//Pr. Eliud Cervantes\\

Hay días “favorables” que nos esperan
En estos últimos tiempos, el enemigo está intentando arrebatarnos el tiempo, desenfocándonos del propósito de Dios y convirtiendo nuestros días en días malos, pero el pasaje de Efesios 5 nos muestra el deseo de Dios para estos días que estamos viviendo. Podemos disfrutar de buenos días, del “kairos” cuando estamos llenos del Espíritu Santo.
“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo (kairos), porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:15-18)
La dirección de nuestro Padre celestial para estos días es que andemos con cautela y que no seamos imprudentes. En lugar de dejar pasar el tiempo, vivir el día a día, podemos elegir redimirlo, aprovechar cada momento y hacer que sean días que cuenten delante de la presencia del Señor.
En griego, la palabra tiempo en la frase “aprovechando bien el tiempo” es kairós. Esto significa que, en lugar de días malos, nosotros, como hijos de Dios, podemos disfrutar de días buenos llenos de momentos kairós. Y para quienes sentimos que hemos perdido el tiempo ¡anímense al saber que aún podemos redimirlos y disfrutar de momentos hermosos!
El Salmo 90:12 nos dice que cuando contamos nuestros días, adquirimos sabiduría en nuestro corazón. Y esta sabiduría nos ayudará a darle un propósito a cada día de nuestra vida.
“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría” (Salmos 90:12)
¿Cómo andamos con sabiduría y aprovechamos el tiempo?
El versículo 18 nos da la clave: siendo llenos del Espíritu Santo.
“No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18)
Cuando estamos llenos del Espíritu Santo, Él nos guiará a hacer lo correcto en el momento oportuno. Nos hará disfrutar sobrenaturalmente de momentos “Kairós”, con nuestra familia, en medio de nuestro ministerio. La unción del Espíritu Santo es como aceite. Cuando este aceite fluye en las diferentes áreas de nuestra vida, encontramos tranquilidad y sosiego, una paz interior y dirección para cada cosa que emprendamos. Esta unción es lo que nos llevará al éxito en todo.
La frase: “Sed llenos del Espíritu”, en griego, está en voz pasiva presente. Esto significa que debemos permitirnos estar llenos del Espíritu Santo constantemente, pero ¿cómo lo logramos? “Hablando” (v.19). Aquí, la palabra griega para “hablar” está en presente activo. Esto nos muestra que nuestra parte es hablar activamente.
Considerando todo esto, podemos ver que la clave para vivir una vida llena del Espíritu es alabar al Señor. Al cantar salmos, himnos y cánticos espirituales, nos conectamos con el Espíritu Santo en nuestro interior y Él nos llena de su poder y unción. Por tanto, estos días de ayuno, es ese tiempo de “hablar”, de orar, de volver nuestro corazón a los propósitos del Señor, a vivir nuestros días con sabiduría y para Él.
Es tiempo de restaurar y vivir lo “mucho más” de Dios
Si has perdido muchos años viviendo en duda, miedo, depresión o desenfocado de su propósito, Dios va a restaurar esos años perdidos a través de Su gracia. Él quiere restaurar cada área de tu vida. Y cuando el Señor restaura, lo que da siempre es mayor en cantidad o calidad que lo que se perdió. A propósito de cualquier cosa que el enemigo te haya robado, vamos a creer al Señor, en una restauración al 120 por ciento.
¿Por qué el 120 por ciento? Porque se basa en el principio de restitución en la ofrenda por la expiación que se encuentra en Levítico 5 y 6. Levítico 6:4-5 dice:
“Entonces, habiendo pecado y ofendido, restituirá aquello que robó, o el daño de la calumnia, o el depósito que se le encomendó, o lo perdido que halló, o todo aquello sobre que hubiere jurado falsamente; lo restituirá por entero a aquel a quien pertenece, y añadirá a ello la quinta parte, en el día de su expiación” (Levítico 6:4-5)
Ahora, este principio de restauración estaba bajo la ley de Moisés, pero entonces, ¿cuánto más podemos esperar restauración bajo el nuevo pacto de gracia? “un pacto mucho mejor con Dios, basado en mejores promesas” (Hebreos 8:6 NTV) ¡Es por eso que vamos a confiar en Dios por un 120 por ciento, y más, de restauración!
