Esperando que cosas buenas nos sucedan

//Pr. Eliud Cervantes\\

“No te hagas ilusiones” es una frase que comúnmente escuchamos de las personas. Tal vez eres alguien que imagina inmediatamente lo peor cada vez que sucede algo: Una llamada telefónica inesperada, una charla con tu jefe, etc. “Si no esperas algo bueno, no te sentirás decepcionado cuando suceda algo malo” es lo que dicen ¿verdad?

Tal vez las circunstancias de tu vida o las decepciones pasadas hayan incrustado una expectativa del mal en lo profundo de tu corazón. Hoy en día, expresamos esperanza de lo que realmente no podemos estar seguros que sucederá. Sin embargo, la Biblia define la esperanza (en griego, elpis) como una confiada y positiva expectativa del bien, esperar con anhelo.

“y la esperanza no avergüenza (desilusiona); porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”   (Romanos 5:5) 

Entonces, ¿por qué (y cómo) podemos esperar que sucedan cosas buenas en un mundo que nos dice lo contrario?

  1. Porque Dios te ha redimido de toda maldición 

La verdad es difícil creer que merecemos el bien porque ninguno de nosotros somos santos. El apóstol Pablo lo expresa claramente: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien…” Romanos 7:18. Y el mundo nos dice que obtienes lo que te mereces. Claramente ninguno de nosotros es perfecto. Así que, por supuesto, no nos sorprende que las cosas no salgan como esperábamos.

Sin embargo, la Biblia nos dice que Dios: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21)

Eso significa para nosotros hoy que la sangre de Jesús nos ha redimido de la maldición. Gálatas 3:13 dice: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición, porque está escrito: Maldito todo el que es colgado de un madero”.

Hoy, es nuestro derecho comprado con sangre esperar con confianza el bien en cada situación. Si te estás preguntando cómo el ser justo tiene algo que ver con que puedas esperar que te sucedan cosas buenas, veamos el siguiente punto.

  1. Cuando eres justificado en Cristo obtienes lo que Jesús se merece 

A menudo, luchamos por creer esta verdad porque nos conocemos muy bien, tal vez demasiado bien. Somos muy conscientes de nuestros defectos y somos los críticos más duros de nosotros mismos cuando fallamos y por lo tanto, deberían pasarnos cosas malas, pero la verdad es que, en la cruz, Jesús no solo tomó todo lo que te mereces, sino que también te dio todo lo que merecía. Ese es el intercambio divino.

Tu pecado a cambio de su justicia, tu pobreza por su provisión.

“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”    (2 Corintios 8:9)

Tu justicia en Cristo es el fundamento seguro sobre el cual puedes construir tus expectativas para recibir el bien en tu vida. Y tu pasado ya no determina la trayectoria de tu vida.

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17)

Hoy, como Jesús merece bendiciones, paz, salud y favor ¡tú también!

“En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo” (1 Juan 4:17) 

¿Pero qué pasa con esos días en que me equivoco?  Radical libre, incluso en los días en que te has equivocado, puedes estar seguro de que en Cristo Jesús, eres irreversiblemente bendecido. La razón la veremos en el siguiente punto.

  1. Dios ha hecho un pacto eterno contigo

¿Sabes lo que implica un pacto? Es como un acuerdo legalmente vinculante entre dos partes; Dios ha hecho un acuerdo vinculante de nunca dejar de hacerte bien:

“Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí” (Jeremías 32:40)

No se trata de lo que tienes que hacer, sino de lo que Jesús hizo en la cruz para asegurar tu bendición. Y si hay una persona en la que puedes confiar al cien por ciento todo el tiempo, es Jesús. Hoy, puedes tener una esperanza que no se deja al azar, que no se ve afectado por los errores que has acumulado y que no depende de tus conocimientos y habilidades limitados.

La esperanza que tienes es segura y cierta porque está anclada a algo inquebrantable, inamovible y sin reservas, digno de confianza: el amor de Cristo y Su obra terminada en el Calvario.

Pero seamos realistas, habrán días en los que lo que esperabas en Dios parece más un sueño que una posible realidad. Abraham lo sabía muy bien; sin embargo, podemos ser como Abraham, que “Contra toda esperanza, Abraham creyó y esperó, y de este modo llegó a ser padre de muchas naciones, tal como se le había dicho…” (Romanos 4:18 NVI).

Abraham sabía que su esperanza no se basaba en su capacidad de engendrar un hijo, sino en su Dios fiel y digno de confianza, cuyo amor y promesas nunca fallan. ¿Cómo terminó esa historia? Después de 25 años, Dios les dio un hermoso bebé milagroso, Isaac.

En los días difíciles donde la esperanza parece lejana, tenemos que proteger nuestro corazón con lo que Su Palabra promete para que no perdamos la cabeza por las mentiras que nos lanza el enemigo.

Esperar lo bueno es algo natural cuando conoces a la persona de quien esperas lo bueno. Cuando veamos y conozcamos el corazón de nuestro Padre celestial, también aprenderemos a esperar y pedirle en grande.

No se trata de estar dispuesto a esperar que suceda algo bueno. No es un caso de pensamiento positivo y psicológico para ser (casi) un poco delirante. Dios no es un Dios de probabilidad estadística. Es una esperanza segura con quien todo es posible. Es por eso que incluso cuando las probabilidades están en tu contra y cuando el mundo dice que no, puedes aumentar tus esperanzas y esperar que te sucedan cosas buenas porque Él te ama.

Por lo tanto, aumenta tus esperanzas en estos días de incertidumbre porque Su esperanza nunca decepciona, ¡esa es Su promesa para ti! ¡Vamos a vivir aun los mejores días de nuestra vida en esta tierra! ¡Aleluya!

“y la esperanza no avergüenza (desilusiona); porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”   (Romanos 5:5)

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