Jóvenes con los pies lavados y secos

Pr. Eliud Cervantes

Cada vez que nos reunimos es importante que sueltes tu fe para creerle a Dios. La fe es como una ventana, que permite que la luz y el calor del sol entren. De la misma forma que la ventana no hace real la existencia del sol, nuestra fe no determina si Dios está ahí o no. La fe es una dadiva de Dios. Debemos focalizarnos en el hecho de que el Sol está brillando. La ventana no produce el calor ni la luz, solo permite que entren. Busca ventanas bien grandes.

Es interesante que los dos primeros grupos que van al lago de fuego son los cobardes e incrédulos (Pecados intrínsecos / Apocalipsis 21:8) inclusive antes de los inmorales. Muchos creen que eso no es pecado, pero son los que lideran el camino al lago de fuego y azufre. Ellos son la madre de todos los pecados y nos impiden de poder recibir.

La diferencia entre la sangre de los animales vs la sangre de Jesús 

Muchas personas piensan que, para el creyente, después de la purificación por la sangre, ya no hay más purificación o limpieza. Lo cierto es que hay la necesidad de limpieza, pero es por el agua y no por la sangre. Este mensaje es para los creyentes, hay una limpieza aun, pero es una limpieza que no te hace consciente de tu pecado.

De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez (jápax- una vez por todas), no tendrían ya más conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados” (Hebreos 10:2-4) 

Hebreos 10 nos dice que todos esos sacrificios del Día de la Expiación y de todos los días festivos, todos esos sacrificios de cordero ofrecidos no pueden quitar los pecados; por el contrario, cada año se hacía memoria de los pecados. Sin embargo, ¿qué hace la sangre de Jesús? La palabra del Señor dice: “una vez – de una vez por todas”; por tanto, una vez que estés purificado, no tendrás más conciencia de tus pecados. Es por eso que debemos tener mucho cuidado con el tipo de predicación que tenemos. No estamos para recordar los pecados, lo cual significaría que la sangre no funcionó. Ej: deuda.

Los cristianos saben sobre el perdón a través de la sangre, pero no saben sobre la necesidad del lavado diario del agua de la Palabra. En el pasaje de Juan veremos lo que se está haciendo en este momento, lo que Jesús te está haciendo en este tiempo.

Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó” (Juan 13:1-4) 

Los amó al máximo, es como el padre abraza antes de un viaje a su hijo, no habla de tiempo sino de medida. Luego, Jesús se levantó de la cena (muerte de Cristo), lo cual nos habla tipológicamente que Él se levantó de la muerte, y lo que hará cuando resucite. Por eso Juan lo vio en Apocalipsis ceñido con un cinto de oro. Todavía te está sirviendo. Por tanto, es orgullo no permitirle que te sirva.

El significado de lavar los pies

Lo que Jesús iba a hacer al lavar los pies de sus discípulos, no era un acto simbólico, lo cual muchas personas lo hacen como acto de humildad u honra; por es que Jesús le dijo a Pedro: “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después” (v.7). Entonces, obviamente hay un significado más profundo para el lavado de pies.

Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido” (Juan 13:5)

Todos los judíos sabían que cuando llegaban a la casa, sus pies estaban llenos de polvo. Entonces, el más bajo de los esclavos es el que hacía la tarea más insignificante de lavarte los pies antes de que entres. Obviamente, todos los discípulos se miraron para saber quién lo haría. Quiero que sepas que Jesús lo hizo a propósito. Él quería enseñarles algo muy importante.

Lavar los pies de los discípulos, para nosotros, es una forma de predicar, no importa cómo lo hagas. Si cada mañana dedicas un tiempo a leer una porción de la Palabra, te estás exponiendo a la vasija de agua. Es eso es lo que te lava los pies.

Por tanto, el hijo de Dios hoy, en su día a día, necesita del agua de la palabra.

Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare (nípto), no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: El que está lavado (louo), no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos” (Juan 13:6-10) 

Nosotros ya fuimos lavados por la sangre (salvación), pero lo que necesitas diariamente es lavarte los pies. Y si no puedes hacerlo, Dios enviará a alguien que lo haga. Es interesante notar que Pedro, al comienzo no quiso que Jesús lo hiciera ¿por qué? Porque la carne es así, muchas veces está demasiado atrasado o adelantado. Entonces, la carne nunca fluye con Dios. Siempre se adelanta o atrasa como un caballo o una mula. La carne es demasiado valiente o demasiado cobarde. No confíes en tu carne.

Ahora cuando Jesús dice que no tendrás parte conmigo, no está hablando de salvación. Está hablando que no puedes fluir conmigo, estás muy adelante o atrasado.

Jesús le dice: “Si no te lavare (nípto – limpiar), no tendrás parte conmigo”. Esto no es un lavamiento de salvación. Por eso más adelante le dice: “El que está lavado (louo – bañado)” (v.10), nos habla del lavado por la sangre. Nosotros somos salvos una vez por todas, pero ahora, solo necesitas lavarte los pies ¿Por qué? Porque al caminar en el mundo, contraes impurezas.  Subconscientemente lo aceptas las cosas que ves y escuchas. El diablo lo está usando en tu contra. Ves imágenes que no deberías haber visto, tu mente está contaminada ¿Cómo te lavas de todo esto? Con el agua de la Palabra.

No significa que hayas perdido tu posición, aún eres justo a los ojos del Padre, aún estás en esplendor con todos los méritos y la excelencia de nuestro Señor Jesús puesto sobre ti; pero tus pies están sucios, hay una limpieza diaria, asegúrate de aprovecharlo.

¿Qué es la toalla? 

Ahora, después de que les lavó, les secó los pies con la toalla. Muy interesante, la palabra griega para toalla es “léntion” que significa “tela de lino”, y el lino en la Biblia es un cuadro de justicia. 

Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura” (Isaías 11:5) 

Entonces, el cinto de sus lomos, nos habla que cuando predicamos necesitas secar sus pies con un “sentido de justicia”. Déjalos refrescados de que son la justicia de Dios en Cristo. Eso puede ser por muchos medios: prédicas, biblia, audios, etc. Necesitamos exponernos al agua de la Palabra ¿Por qué? Sino, serás polvo, y cuando estés lleno de polvo, eres comida del diablo, porque Dios le dijo al diablo: polvo comerás todos los días de tu vida” (Génesis 3:14).

Hay una limpieza constante del agua para presentar a la novia gloriosa, sin mancha ni arruga.

“para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:26-27)

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