//Pr. Luis A. Núñez\\

El apóstol Pablo decidió y pidió quedarse en esta vida a causa de la iglesia, a causa de los hermanos, a causa de las personas y eso es porque no solo comprendió su propósito, sino que él amaba al Señor, amaba lo que el Señor ama, la iglesia.
“Me es difícil decidirme por una de las dos cosas: por un lado, quisiera morir para ir a estar con Cristo, pues eso sería mucho mejor para mí. pero, por otro lado, a causa de ustedes es más necesario que siga viviendo” (Filipenses 1:23-24)
La respuesta está en los versos anteriores, él amaba la iglesia, por lo tanto, amaba al Señor, porque Cristo es la iglesia. Pablo lo aprendió desde su conversión, cuando el Señor le dijo “Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?”. Aparentementel Saulo estaba persiguiendo a la iglesia, pero el Señor le dijo que lo estaba persiguiendo a Él. Quien ama al Señor ama a la iglesia, quien ama a la iglesia ama al Señor.
“Porque Dios me es testigo de cómo os amo a todos vosotros con el entrañable amor de Jesucristo. Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento” (Filipenses 1:8)
“Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Dí, Maestro. Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Dí, pues, ¿cuál de ellos le amará más? Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies. Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados” (Lucas 7:36-48)
Simón era un fariseo que invitó a Jesús a comer y en esta historia vemos dos tipos de respuesta que están relacionados con el perdón. El Señor dice que a quien se le perdona mucho ama mucho y a quien se le perdona poco ama poco, entonces Él nos muestra que la respuesta de amor por Dios está definida por la conciencia de perdón que tienes.
Observa algo tan interesante, vemos al fariseo frente a esta mujer pecadora, sus respuestas están en función de la consciencia de perdón, por causa de ello la honra del fariseo era limitada, su honra no era lo que realmente se esperaba, pero la mujer honró con todo lo que tenía.
El problema del fariseo fue el merecimiento, es creer que merecía de alguna manera ser bendecido y ese era el problema en general de los fariseos, por causa de sus esfuerzos por cumplir la ley, en realidad, esa era la levadura de los fariseos y es por eso que el Señor nos cuenta una parábola:
“Dos hombres fueron al templo a orar: el uno era fariseo, y el otro era uno de esos que cobran impuestos para Roma. El fariseo, de pie, oraba así: ‘Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás, que son ladrones, malvados y adúlteros, ni como ese cobrador de impuestos. Yo ayuno dos veces a la semana y te doy la décima parte de todo lo que gano. Pero el cobrador de impuestos se quedó a cierta distancia, y ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: ¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador” (Lucas 18:10-13)
Dos personas, una que cree que merece y otra que no merece.
¿Por qué es importante esta diferencia?
Porque el merecimiento no te lleva a tener consciencia del perdón, pero el reconocimiento de gracia te lleva a entender que sin merecer nada Él fue propicio a nosotros, sin merecer nada Él nos dio vida, sin merecer nada fuimos plenamente perdonados, entonces la respuesta es plena.
Tenemos perdón de pecados
“En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7)
“El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Colosenses 1:13-14)
“Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre” (1 Juan 2:12)
“Maridos, amad a vuestras mujeres,así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:25-27)
Delante de Dios somos presentados sin mancha por causa de la sangre derramada de Cristo en la cruz.
Pablo tiene una respuesta de amor
“… salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones. Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carreracon gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:23-24)
Presta atención a esto nuevamente, a quien se le perdona más ama más ¿cuál es tu consciencia de perdón? la respuesta es “ama lo que Dios ama”.
“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9)
Una respuesta de amor es predicar el evangelio, porque Él no quiere que ninguno perezca. Todo el que entiende que ha sido plenamente perdonado tiene una respuesta y es alcanzar vidas de personas. Usamos recursos para este propósito, vamos a orar por alguien. Esta semana vamos a ayunar por alguien, que los líderes hagan eventos puente. No nos cansemos de llevar personas al encuentro, amemos lo que el Señor ama.

