Amor que piensa

//Pr. Luis A. Núñez\\

“Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Corintios 13:3-7)

La preminencia del amor es la que nos permitirá tener una vida victoriosa en el matrimonio, en el hogar y en las relaciones interpersonales, pero el amor no es en realidad un sentimiento, escapa muchas veces a la lógica y es que es movido por algo mayor, yo creo que el verdadero amor es sobrenatural, porque viene de Dios, Él es la fuente, por eso la Biblia dice que “Dios es amor”. Uno de los componentes de ese amor es la renuncia.

La Renuncia

Esta quizás sea la parte más difícil porque tienen que ver con algo que va en dirección contraria a la justicia propia, es la renuncia a la vieja naturaleza y expresar nuestra nueva naturaleza. La renuncia es lo que menos queremos, pues por causa de nuestra carnalidad siempre queremos ganar, esto es una consecuencia del pecado del hombre.

Veamos lo que nos cuenta el libro de Génesis acerca de Adán y Eva, Dios le preguntó a Adán: “¿qué paso?” y Adán respondió: “la mujer que tú me diste”, es decir, no estuvo dispuesto a renunciar a su autopreservación por temor a las consecuencias, este sentimiento produjo en Adán niveles de egoísmo que observamos hoy en  algunos matrimonios; muchas parejas, no todas, pero casi todas, acuden a consejería aparentemente con el deseo de restaurar su hogar, pero en el fondo lo que desean es mostrar que la culpa la tiene la otra parte, “la mujer que tú me diste” o “es culpa del hombre que me diste”. Es muy bueno cuando tengo a la pareja delante mío y comienzan hablando, no del problema del otro, sino primero de su problema, eso demuestra muchas cosas, entre ellas, su necesidad de cambio personal y no solo el de su pareja ¡Es un buen comienzo!

La declaración ¡Quiero ser feliz! evidencia un deseo completamente normal, todos queremos ser felices, pero al volverse en un deseo egocéntrico, se convierte en la destrucción de muchos hogares. Es interesante como los enamorados se olvidan de todo a causa del amor, se olvidan que tienen hambre, que tiene frio, se olvidan de la hora y es que están en una fase en la que todo es por amor, renunciaron a ellos mismos y su comodidad por amor y quiero entonces recordarte que es justamente por ese amor que nos casamos, para hacer feliz a la persona con quien nos casamos. 

En realidad, no sé porque a esa primera etapa de relación se le llama de enamorados cuando “enamorados” deberíamos estar en toda la relación y aun en el matrimonio deberíamos referirnos a nuestra relación como enamorados. El Señor Jesús dice en Filipenses 2:6-8: 

“Él, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres. Mas aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte”

Renuncio a su condición de Dios por amor, para hacerse hombre y así abrir el camino para nuestra salvación y dice la Biblia también que Él nos pide que seamos sus seguidores, sus imitadores, esto significa que solo hay un camino para que los matrimonios puedan vencer ¡La renuncia! pero ¿Renuncia a qué? simplemente a la justicia propia y ¿Qué es la justicia propia?

