Cinco actitudes que te impiden entrar por las puertas abiertas

Pr. Luis A. Núñez

Hace unos domingos compartimos acerca de cómo Dios reprende a la iglesia de Laodicea por su tibieza y le dice que necesita abrir la puerta para que Cristo pueda entrar y tener comunión con ella; en este caso, el problema era la tibieza y la solución era comprar oro refinado, vestidos blancos y colirio y sobre todo, abrir la puerta a Cristo para tener comunión con Él.

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3)

“Y juntamente con él nos resucitó y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:6)

En el libro de Efesios 1:3, la Biblia menciona que ya fuimos bendecidos con toda clase de bendiciones en los lugares celestiales y el capítulo 2:6 dice que estamos sentados con Cristo en los lugares celestiales, es decir, Efesios 1:3 habla de posesión y Efesios 2:6 habla de posición, es decir, la posición te da derecho a la posesión o en otras palabras, la posición que tenemos nos abrió puertas a la posesión de bendiciones. La posición que tienes de estar sentado en lugares celestiales, te abrió las puertas a ser poseedor de bendiciones.

Nota que ni la posición y tampoco la posesión son hechos que tengan que ver con tus obras, sino son obra Dios. Dios nos puso allí y Él nos dio toda bendición, Él definió bendición para nosotros, nos dio la llave. Todo esto fue definido en el mundo espiritual para que entremos en Él y traigamos a existencia lo que ya fue definido, por eso la Biblia dice que esa llave es la fe.

“Como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen” (Romanos 4:17)

Todos quieren ser bendecidos y el Señor, en su inmenso amor, también desea que cada persona sea bendecida. Entonces el problema no está en las bendiciones del Señor, sino en la persona que usa la llave para entrar por la puerta que lleva a obtener esa bendición.

En Apocalipsisis 3:11 la Biblia nos muestra que otro puede tomar la corona que se te había reservado, corona habla de premio, de logro, de alcance: “He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona”.  Dios en su infinito amor ha liberado bendiciones para cada uno, pero hay una responsabilidad que cada uno debe expresar para experimentar lo que Él ya te dio en su infinito amor. “Reten” significa agarrarlo fírmemente, sostenlo, aférrate.

Cuando no entramos por las puertas abiertas delante de nosotros no experimentamos esas bendiciones. Quiero ver algunos motivos:

  1. Cuando no valoramos lo que recibimos

En el libro de Génesis 25:27-34 vemos la historia de Jacob y Esaú. Vemos que el Señor en su soberanía determinó que Esaú sería el mayor, el primogénito, aquel sobre el cual recaería una gran bendición, la doble bendición era para el primogénito. Esaú estaba en la posición de recibir la bendición, pero vemos en Hebreos 12:16-17 que él cambió esa bendición por un plato de lentejas, no le dio el valor a aquello que recibió. De la misma manera muchas veces nosotros no valoramos nuestro empleo, matrimonio, la iglesia, etc.

Esaú despreció lo que Dios le dio. La consecuencia de todo ello fue que Dios desechó a Esaú y pasó su bendición a Jacob. Nuestro lenguaje debe ser: “Si Dios me bendijo no renunciaré a ello. por ningún motivo”. Dale valor a la iglesia, pues la iglesia es una bendición que Dios te dio, dale valor a tu liderazgo, a tu familia, a tus líderes, etc.

  • Cuando hablamos mal de la bendición (Hablar mal es no creer)

En Números 13:1,27,30-33, la Biblia nos cuenta una historia en la cual Moisés envió 12 espías que fueron a Canaán para ver la tierra. Lo que se esperaba es que ellos, como príncipes u hombres de influencia, provocaran fe hablando de las bondades de la tierra de la promesa, pero ellos en lugar de alegrarse y recibir todo ello por gracia, comenzaron a hablar mal de toda la bendición que el Señor tenía para ellos. Comenzaron a decir que la tierra que el Señor les daba era un lugar lleno de gigantes y que ciertamente no podrían vencerlos (Una tierra que traga a sus moradores), de esa manera hablaron mal y despreciaron la bendición del Señor. La consecuencia de todo esto fue que toda esa generación, a excepción de Josué y Caleb, no entraron en la tierra prometida, ellos murieron en el desierto y no pudieron disfrutar de la gran bendición que el Señor les habia dado. Hay personas que hablan mal de todo, nunca consiguen ver bendición en nada.

Es importante recordar que nada de lo que Dios te da es malo, por ejemplo, la iglesia es un regalo de Dios, nunca hables mal de ella, una cosa es ver errores de algún tipo y confrontarlos o solucionarlos, pero hablar mal de ella es un motivo para perder la bendición.