¿Debemos ayunar en el tiempo de la gracia?
La pregunta en estos días es ¿Por qué ayunamos? ¿Debemos aun ayunar en el tiempo de la gracia? El ayuno camina al lado de la oración, sin oración, el ayuno pierde su sentido espiritual, pero todo depende de la perspectiva de cómo lo vemos. Por ejemplo, algunas personas hacen de la oración una obra de la ley. Piensan que serán aceptados por lo mucho que oran o se sienten condenadas cuando no oran. Eso es malo, pero no debemos dejar de orar solo porque algunos la usan de manera religiosa. Lo mismo se aplica al ayuno, muchos lo convierten en un tipo de negocio con Dios, lo que está fuera del evangelio; pero ni por eso debemos dejar de ayunar.
En el capítulo 6 de Mateo, cuando Jesús compartía la constitución del reino, Él habló de tres cosas que todo discípulo haría y enseñó la manera correcta de hacerlo. Él dijo:
“Cuando, pues, des…” (v.2). “Y cuando ores…” (v.5). “Cuando ayunéis…” (v.16)
Ofrendar, orar y ayunar son las tres cuerdas de un cordón espiritual que no se rompe (Eclesiastés 4:12). Estas tres cosas, cuando las practicamos juntas producen solidez en la vida del discípulo.
Todos están de acuerdo con la oración, algunos ofrendan, pero muy pocos cristianos realmente poseen la disciplina del ayuno. Necesitamos recordar de que Jesús, quien podía todas las cosas, tuvo que ayunar, mucho más nosotros tenemos que ayunar para subyugar nuestra carne. Los evangelios nos muestran que el mismo Jesús practicó el ayuno, los líderes de la Iglesia primitiva también (Hechos 13:2), al igual que los padres de la Iglesia. Por tanto, el ayuno, debe ser parte de nuestras vidas y ser practicada de manera equilibrada dentro de la enseñanza bíblica.
El ayuno nos ayuda a crecer y conocer Su voluntad
Es interesante ver que Pablo, cuando se refirió a los falsos maestros, en la carta a la Iglesia en Filipo, dijo: “el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre (estómago) y cuya gloria es su vergüenza; que solo piensan en lo terrenal” (Filipenses 3:19). Tenemos que tener cuidado para no permitir que el estómago comande en nuestra vida y sea nuestro dios. Algunos, a la verdad, obedecen el estómago más que al propio Dios.
Comer, en sí mismo, no es una cosa mala, pero cuando el deseo de comer está por encima de todo, ahí se torna un peligro. Un deseo más fuerte de comer que buscar a Dios se torna en un enemigo. El Señor mira el corazón, pero tienes que tomar la decisión de sacar a tu estómago del trono y eso involucra disciplina. No existe discipulado sin disciplina y no existe disciplina más importante que el ayuno.
Ejemplos bíblicos:
Existen muchos ejemplos bíblicos que muestran que la indisciplina con la comida puede ser negativa. Sabemos que, desde el principio, el hombre cayó por el estómago y solo porque vio “…que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos…” (Génesis 3:6). El estómago fue el primero en caer.
Lo mismo pasó con Sodoma y Gomorra. Siempre pensamos que el pecado de ellos estaba relacionado con el sexo y perversiones, pero la comida también fue una causa. “He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso. Y se llenaron de soberbia, e hicieron abominación delante de mí, y cuando lo vi las quité” (Ezequiel 16:49-50).
Otro ejemplo es Esaú, él perdió la bendición por causa de un plato de comida. El autor de Hebreos nos advierte que no seamos como Esaú fornicario y profano. Cambiar las cosas espirituales por comida es tornarse inmoral y profano a los ojos de Dios. “No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura”(Hebreos 12:16).
Finalmente, todos conocemos el ejemplo del pueblo de Israel murmurando en el desierto. “Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne!Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos” (Números 11:4-6).
Dios tenía bendiciones sobrenaturales para el pueblo de Israel en el desierto, pero ellos prefirieron sus apetitos del cuerpo. Muchos no han recibido más de Dios porque aun son gobernados por el “rey estómago”. Dios quiere derramar sus bendiciones sobrenaturales en nuestras vidas, pero necesitamos entender que él desea que ayunemos y oremos para poder creer en cada unas de sus promesas ¡Amén!

