Propuestas de Faraón

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En la Palabra de Dios existen ilustraciones, o alegorías, que muestran las realidades espirituales. Faraón es un símbolo del diablo, y Egipto es un símbolo del mundo. Todos nosotros, en el pasado, fuimos esclavos de Faraón en el mundo. Moisés, naturalmente, simboliza a Jesús.

La exigencia de Dios – 5:1-3
Dios entonces envió a Moisés delante del Faraón, con la siguiente orden: “Deja ir a mi pueblo”. Hoy, también lidiamos con Faraón (el diablo), y lo que Dios espera de nosotros es esto: que le ordenemos al enemigo a cumplir la voluntad del Señor.

Camino de 3 días – Este viaje de tres días no sólo representa una distancia importante, sino también la sepultura y la resurrección. El cruce del mar Rojo representaba el proceso de sepultura y resurrección. Por medio de este viaje, el pueblo de Dios no sólo sale de Egipto, sino que también entra en la resurrección, dentro de un nuevo entorno.

Celebrar una fiesta – Dios quiere un pueblo feliz.
Aquí, existe un principio espiritual. Siempre que enfrentamos a Faraón para tomar algo de él, que por derecho nos pertenece, la revancha viene inmediatamente. Así, una situación que ya era difícil, se agrava más. Vea lo que les sucedió a los israelitas después de que Moisés enfrentó a Faraón:

1. Rechazo la Palabra de Dios.

Desde el comienzo, el monarca egipcio no creyó en la Palabra del Señor; en lugar de eso, lo sobre cargó de tareas, exigiéndoles la misma producción de ladrillos (Ex. 5:6-14). Después de la conversión parece que las cosas empeoran. Los acusó de ociosos. Cuando decidimos por Cristo, el mundo también nos acusa de ociosos; y, por último, intentó inducirlos a creer que las palabras de Moisés eran palabras vanas y mentirosas. Lo que Faraón quería impedir era que las personas oigan la Palabra de Dios. Sabe que la Palabra tiene el poder de transformar vidas.
No necesitamos temer al adversario ni a sus intimidaciones. El diablo sabe que no puede resistir a la autoridad del nombre de Jesús. El Señor afirmó que las puertas del infierno no prevalecerán contra nosotros (Mt. 16:18). Entonces, así como hizo con Moisés, querrá negociar con nosotros.
Infelizmente, muchos de nosotros, delante de las intimidaciones y presiones, hemos cedido y negociado con Faraón.

2. Sirva a Dios en Egipto – Ex 8:25-27

La primera propuesta de Faraón permitía que el pueblo sirviese a Dios, siempre y cuando no deje Egipto. Al enemigo no le importa cuando servimos a Dios en Egipto. El enemigo usa a las personas para convencernos de que podemos servir a Dios en nuestra casa, sin ningún prejuicio para nuestra fe o nuestra vida espiritual. El concepto es este: para servir a Dios, no necesitamos de ir al local de la iglesia.

El establece el concepto de que podemos servir a Dios y vivir en el mundo al mismo tiempo. No necesita haber separación o alguna diferencia. “Puedes ser creyente, siempre y cuando no sea uno de esos fanáticos estresados”, dice el diablo.

Lo que importa es recibir las bendiciones de Dios, no la forma ni el lugar donde lo servimos. Eso fortalece la visión de la iglesia siendo simplemente una prestadora de servicios espirituales.

Alguien puede hasta deslumbrarse con este tipo de iglesia: “¿No es maravilloso pastor?”. El problema es que la iglesia no es una prestadora de servicios.

Necesitamos entender que las cosas espirituales nunca son neutras. Es algo muy serio y arriesgado querer apenas la oración de liberación, y, no el compromiso correspondiente con Dios. Si la casa no es ocupada, el enemigo volverá y la situación estará mucho peor que antes.

En Levítico 10, leemos la historia de dos jóvenes, Nadab y Abiu, que querían hacer la obra de Dios sin el temor y la santidad debida. ¿Cuál fue el resultado de eso? Ambos murieron delante de Dios. En Hechos 5, tenemos el caso de Ananías y Safira, una pareja de la Iglesia Primitiva, cuyo único pecado fue ofrendar a Dios religiosamente, sin el corazón. Pienso que tales ejemplos son suficientes para convencernos de que en el mundo espiritual no hay neutralidad, es muerte o vida.

Al Faraón poco le importaba si el pueblo servía a Dios, lo que le importaba era que continúen en Egipto, eso es el mundo. Puedes leer la Biblia siempre y cuando sea solo letra. Puedes hacer trabajos en la iglesia, pero estando en Egipto será apenas fuego extraño. Al enemigo no le importa inclusive si entregamos nuestras ofrendas, si es que lo hacemos como Ananías y Safira lo hicieron, de forma religiosa. El enemigo sabe que todo lo que hacemos o recibimos de Dios, según la forma del mundo, resultará en muerte. No podemos negociar con Faraón en este punto.

