Herederos de la promesa

//Pr. Eliud Cervantes\\

La promesa se recibe por la fe 

“Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe” (Romanos 4:13)

“Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:29) 

Según Gálatas, hoy, por pertenecer a Jesús, somos linaje de Abraham y herederos según la promesa. Y cuanto más creamos que somos justos en Cristo, más experimentaremos su provisión. Querido hermano, ser un heredero del mundo es caminar en las bendiciones de Abraham de la salud, la protección y abundante provisión, lo cual viene por la fe . Esto es creer que aunque no merecemos ninguna bendición de Dios, hemos sido hechos justos por el sacrificio y la obra terminada de su Hijo, ¡y calificamos para todas sus bendiciones!

Ahora, en Romanos 4:13, queda claro que la promesa de Dios de que Abraham y su descendencia serían herederos del mundo no fue por la ley, sino por la justicia de la fe. La promesa la recibimos por la fe. Hoy, cree que has sido hecho justo por la obra terminada de Jesús ¡y empieza a caminar en las bendiciones de Abraham!

Somos herederos porque Él tiene placer en nosotros 

“Porque no se apoderaron de la tierra por su espada, Ni su brazo los libró; Sino tu diestra, y tu brazo, y la luz de tu rostro, Porque te complaciste en ellos” (Salmos 44:3)

La Palabra del Señor nos muestra que el pueblo de Israel, ellos se apoderaron de la tierra Prometida, no por alguna calificación que tuvieron, sino porque Dios tuvo placer en ellos. De la misma manera, tenemos la victoria por el favor de Dios, no por nuestra fuerza o habilidad, sino porque Él se complació en nosotros. Somos hijos amado del Señor.

Cada día debemos despertar conscientes de esa verdad y declarar que la promesa es nuestra por que Él tiene placer en nosotros.

Poco a poco tomamos la herencia

 

“Mas a Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti. No habrá mujer que aborte, ni estéril en tu tierra; y yo completaré el número de tus días. Yo enviaré mi terror delante de ti, y consternaré a todo pueblo donde entres, y te daré la cerviz de todos tus enemigos.  Enviaré delante de ti la avispa, que eche fuera al heveo, al cananeo y al heteo, de delante de ti. No los echaré de delante de ti en un año, para que no quede la tierra desierta, y se aumenten contra ti las fieras del campo. Poco a poco los echaré de delante de ti, hasta que te multipliques (pará) y tomes posesión de la tierra” (Éxodo 23:25-30) 

Dios le dice al pueblo de Israel que es Él quien bendice tanto el pan como las aguas. Todo necesita la bendición de Dios, sin ella nada de lo que hagamos tendrá el verdadero éxito. Todavía vemos que Dios inclusive usa las cosas más insignificantes – avispas – para darnos la victoria delante de nuestros enemigos.

Sin embargo, vemos también en es éste texto que todos heredamos, pero no heredamos con la misma medida. Heredamos poco a poco experiencialmente a medida que aumentamos (Heb. parah – fructífero) más y más, para que podamos manejar las enormes bendiciones que se nos presentan.

Por eso Dios le dijo al hombre, en Génesis 1:28, después de crearlo que primero sea fructífero y luego se multiplique. Tenemos que ser fructíferos y la multiplicación vendrá como consecuencia. No busques expansión, busca la fecundidad primero.

Dios nos da poco a poco. Lo mismo experimentó la Iglesia primitiva en el libro de los Hechos:

“Alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47) 

La palabra de la gracia nos edifica y nos da la herencia 

“Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.  Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados” (Hechos 20:29-32) 

El apóstol Pablo, después de pasar 3 años con esa Iglesia, les advierte que se levantarán hombres que hablen cosas perversas, eso nos dice en relación a aquellas personas que pervierten o mezclan el verdadero Evangelio. Ese Evangelio es la palabra de Su gracia, la cual edifica a los creyentes y nos da nuestra herencia.

Por tanto, enfócate en la enseñanza de la gracia. No te canses de hablar del Evangelio de la Gracia. Muchas veces nuestras emociones nos ganan, pero la solución es llenar nuestras mentes y corazones con palabras de gracia.

Heredamos la promesa a través de la Obra Consumada 

“Y él respondió: Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar? Y le dijo: Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino” (Génesis 15:8-9) 

Heredamos las promesas de Dios para nuestras vidas a través de la obra consumada de nuestro Señor Jesucristo. Abraham le preguntó a Dios ¿Cómo conoceré que la heredare? Y el Señor le responde, tráeme algunos animales, los cuales representan a nuestro Señor Jesús, principalmente en Su muerte, porque esos animales fueron llevados para ser sacrificados.

Por tanto, cada vez que celebramos la Cena del Señor, hay un mandato que el Señor nos dijo que hagamos: Anunciar Su muerte:

 Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (1 Corintios 11:26) 

Cuando proclamamos la muerte del Señor, estamos creyendo en Su obra consumada en la cruz del Calvario, lo cual nos acceso a nuestra herencia. Todavía, cuando proclamamos la muerte del Señor, confundiremos a nuestros enemigos.

“Y aconteció que mientras Samuel sacrificaba el holocausto, los filisteos llegaron para pelear con los hijos de Israel. Mas Jehová tronó aquel día con gran estruendo sobre los filisteos, y los atemorizó, y fueron vencidos delante de Israel”                       (1 Samuel 7:10)

Delante del ataque de los filisteos, el profeta Samuel lo que hizo fue sacrificar el holocausto, lo que, una vez más, representa la muerte de nuestro Señor Jesús. Y lo que sucedió por causa de eso es que Dios los atemorizó y ellos fueron derrotados.

De la misma forma, cuando nuestro enemigo se levante o nos ataque, debemos proclamar la muerte de nuestro Señor, independientemente de las circunstancias que estamos viviendo, viendo o sintiendo, proclama su muerte y podrás heredar las promesas del Señor.

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