//Pr. Luis A. Núñez\\

“Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca. Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta. Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia (constancia, perseverancia) de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Santiago 5:7-11)
Considerando que el Señor nos insta a tener paciencia mientras esperamos su venida, Él nos nombra como ejemplo a Job.
El error de Satanás
“Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás. Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella. Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia” (Job 1:6-11)
Percibe que fue Dios quien le hace preguntas a Satanás y esto habla de la soberanía de Dios. En el desarrollo de ese diálogo ¿cuál fue el error de Satanás? simplemente pensar que Job servía a Dios por interés y además acusar a Dios de sobornar a Job con bendiciones para mantenerlo fiel.
¿Cuál debería ser nuestra actitud en el día de la tribulación, en el tiempo de crisis? ¿Sabes por qué es tan importante reconocer cada día la gracia de Dios sobre nosotros? porque cuando reconoces la gracia de Dios sobre tu vida y comprendes que no mereces nada, pero aun así eres altamente bendecido y profundamente amado, todo a tu alrededor pierde valor, porque Dios se convierte en el centro verdadero de tu vida y en los tiempos difíciles solo esperas en el Señor. Satanás supuso que Job no reconocía esa gracia, sino que él servía a Dios y era fiel solo porque el recibía bendición. Justamente una actitud de fe en Job fue la victoria ante la mentira del maligno.
“Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno” (Job 1:20-22)
El día que Job perdió todo, él tuvo una actitud ¡Bendecir a Dios! tuvo la actitud de reconocer que Dios siempre es bueno. Esa era la constante revelación de los Salmos, veamos:
“Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre. Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia y su verdad por todas las generaciones” (Salmos 100:4-5)
Quien reconoce la gracia de Dios vive en continua gratitud y espera en el Señor ¿Cuántos recuerdan la historia de los trabajadores de la viña en Mateo 20:1-16? Los primeros creyeron que eran merecedores de un salario mayor y por eso no fueron agradecidos por el trabajo y el salario justo.
Ahora ¿por qué sirves a Dios? ¿Pretendes intercambiar tu servicio por bendición o le sirves porque reconoces constantemente su gracia? En la historia de la sanidad de los diez leprosos en Lucas 17:12, el Señor nos muestra que solo uno retornó para glorificar a Cristo ¿Dónde estaban los otros 9? es obvio que por ser judíos y conocedores de la ley, estaban realizando el rito de purificación que duraba 07 días. Después de recibir su bendición ellos se esforzaron por lo perderla a través del hacer, mientras que el samaritano solo quería agradecer.
Satanás le dice a Dios: “Job solo te sirve por lo que le das”, pero en medio de la crisis Job reconoció que todo lo que tenía solo fue la gracia, reconoció que Dios es bueno, que su soberanía expresa bondad y entonces esperó en el Señor. El profeta Habacuc tuvo esa revelación y en Habacuc 3:17 él dijo: “aunque la higuera no florezca” en otras palabras, aunque no haya nada, con todo me alegraré en el Señor, en el Dios de mi salvación.
¿Te imaginas? el infierno se estremece, no entienden como es que ellos adoran aunque las cosas no están bien ¿quiénes ellos? los que reconocen que todo es gracia. Ellos vencen la sutileza del maligno, vencen el odio del infierno ¡aleluya!
El error de la esposa de Job
“Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios” (Job 2:9-10)
La esposa de Job pensó que la vida de Job se resumía en los bienes que tenía. Ella imaginaba que al perderlo todo, no tenía nada mejor en su vida, así que era mejor morirse. Muchas personas se apartan de Dios por las pérdidas que sufrieron. Situaciones han hecho que se pierdan muchas cosas a nivel personal, a nivel social, etc., pero ¿cómo pensar que eso era el centro de su vida? la esposa de Job no podía comprender la alabanza de Job. Tu vida no se resume a lo que tienes ¡tu vida es sustentada por Dios! quien reconoce la gracia, espera en el Señor.
“Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Lucas 12:15, 21)
Este verso 21, en el original griego dice: “asi es el que atesora para si y no atesora para Dios”. Dios quiere que seas prosperado, pero es necesario que tu corazón sepa que todo es por Él, para él y por medio de Él.
“Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas” (Apocalipsis 3:17-18)
Lo interesante es que cuando vas a “comprar” de Dios, te encuentras con una sorpresa, según Isaias 55:1 se compra sin dinero, es decir, la riqueza para Dios, el oro y comida, es reconocer que todo es gracia. Job respondio en otras palabras: “Dios es bueno, yo confío en Él”. Tu victoria en este momento es reconocer que todo es favor inmerecido.
El error de los amigos de Job
“Y tres amigos de Job, Elifaz temanita, Bildad suhita, y Zofar naamatita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían convenido en venir juntos para condolerse de él y para consolarle. Los cuales, alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron a gritos; y cada uno de ellos rasgó su manto, y los tres esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo. Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande” (Job 2:11-13)
“¿No es tu temor a Dios tu confianza? ¿No es tu esperanza la integridad de tus caminos? Recapacita ahora; ¿qué inocente se ha perdido? Y ¿en dónde han sido destruidos los rectos?” (Job 4:6)
El error fue creer que la tribulación que sufría Job era consecuencia del pecado. Ellos no sabían como explicar esa situación, pues ¿cómo un hombre tan íntegro podía pasar por eso? entonces la conclusión era que estaba en pecado, pero esos hombres estaban errados, el problema es que asociamos las bendiciones de Dios con la integridad, asociamos bendición de Dios con todo cuanto nos esforzamos para no pecar y eso es peligroso, pues como dijimos ese entendimiento errado te lleva a cruzar la linea del merecimiento.
Una cosa son las consecuencias de nuestros actos, pero el amor de Dios no está condicionado por nuestras fallas. Considera lo que paso Pablo, las tribulaciones que vivió, pero Dios estaba con él y esta era una experiencia continua.
“Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano. Cuando los naturales vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir. Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció. Ellos estaban esperando que él se hinchase, o cayese muerto de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios” (Hechos 28:3-6)
La conclusión de los hombres fue que Pablo era un asesino ¿te das cuenta como se fueron a los extremos? decían que pablo era un asesino, pero también decían que era un dios. Ese es el problema de las personas, juzgan a partir de las circunstancias en la vida de un cristiano.
El error de Job
“Yo conozco que todo lo puedes y que no hay pensamiento que se esconda de ti ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré y tú me enseñarás. De oídas te había oído, mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:1-5)
¿Cuál fue el error? pensar que una buena conducta es suficiente, pero la crisis le hizo tener una revelación profunda del amor de Dios, del propósito de Dios. Tal vez pensó que solo una vida de rectitud y de integridad era suficiente, sin entender que había algo más grande de parte de Dios y esto se llama propósito. Tal vez Job ni se imaginaba que por muchos siglos en adelante, Dios usaría su vida para enseñarnos, para redargüirnos ¡aleluya!
El cristianismo no está centrado en una vida de rectitud, de moral, es una vida centrada en la revelación de ser amado por Dios y por causa de ello, somos sus embajadores, ministros de la reconciliación. Fue la crisis lo que le hizo entender esta verdad, tener esta revelación. Que las crisis nos lleven a esta revelación, a esta verdad y que terminemos diciendo como Job: “¡Ahora te veo! ¡he conocido más de ti y de tu amor!”

