//Pr. Eliud Cervantes\\

Son tiempos proféticos
Vivimos en tiempos proféticos. Lo que vemos desarrollarse en el mundo hoy no es casualidad: son señales de la venida de nuestro Señor. Mientras el mundo se repliega con temor, como hijos de Dios, podemos esperar con esperanza el regreso de nuestro Señor por nosotros y continuemos haciendo la obra del Señor conforme a su voluntad.
Así como David entró con valentía en el campo de batalla contra Goliat, nosotros estamos llamados a enfrentar al enemigo, no con miedo, sino con la plena confianza de que Dios está con nosotros y luchando por nosotros.
“Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; más yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado… Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos” (1 Samuel 17:45, 47)
Nuestro Padre celestial no espera que enfrentemos este nuevo semestre con nuestra fuerza natural ni con soluciones humanas. En cambio, quiere que confiemos en Él, nuestro Dios que guarda el pacto, y en Jesús, nuestro gran David, quien ya venció al mayor enemigo en la cruz. Nuestro Señor ya obtuvo la victoria, aplastó la cabeza de la serpiente, y ahora regresa para llevarnos a donde Él está. Esta es nuestra bendita esperanza. Porque Él ha vencido, podemos vivir con valentía, sabiendo que la batalla es del Señor y que la victoria ya es nuestra.
La diferencia entre métodos y principios
En medio de la obra de Dios hay MÉTODOS Y PRINCIPIOS. Los MÉTODOS son relativos, son estrategias que son útiles para un momento o lugar; sin embargo, los PRINCIPIOS son absolutos, son leyes espirituales eternas que no varían en ningún tiempo o cultura. Sin embargo, es importante mencionar que, aunque los métodos o estrategias para cumplir el propósito del Señor pueden variar, ellos deben ser dados por Dios, deben ser bajo la dirección del Señor y no simplemente copiar algo que vemos que funcionó. Ejemplo: Jesús sanó a muchos ciegos, a unos fue con su palabra, pero a otro lo sanó con su saliva y barro.
Por tanto, me gustaría ver con ustedes algunos principios que deben dirigir nuestra manera cómo vivimos nuestra vida cristiana.
- El centro del corazón de Dios es tener hijos
El primer principio absoluto de nuestro trabajo es este: Dios desea hijos y estamos aquí para engendrarlos por el Espíritu. Cuando Dios creó al hombre, sus primeras palabras para el hombre fueron: “Adán, quiero que tengas hijos y ellos también serán mis hijos. Estás hecho a mi imagen y tus hijos también. Adán, quiero muchos hijos. Así que anda, sé fructífero y llena la tierra.”
En el centro del corazón de Dios está el anhelo de tener hijos. Este es su deseo desde el principio y no ha cambiado a lo largo de los siglos. El corazón de Dios continúa deseando hijos, pero la forma en que producen hijos ha cambiado. No es que Dios no quiera que tengamos hijos naturales, pero el enfoque hoy es tener hijos espirituales, muchos hijos como Jesús.
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:28-29)
Así que no solo trabajamos para salvar a mucha gente, llenar el pasillo, mantener a la gente en la iglesia y tener un trabajo excelente y reconocido. Nuestro objetivo es presentarlos como novia sin mancha ante el novio.
“A quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre” (Colosenses 1:28)
Infelizmente, muchos están en la iglesia sin hacer o haciendo otras cosas que no son la voluntad de Dios. Debemos recordar que somos SEMILLAS, y las semillas sirven para reproducirse. Ejemplo: grano trigo. Por tanto, propón en tu corazón estos días engendrar hijos que son discípulos para el Señor.
- Jesús es nuestra única referencia y la enseñanza de los apóstoles nuestra base de edificación
Este es un punto fundamental. Hay muchos pastores exitosos y grandes ministerios en todo el mundo. Ciertamente son inspiradores, pero solo nos sirven como referencia mientras siguen a Jesús y las enseñanzas de los apóstoles. No debemos hacer algo únicamente porque otros lo hacen, ni seguir una visión solo porque lo postularon. Siempre debemos comparar lo que se está haciendo con la Palabra de Dios.
“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos 2:42)
- Debemos hacer discípulos y no solo asistentes al culto
El libro de los Hechos describe a los hermanos como “la multitud de los discípulos”. Esto revela que lo que estaba en el corazón de los líderes de la iglesia no era solo predicar el evangelio y salvar a las personas, sino también hacer discípulos de Jesús.
“En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquellos eran desatendidas en la distribución diaria. Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas” (Hechos 6:1-2)
Un principio básico es que cada creyente es un ministro. En muchos lugares, no hay sentido del cuerpo de Cristo y el ejercicio de las funciones. La gente aparece culto tras culto y simplemente se sientan en las sillas, escuchan un mensaje y se van. Algunos incluso contribuyen, pero no todos están dispuestos a involucrarse. Recuerden que nuestro llamado es hacer discípulos para nuestro Señor Jesús.
- La estrategia de Dios para cumplir su propósito es el ministerio de todos los santos
Cada miembro es un ministro y debe ser entrenado para realizar su servicio, como leemos en Efesios 4: 11-16. Tenemos cargos y gobierno en la iglesia, pero nunca podemos permitir que se conviertan en cargos clericales que anulen las funciones del cuerpo. Este es un principio no negociable en la obra del Señor.
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11-12)
El sacerdocio universal de los creyentes ha sido restaurado. Jesús vino para que seamos una nación santa, un real sacerdocio. El propósito eterno de Dios tiene un punto central, al igual que toda la Biblia. Y el punto central alrededor del cual giran todas las demás verdades espirituales es este: “Cristo en nosotros”, es decir, Cristo es nuestra vida; por tanto, todos podemos ser usados por el Señor.
Que este tiempo nuestra vida pueda ser usado para cumplir la voluntad del Señor. Fuimos llamados no solamente a ser parte de una congregación sino a cumplir un propósito divino.