Mira, la situación del ser humano en el Edén era como la de un niño de dos años de hoy: vivía feliz, disfrutando de su vida sin preocuparse ni de sí mismo, simplemente disfrutaba de lo que estaba a su disposición. La Palabra de Dios dice que en el jardín del Edén había dos tipos de árboles, agradables a la vista y buenos para el alimento (Génesis 2: 9). Está claro en el texto que el árbol del conocimiento del bien y del mal era agradable a la vista y estos estaban uno al lado del otro. El hombre se dejó llevar más por aquello que era agradable, de acuerdo a su punto de vista que, por la confianza en el carácter de Dios, así mismo es hoy, pues desde entonces el hombre se volvió en juez de todo, el ser humano ahora define lo que él cree que es bueno o malo, no es lo que Dios dice que es. Dios le había dicho “no comas de este árbol”, pero a los ojos del hombre ese árbol era más agradable y bueno para comer, entonces Satanás apeló a la duda sobre el carácter de Dios. La justicia propia es azuzada por el maligno en tu vida, cuando te muestra una imagen errada del carácter de Dios. Adán y Eva no confiaron en el carácter de Dios y comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal. La primera consecuencia de eso fue ver cosas que ellos no veían antes. Ese fue el momento en el que las cosas realmente los llevaron cuesta abajo.                La pregunta es ¿Por qué no fueron detrás de Dios, arrepentidos de lo que hicieron y le pidieron hacer ropa para ellos? Si ellos hubieran conocido a Dios sabrían que Él es misericordioso y listo para perdonar “Porque tu Señor eres bueno y perdonador y grande en misericordia para con los que te invocan” (Salmo 86:5). Teniendo ese entendimiento habrían buscado al Señor pidiendo perdón. Si hubieran hecho eso, ¿qué habría ocurrido? No sabemos, porque eso no sucedió. No tenemos como cambiar la historia ocurrida en el Edén, pero no necesitamos repetirla en nuestras propias vidas. Ya basta con lo que Adán y Eva se hicieron a ellos mismos y a su descendencia.                Hoy podemos vivir la vida que Dios vive, vestir la vestimenta que Dios tiene (La gracia de Cristo) y experimentar la libertad de caminar por el jardín, sin ningún problema de conciencia, pues en la cruz, la obra que Cristo hizo a nuestro favor fue completa, está consumada. Las consecuencias inmediatas de la justicia propia                Cuando oyeron la voz de Dios que andaba por el jardín, se escondieron de su presencia, tanto el hombre y su mujer, entre los árboles del jardín.  “Y llamó el Señor Dios al hombre y le preguntó: ¿Dónde estás? Él respondió: Oí tu voz en el jardín, y porque estaba desnudo, tuve miedo, y me escondí. Le preguntó Dios: ¿Quién te hizo saber que estabas desnudo? ¿Comiste del árbol que te he mandado que no comieras? Entonces, dijo el hombre: La mujer que me diste por esposa, ella me dio del árbol, y yo comí” (Génesis 3:8-12)                Tú sabes que la justicia propia anula la gracia de Dios. Vivimos en la justicia propia o en la gracia de Dios, la decisión por una de ellas anula la otra, es como luz y tinieblas. Entonces vamos a estar atentos a sus señales. a.      Mirándose a sí mismo                La primera señal de la manifestación de la justicia propia es mirarse a sí mismo. La Biblia no dice cuánto tiempo vivió el hombre en el Edén sin comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, pero en todo ese tiempo, tenga la duración que sea, el hombre nunca estuvo mirándose a sí mismo. Había muchas cosas para que él observe, para que él se alimente y para que sea edificado.                Todas las veces que estamos bajo la influencia de la justicia propia, el foco somos nosotros mismos. Olvidamos lo que sucede a nuestro alrededor y en lo que estamos involucrados y solo tenemos ojos para nosotros mismos. Ya sea para condenarnos o para hacernos autosuficientes. b.      Esconderse                La segunda manifestación de la justicia propia es esconderse. En el Edén, cuando Adán se enfocó en sí mismo, sucedió algo muy malo, no le gustó lo que vio. Percibió que estaba desnudo. Como ya hemos citado, desnudez en la Palabra de Dios apunta a muchas cosas, entre ellas, naturaleza de pecado. Adán se dio cuenta de que ya no era santo. Él vio que había una diferencia abismal entre él y el Señor, Dios era perfecto y él lleno de pecado. La justicia propia nos aleja de Dios, la gracia nos lanza en sus brazos. 

“Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar” (Juan 21:7)                 En esa situación, Pedro fue hacia Jesús, se lanzó para alcanzar a Jesús. Quien no confía en su gracia se esconde, huye, por el contrario, quien confía en su gracia corre hacia Él (La diferencia entre pedro y judas), porque sabe que su Dios es perdonador. c.       Miedo                La tercera señal de la manifestación de la justicia propia es el miedo. Adán tenía miedo de Dios. Él pensaba que el Señor le castigaría por estar desnudo, pero Dios siempre estuvo con él, siempre vio que estaba desnudo y nunca había hecho nada con él ¿Por qué lo haría ahora? Como ya dije, era un sentimiento ilógico. Adán no tuvo miedo por haber hecho lo que Dios le dijo que no hiciera, pero sí tuvo miedo al darse cuenta que estaba desnudo. Bajo la influencia de la justicia propia estoy enfocado en mí mismo, solo consigo verme. Este enfoque solo en mí, obstaculiza enormemente que vea las cosas como son en verdad.   Condenación                Vimos que hay tres consecuencias que se producen en nuestras vidas de la primera etapa de la justicia propia, todas ellas nos llevan a la condenación. No fue Dios quien condenó al hombre, sino fue su propia justicia la que lo hizo. Dios hasta entonces no había dicho nada. Todo esto sucedió solamente entre Adán y él mismo. De una hora a otra, de la nada, el trabajo perdió la gracia, la familia ahora era una enemiga y Dios pasó a ser un ser temido; a esto se llama condenación.                Cada vez que sentimos condenación ya sabemos quién está actuando. Si sientes condenación detente inmediatamente y expulsa ese sentimiento y salta al barco de la gracia de Dios, que la condenación se vaya inmediatamente. La gracia del Señor es el lugar de descanso, la condenación es el lugar del cansancio ¿Estás cansado? Es porque la justicia propia está dominando tu vida. Renuncia y salta a los brazos del Padre. Lo que Él tiene que ofrecerte es pura gracia, alégrate pues Él te ama.                La justicia propia te aleja del disfrute en tu familia, porque crees que mereces otra cosa. Muchos problemas en el hogar son el resultado de la justicia propia, porque quien solo se mira así mismo, también mira a los demás en sus errores.