  • Cuando perdemos la pasión

“Estaba Eliseo enfermo de la enfermedad de que murió. Y descendió a él Joás rey de Israel, y llorando delante de él, dijo: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y le dijo Eliseo: Toma un arco y unas saetas. Tomó él entonces un arco y unas saetas. Luego dijo Eliseo al rey de Israel: Pon tu mano sobre el arco. Y puso él su mano sobre el arco. Entonces puso Eliseo sus manos sobre las manos del rey, y dijo: Abre la ventana que da al oriente. Y cuando él la abrió, dijo Eliseo: Tira. Y tirando él, dijo Eliseo: Saeta de salvación de Jehová, y saeta de salvación contra Siria; porque herirás a los sirios en Afec hasta consumirlos. Y le volvió a decir: Toma las saetas. Y luego que el rey de Israel las hubo tomado, le dijo: Golpea la tierra. Y él la golpeó tres veces, y se detuvo. Entonces el varón de Dios, enojado contra él, le dijo: Al dar cinco o seis golpes, hubieras derrotado a Siria hasta no quedar ninguno; pero ahora sólo tres veces derrotarás a Siria” (2 Reyes 13:14-19)

Tenemos la historia de cierto rey llamado Joaz, esta es una historia de prueba. Joaz enfrentaba un fuerte conflicto con los sirios y por ello pidió ayuda al profeta Eliseo para poder tener una dirección de parte de Dios para hacer frente al enemigo. Eliseo pidió que Joaz tomara su arco y su flecha y lo lanzara por la ventana y vemos en la Palabra de Dios que él hizo como el profeta le mandó. La última instrucción de Eliseo fue que golpeara la tierra, pero vemos que él solo lo hizo tres veces y por ello solo ganaría tres veces. Eliseo no le dijo cuántas veces debía golpear, porque la cantidad de golpes mostraría su intensidad y su pasión por aquello que realmente quiere. Allí Eliseo le llama la atención por su falta de intensidad y compromiso, es por ello que él pierde la bendición de ganar esa guerra.

La pasión es esa alegría viva y eficaz que nos mueve a hacer las cosas de mejor manera. En Apocalipsis vemos que el Señor tiene algo contra la Iglesia de Éfeso, el haber perdido su primer amor. No podemos servir al Señor sin pasión en nuestro corazón. Todo aquel que es apasionado ciertamente conseguirá todo aquello que tanto desea. Las personas que tienen más éxito en aquello que hacen son aquellas que están apasionadas por lo que hacen.

  • Cuando somos inconstantes

Nuestra victoria durará poco si paramos rápido, si dejamos de insistir. Aprendamos a ser constantes con Dios, pues muchas veces iniciamos algo y nos detenemos después. En el libro de Santiago 1:6-8 se nos habla acerca de los de doble ánimo.

“Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos” (Santiago 1:6-8)

Los inconstantes nunca alcanzarán nada, pero ¿Por qué a veces nos tornamos inconstantes? Porque somos llevados por las emociones. Las emociones no son constantes, pero el vencedor persevera hasta el fin.

¿Por qué tenemos temor al dolor, a la incomodidad, a la rutina, a la repetición, a la cruz, al trabajo?Dios no tiene interés en hacernos perezosos. Muchos creyentes creen que todo es una cuestión mágica. Dios bendice al que tiene constancia.

  • Cuando nos volvemos ciegos

En Lucas 19:41-42 vemos un versículo muy triste: “Cuando iba llegando viendo la ciudad lloró … porque no reconociste la oportunidad de tu visitación”. Allí leemos las palabras de Señor Jesús mencionando que dicha ciudad no podía reconocer el tiempo en el que vivía. Existe mucha gente que en el tiempo de Jesús caminaron con Él, pero no pudieron reconocerlo. Solo aquellos que lograron verlo fueron bendecidos grandemente por él.

Leemos en Jeremías 33:3: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”. Vemos entonces que una de las bendiciones que el Señor da a aquellos que le claman, es poder enseñarles y mostrarles, eso habla de ver. Todo el mundo es bendecido, a algunos tal vez más que a otros, el problema es que pocos pueden ver. La bendición por más cara o preciosa que sea no servirá de nada si no la podemos ver.

Es tiempo de orar y de pedir al Señor que abra nuestros ojos para ver todas las bendiciones que tiene para nosotros. La Biblia nos enseña, en el Nuevo Testamento, que todas las bendiciones ya fueron liberadas para cada uno de nosotros. Es tiempo de abrir nuestros ojos, ver y tomar aquello que Dios nos da.

No perdamos la bendición del Señor sobre nuestras vidas, es tiempo de valorar, hablar bien, ser constantes, apasionados y sobre todo orar para que cada día el Señor abra nuestros ojos y nos permita ver todo aquello que tiene para nosotros. El Señor nos quiere bendecir abundantemente hoy y todos los días.

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