. Eso drena toda nuestra energía. Si alimentamos la desesperación, se puede tornar auto-piedad, entonces el desaliento embargará nuestro corazón.

  1. Buscar alguien a quien culpar (30:6)

Todo es culpa de David. Él es líder. Él debería planificado mejor sus acciones. Después que el hombre pecó, la primera cosa que hizo fue buscar un culpable. Adán dijo: “la mujer que me diste…” Si Dios dio a la mujer, entonces Él es el culpable. Cuando entramos en ese juego, al final culpamos al mismo Dios.

  1. Llenarse de rabia y amargura (30:6)

Toda amargura al final es contra Dios. Pensamos que no merecemos sufrir porque somos buenos, entonces Dios es injusto en permitir nuestro sufrimiento.

Más que todos, David podría llenarse de amargura contra Dios, pero él no actuó así. Por muchos años, sus hermanos lo miraron con desprecio.

Él podría haberse llenado de tristeza y rencor; pero en lugar de eso, él fue a cuidar de las ovejas de su padre. Él cultivaba una actitud de fe y alabanza en lugar de amargura y resentimiento.

Muchas veces él tocó él harpa para que Saúl se sienta aliviado de la opresión maligna, pero como pago, Saúl intentó matarlo con su lanza varias veces. Él podría haberse sentido frustrado, él estaba haciendo el bien, pero a cambio recibió mal. Él podría fácilmente quedarse desalentado y desanimado, pero continuó apenas alabando al Señor. Cuando estamos todo el tiempo pensado en cuán injusta es una situación, perdemos nuestra fuerza y nos desanimamos.

Yo no estoy diciendo que nunca te vayas a desanimar. El desánimo vendrá muchas veces en la vida, apenas no permitas que esto gobierne tu corazón. No permitas que la fatiga de la batalla te aparte de la victoria. No pares de soñar, tú estás más cerca de la bendición de lo que imaginas.

Fortalécete en el Señor

David estaba deprimido y desalentado. Pienso que él estaba intentando decir el Señor: “¡Llegue al límite! ¡Estoy cansado! Yo he hecho lo bueno por muchos años y nada sucede.” Él podría haber desistido y sería el fin de la historia y nunca habría llegado al trono.
Sin embargo, en lugar de desistir, la escritura dice que él se fortaleció en Jehová. Él se levantó en fe mientras los demás reclamaban y se llenaban de amargura. Él se llenó con la fuerza del Señor.

Abre tu boca hoy y confiese que mayor es aquel que está en ti que aquel que está en el mundo. Declara que eres fuerte en el Señor. Tú eres ungido y fuiste capacitado de forma sobrenatural para pelear la batalla de la fe.

Cuando hablas de manera correcta contigo mismo, el coraje se levanta, la visión es ampliada y el ánimo es recobrado.

Vístete con las vestiduras de justicia

La segunda cosa que David hizo fue que le traigan el Efod Sacerdotal, lo cual era una pieza de la ropa del sacerdote. Era una túnica hecha de lino. El lino fino es un símbolo de la justicia de Cristo. Hoy, nosotros somos los sacerdotes reales y estamos vestidos con las vestiduras de justicia.

Cuando rechazamos toda justicia propia y nos vestimos con la justicia de Cristo por la fe, podemos vencer toda oposición del diablo.

Cuando abrimos nuestra boca y confesamos que somos justicia de Dios en Cristo, somos habilitados para oír la dirección del Espíritu que nos conduce a la victoria.

Tu victoria está a la puerta

Como David puedes estar luchando hace mucho tiempo, y la tribulación te llevó al cansancio y aún profundo desaliento. Pero debes recordar que el propósito de Dios no cambió y su promesa se va cumplir en tu vida, como se cumplió en la vida de David.
David no sólo recobró el ánimo sino que persiguió al enemigo y trajo de regreso todo lo que le habían robado. Además de las familias, el trajo mucho botín; pero lo impresionante es que tres días después murió el rey Saúl en batalla, y algunos días después David fue levantado como rey de Israel. Eso fue aproximadamente 13 años después que fue ungido por Samuel.

Cuando David enfrentó su más grande lucha, él estaba lo más cerca de ver el cumplimiento de la promesa. Cuando todo se levante contra ti, debes saber que tu promesa está a las puertas. Permanezca firme, esta es la señal de que tu victoria está cerca.

Cuando enfrentamos una lucha por muchos años, es muy fácil desanimarse y cansarse de la vida. No te canses de hacer el bien, la correcto. Tu tiempo de cosecha está llegando. ¡No desfallezcas!

Durante aquellos trece años, David tuvo que luchar contra la fatiga, el cansancio y el desaliento. Esas cosas te van a presionar también muchas veces. En el día de la lucha, de la frustración y de estar perplejos, David lloró hasta no tener más fuerzas, pero él se levantó y se reanimó en el Señor. Haz ahora eso mismo. No desistas, la victoria está más cerca de lo que imaginas.

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