Serviremos a Dios y lo haremos fuera de Egipto.

3. Sirva a Dios fuera de Egipto, pero que no sea muy lejos – Ex 8:28

Ya estamos cansado de oír avisos como estos: “cuidado con el fanatismo”, o “estas siendo exagerado”, o “no seas extremista”. En realidad, por más que nos esforcemos para ser equilibrados, aun corremos el riesgo de ser apenas tibios. A pesar de que nos gusta el equilibrio, no podemos olvidarnos que la tibieza es nada más que equilibrio térmico, o sea, un poco de agua fría con un poco de agua caliente. El problema es que el agua tibia (creyente tibio) le produce vómito a Dios (Ap. 3:16).

Tibieza y cristianismo no combinan de ninguna manera. Ser un cristiano es ser radical en las cosas del Señor; es estar en regla con la Palabra de Dios, es vivir en santidad e integridad para el Señor. En este sentido, Jesús fue radical y, hasta se podría decir, extremista. Definió el mundo de ser y vivir de sus seguidores, en estos términos: “nadie puede servir a dos Señores…El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama”. (Mt. 6:24; 12:30). En el mundo espiritual no hay medio término. O somos de Dios o somos del diablo.
Qué cosa triste es ver tantos cristianos negociando con Faraón, y viviendo en algún lugar entre Egipto y Canaán. ¡Pobrecitos!  Ya no son del mundo, pero aún no entraron en Canaán. Están en la mitad del camino, aun no fueron hasta el final con Dios. Aún es tiempo de renunciar a la tibieza de un equilibrio apenas aparente, cuando en el interior existe el deseo de agradar al mundo.

No sugiero que seamos antipáticos o desajustados emocionalmente. Me refiero a aquella radicalidad santa de decir: “serviré a Dios, cueste lo que cueste, y duela lo que duela”. Aplicaré mi tiempo, mi dinero, mis energías y habilidades para la expansión del reino de Dios y edificación de la Iglesia. No hagamos negocios con Faraón. Si tenemos que ir, iremos lejos con Dios.

4. Sirva a su Dios, pero no involucre a su familia – Ex 10:7-10

En caso fallen los intentos de Faraón para impedirnos de salir de Egipto, con seguridad intentará retener a nuestra familia. Faraón hasta tolera que sirvas a Dios, siempre y cuando dejes a tus hijos y cónyuge. Muchos son así actualmente. Los padres de un joven quizá le digan no ayunes. Aquí Faraón usó el amor para apartar a la gente del Señor. Mientras Faraón pudiera retener a las esposas, a los niños, a los ancianos; los hombres en realidad no dejarían Egipto, pues sus corazones seguirían allí. Necesitamos tomar posesión de las palabras de Josué, que dice: “yo y mi casa serviremos al Señor” (Jos. 24:15). Pero, infelizmente, muchos hermanos han dejado que el diablo les robe a los propios hijos. Tenemos que parar de regatear con Faraón, posicionarnos para luchar y defender nuestro derecho de servir a Dios, con nuestra familia, sin la injerencia del diablo. Necesitamos lanzarnos a los pies del Señor diciendo: “o haces Dios o me muero, pero mi hijo servirá al Señor”.

5. Sirva al Señor, pero no involucre sus bienes – Ex 10:24

Moisés no dijo que el pueblo necesitaba vacas para su vivir; se necesitaba el ganado para proveer sacrificio al Señor. Esto indica que Moisés no estaba preocupado por el vivir del pueblo, sino por tener algo que ofrecer a Dios. No necesitamos negociar ninguna cosa con Faraón. No necesita aceptar la idea de que Dios quiere la pobreza y miseria para su vida. Faraón hizo todo para impedir que el pueblo lleve sus bienes, pero Dios no lo permitió, y aun hizo más: hizo con que cada egipcio diera regalos en oro y plata a los hebreos. Creo que es ésta misma actitud que Dios espera de nosotros hoy. No ceda ni un centavo para el diablo. Sirvamos a Dios con nuestros bienes.

Faraón sabe que donde se hallan las riquezas de uno, allí está su corazón (Mt. 6:21). Si Faraón puede guardar nuestros bienes, nuestros corazones estarán en su mano. La manera bíblica de vencer a Faraón en este punto, es entregando al Señor nuestros bienes. (v.26) Cuando entregamos nuestras ofrendas, estamos destronando a Faraón. Y lo más importante: estamos abriendo la puerta para que la bendición financiera venga sobre nosotros. Observar: Ex 12:31-32 – los egipcios les dieron alhajas, oro que más tarde fue usado en el tabernáculo. A los ojos de los egipcios fue un desperdicio (María – nardo puro), pero para Dios fue algo muy importante. Lo que importa es donde están tus bienes.

Después de observar cuatro propuestas, podemos ver claramente que el enemigo siempre cede poco a poco. Por lo tanto: pare de negociar con Faraón; no acepte ninguna propuesta.

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