Nuestra debilidad, un canal para el poder de Dios

//Pr. Eliud Cervantes\\

Confía en la fuerza de Dios y no en la tuya

Estamos en el año de la Restitución y Dios está restaurando el tabernáculo de David (una imagen de la iglesia), en la cual el centro era el arca del pacto (una imagen de Jesucristo).

“En aquel día yo levantaré (restauraré) el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos (pérets) y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; 12 para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto” (Amós 9:11-12)

La mención de “Edom” en este pasaje evoca a Obed-Edom. Obed-Edom fue un personaje importante en la historia de David, quien llevó el arca del pacto al tabernáculo de David en Jerusalén. Durante el camino, el arca fue colocada en la casa de Obed-Edom, y el Señor lo bendijo abundantemente a él y a toda su familia. Por lo tanto, esta mención de “Edom” sugiere que cuando Dios restaure el tabernáculo de David, experimentaremos las bendiciones de Obed-Edom: bendiciones familiares.

Lo que ocurrió antes de que el arca fuera colocada en la casa de Obed-edom durante el viaje a Jerusalén fue el incidente de Pérez-Uza (2 Samuel 6:8). En lugar de transportar el arca sobre los hombros de los sacerdotes, como era el mandato divino, David la transportó en una carreta de bueyes. Como resultado, los bueyes tropezaron, y uno de los hombres de David, llamado Uza (cuyo nombre significa “fuerza”), extendió la mano para sujetar el arca y murió. David entonces llamó al lugar “Pérez-Uza”, que significa “el quebrantamiento de la fuerza”.

Solo cuando el hombre comprenda que sin el Señor nada puede hacer, podrá confiar y depender de la fuerza del Señor en lugar de la suya propia. Sin Jesús, nada podemos hacer (Juan 15:5). A veces pensamos que necesitamos a Dios para las cosas grandes de la vida, pero podemos con las pequeñas. Sin embargo, la Biblia nos dice que sin Jesús, nada podemos hacer. Lo necesitamos en todo lo que hacemos.

Cuando depositamos nuestra confianza en nuestra propia fuerza, abrimos la puerta al fracaso. Esto también les sucedió a los israelitas en el desierto. Ellos confiaron en cumplir los Diez Mandamientos en sus propias fuerzas y dijeron, pero inmediatamente quebrantaron el primer mandamiento al construir un becerro de oro para adorarlo.

“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Romanos 5:6)

Cristo murió por nosotros, los que estábamos sin fuerzas. En realidad, estamos sin fuerzas y no podemos salvarnos a nosotros mismos. Necesitamos a Jesús.

Dios está restaurando tus áreas de fracasos

Cuando Jesús entregó Su Espíritu en Sus momentos finales en la cruz, Dios rasgó el velo del templo de arriba abajo: eliminó la separación entre Él y el hombre. Gracias a la obra consumada de Jesús, tenemos un camino nuevo y vivo para acercarnos a Dios (Hebreos 10:19-20). Cuanto más te acercas a Dios, más vives. Cuanto más te acercas a Dios, más experimentas su vida fluyendo en cada área de derrota o muerte.

Jesús vino a liberarnos del pecado y de la muerte (la consecuencia del pecado). La muerte física es el enemigo final, pero antes de eso, también existen diferentes formas de muerte que podemos ver en nuestras vidas. La depresión es una forma de muerte. La ruptura matrimonial es una forma de muerte. Cualquier tipo de destrucción que veas en tu vida es una forma de muerte. Cuanto más te acerques a Dios, más verás cómo su vida devora la muerte. Sin embargo, cuando ponemos nuestra propia fuerza en lugar de confiar en la Suya, llega la muerte (como sucedió en Pérez Uza).

Sigue la dirección de Dios y vive con gozo y paz inefables

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mate0 11:29-30)

“Fácil y ligera”, así dice el Señor que es seguirlo. El diablo quiere que pienses que es difícil servir al Señor, pero fácil vivir según las costumbres del mundo, pero eso es mentira. La verdad es que “el camino de los transgresores es duro” (Proverbios 13:15b). El pecado hace la vida difícil. Hay placeres en el pecado, pero solo duran una temporada (Hebreos 11:25). Por otro lado, seguir a Jesús te da un gozo indescriptible (1Pedro 1:8) y paz.

“Fue dado aviso al rey David, diciendo: Jehová ha bendecido la casa de Obed-edom y todo lo que tiene, a causa del arca de Dios. Entonces David fue, y llevó con alegría el arca de Dios de casa de Obed-edom a la ciudad de David” (2 Samuel 6:12)

La primera vez que David intentó transportar el arca usando la fuerza humana, hubo muerte y temor. Pero ahora que lo hizo a la manera de Dios, hubo alegría. Cuando eres guiado por el Señor, habrá gozo y alegría. Ni los miles de millones de dólares del mundo pueden comprarte eso.

No dejes que el diablo te diga que la vida cristiana es dura mientras que el camino del pecador es placentero. La vida cristiana está llena de un gozo indescriptible. Es fácil y ligera. Tenemos responsabilidades y tareas que cumplir, pero cuando permitimos que el Señor nos guíe, se vuelven fáciles y ligeras.

En el momento en que tomas la dirección en la que el Espíritu te guía, Su poder comienza a fluir y a llevarte. La clave es mantener la mirada puesta en Jesús. Cuando eres consciente de su amor por ti, terminas amando a los demás. 2 Corintios 5:14 nos dice que «el amor de Cristo nos constriñe», y «constriñe» implica dejarnos llevar por la corriente. El amor de Cristo es la fuerza que impulsa todo lo que hacemos.

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