El camino de la gracia: contemplar a Jesús

//Pr. Eliud Cervantes\\

Tu fe crece cuando pones tus ojos en Jesús

La voluntad del Señor es que cada día nosotros podamos crecer más y más en el Señor, que nuestra fe pueda cercer. Hay una etapa en nuestra vida cristiana que nosotros somos niños en Cristo; sin embargo, la voluntad del Señor nunca será que permanezcas en ese estado.

“De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda” (1 Corintios 3:1-2)

En nuestra relación con Él, hay un tiempo para la “leche espiritual”, lo cual es la Palabra del Señor, es cuando somos “niños en Cristo”; y en esa etapa la actitud que debemos tener es de “deseo” para que así podamos crecer más y más.

“Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2:1-2)

Entonces, la fe crece cuando apartamos la mirada de nosotros mismos y contemplamos a Jesús: su perfección, su obra consumada y su amor inmutable: “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…” (Hebreos 12:2). La fe no crece al centrarnos en nosotros mismos. Hasta nuestra transformación se da sólo por “mirar” a cara descubierta al Señor.

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (1 Corintios 3:18)

Hasta el poder y la sabiduría provienen de contemplar a Jesús. La Biblia dice: “Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado… Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios” (1 Corintios 1:22-24). Para el creyente, tenemos la verdadera fuente del poder y la sabiduría de Dios: nuestro Señor Jesucristo mismo.

A veces, su poder actúa instantáneamente para sanar o liberar (Marcos 5:29-30). Otras veces, su sabiduría se despliega gradualmente, guiándonos paso a paso (Proverbios 3:5-6). En ambos casos, la provisión no proviene del esfuerzo, sino de contemplar al Señor.

Y esta contemplación no es pasiva. Contemplar a Jesús es fijar activamente la mirada de nuestro corazón en Él, meditando en su Palabra, adorándolo y siendo conscientes de su presencia en nuestra vida diaria.

La verdadera satisfacción en la vida está en contemplar a Jesús

La única manera de que nuestros corazones encuentren verdadera satisfacción es contemplando a Jesús. Podemos lograr mucho, poseer mucho y disfrutar mucho, y aun así sentirnos sedientos. El rey Salomón lo tenía todo: riquezas, sabiduría, placer y honor; sin embargo, su conclusión fue: “vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Eclesiastés 1:2).

Pero en el Cantar de los Cantares, Salomón escribe desde una perspectiva más elevada, hablando de una vida centrada en el Hijo. Aquí el corazón se llena, no de posesiones ni logros, sino del gozo en el Amado. La verdadera satisfacción no proviene de lo que tenemos, sino de quién es Jesús para nosotros. “él es todo un encanto…” (Cantares 5:16).

El Señor le dijo a la samaritana junto al pozo: “…Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás…” (Juan 4:13-14). Las cosas del mundo solo brindan alivio temporal. Pero cuando contemplamos a Jesús, Él sacia la sed más profunda del alma, incluso aquella que no podemos expresar con palabras.

A menudo, la inquietud que sentimos, la búsqueda constante de la próxima experiencia, del próximo éxito o incluso de la próxima distracción, no es un hambre física, sino espiritual. La Escritura nos recuerda: “…No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios…” (Mateo 4:4). Solo el Pan de Vida puede saciar verdaderamente el hambre más profunda de nuestro ser (Juan 6:35).

Contemplar a Jesús no solo es un remedio para el vacío interior, sino también la única manera de vivir en plenitud. Cuando nuestros corazones están arraigados en Él, encontramos un gozo constante, una paz permanente y una plenitud que nada en este mundo puede reemplazar.

Cuando adoremos, que Jesús esté presente en nuestros cantos. Cuando oremos, que Jesús sea el centro de nuestras oraciones. Y cuando prediquemos, que Jesús sea el eje de nuestro mensaje. Porque solo dándole el lugar central seremos verdaderamente nutridos y transformados.

Tus bendiciones son resultado de contemplar a Jesús

Todos anhelamos ver avances, milagros y abundancia en nuestras vidas. Y esto solo se logra cuando fijamos nuestra mirada en Jesús, descansamos en Él y disfrutamos de su presencia. Ningún esfuerzo, por mucho que nos esforcemos o nos empeñemos, puede hacer que las bendiciones de Dios se manifiesten.

La historia de Sara ilustra esto de forma contundente. Durante años fue estéril, y cuando el Señor le prometió un hijo en su vejez, se rió para sí misma: “…¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?” (Génesis 18:12). Observa lo que dijo: «¿Tendré deleite?» en lugar de «¿Tendré un hijo?». Su enfoque no estaba en el resultado, sino en la alegría de caminar con el Señor.

Hebreos 11:11 nos dice: “Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido”. La fuerza no provino del esfuerzo, sino de contemplar la fidelidad de Dios. Sara volvió su corazón al gozo en el Señor, y en ese gozo, ocurrió el milagro.

Este es el camino de la gracia: cuando nuestros ojos están llenos de Jesús, somos fortalecidos interiormente y la abundancia fluye hacia afuera. El milagro no se produce porque busquemos el resultado, sino porque nuestros corazones están entregados a Él. Y los avances, la sanación, la provisión, el gozo y la abundancia son las consecuencias naturales de una vida centrada en Jesús.

Así pues, contemplar a Jesús es vivir en constante comunión con Él: ver su belleza, recibir su gracia y ser transformados a su semejanza día tras día.

Preguntas para compartir:

  • ¿Cuándo nuestra fe va crecer?
  • ¿Qué sed puede calmar el agua que Jesús ofreció a la mujer samaritana?
  • ¿Cómo obtenemos las bendiciones del Señor?

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