Quien no está dispuesto a renunciar que no comience una relación y menos que se case. El matrimonio es el mejor lugar de formación de carácter, es uno de los mejores lugares para tornarse en vencedores. Veamos lo que dice Pablo:

“Tengo, pues, esto por bueno a causa de las dificultades del tiempo presente: que hará bien el hombre en quedarse como está ¿Estás ligado a mujer? No trates de soltarte. ¿Estás libre de mujer? No trates de casarte.Ahora bien, si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los que se casan tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar” (1 Corintios 7:25-28)

Percibe esto, dice: “tendrá aflicción de la carne”, no dice aflicción de espíritu. La palabra aflicción en el original es presión, es el acto de prensar, por eso dice “aflicción de la carne” ¿Por qué? porque en el matrimonio constantemente la carne será prensada. Mucha gente se pasa atendiendo esta aflicción, esta presión, tomando como meta la lucha por cambiar y cambiarlo o cambiarla, olvidándose de agradar al Señor. Es como si su enfoque fuera solo su vida conyugal. Pablo observó esto y les dice a los solteros y viudas: “mejor sería que se queden así”, porque los solteros buscan agradar a Dios, ese es su objetivo, entonces muchos de sus problemas de carácter no afectarán su relación con Dios y podrán hacer lo que se propusieron hacer, pero el mismo Pablo manifiesta que si no estás dispuesto a esto o no tienes el don de continencia, que no solo tiene que ver con sexo, es mucho más amplio, entonces ¡Cásate! es decir, Pablo no dice que el matrimonio es malo, él te confronta frente a algo que él cree, pero si no estás dispuesto a renunciar entonces quédate como estás.

Hay cosas que tal vez jamás cambien y tienes que renunciar a creer que si cambiarán. Por eso la preparación es un factor muy importante, prepararse desde ahora para la persona que será tu compañero o compañera el resto de tus días.

Quiero poner un ejemplo en la Biblia, en Génesis 24:9- 22, 63, 66, vemos varios aspectos de preparación y renuncia: primero, los dos tenían que cumplir un gran propósito de Dios, ellos iban a dar inicio a una descendencia que sería más adelante el pueblo de Dios, por tanto, tenían una gran responsabilidad y todos deberíamos tener el mismo censo. Rebeca fue formada con características que son importantes, estas características darían como resultado el cumplimiento de ese propósito. El siervo de Abraham pide características de servicio, de atención y de principios bíblicos. Esa no fue una respuesta milagrosa de transformación instantánea, Dios sabía que esta muchacha se estaba preparando y renunciando a muchas cosas para el esposo que un día tendría. De la misma manera, veamos a Isaac, cuando la Biblia dice que la amo es tan interesante ver que este hombre se preparó en su carácter para ella, pues él no la conocía ¿cuántos problemas de carácter ella enfrentaría? pero él decidió amarla. Eso habla de nobleza, de paciencia, de entrega, etc. Esas características no son solo milagrosas, sino producto de un proceso de formación y la formación también es el resultado de renuncia. ¿Cuántos se están preparando para lo que será un día su hogar? Si yo sé que soy desordenado, entonces no puedo permanecer en esa condición, pues cuando ella viva conmigo va a sufrir mucho. No sé ni granear arroz ¿cómo puedo ser así?, no soy atenta ni con mis hermanos o hermanas, entonces tengo que entrar en el proceso de transformación para la persona que un día Dios me dé como esposo o esposa, para hacer feliz a la persona que aún no conozco, pero que amaré.

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