Bondad y justicia

//Pr. Luis A. Núñez\\

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. (Juan 14:27)

Notemos que, inmediatamente después de que Jesús dijo: «La paz os dejo, mi paz os doy…», también dijo: «No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo». No dejes que tu corazón se preocupe ni que tenga miedo.

En este versículo, el Señor Jesús está usando dos verbos diferentes, que han sido traducidos como «dar» y «dejar». Existe una diferencia entre estos dos verbos: no es lo mismo dejar que dar. Ahora, el Señor dice que nos deja la paz y nos da su paz. Veamos, entonces, a qué se refiere.

JUSTICIA

Cuando el hombre pecó contra Dios allá en Génesis, se produjo una separación, una ruptura en su comunión con Dios. La vida de Dios salió del hombre; por tanto, Dios, que es Santo, Santo, Santo, no podría tener comunión con el hombre porque ahora su naturaleza era pecaminosa. Esto es denominado «enemistad», y la palabra «morir» significaba «separación». El hombre se separó de la vida de Dios; entonces, se tornó enemigo de Dios.

Romanos 5:12

Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

Esta naturaleza pecaminosa en el hombre definió su separación de Dios y, por lo tanto, la Biblia, por esa condición, lo denomina enemigo de Dios, extraño y desconocido.

Romanos 5:10

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

Colosenses 1:20-22

Y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él.

Estos versículos nos muestran la condición del hombre delante de Dios: éramos «enemigos», estábamos lejos de Él y ya no teníamos comunión con Él. Pero vemos que algo grande sucedió: Dios muestra su amor. ¿De qué manera?

Romanos 5:8

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

¿En qué consiste ese amor? ¿Cómo se expresa? Porque Cristo muere por nosotros.

Veamos:

Romanos 5:1

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Por esto se llama el evangelio de la paz.

Efesios 6:15

Y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.

Por los versículos anteriores te diste cuenta de que entre la humanidad (desde Adán) y Dios se produjo una separación por causa de la naturaleza: el hombre ahora es pecador y Dios es santo, por lo que la humanidad se tornó enemiga de Dios. Ahora bien, Dios no nos perdonó basándose en su bondad; nuestra salvación y perdón son el resultado de la aplicación de la justicia de Dios. Él no cambia; es el mismo por los siglos de los siglos. Entonces, si Él nos hubiera perdonado basándose en su bondad, dejaría de ser justo, porque lo justo era que el hombre pagara por causa de su falla. Por eso, la ley establece que la paga del pecado es la muerte.

Si Dios hubiera basado su perdón en la bondad («nos perdonó porque es bueno»), entonces no sería confiable, porque no sería justo. Pero Dios es confiable porque Él no deja de ser lo que es. Su sí es sí y su no es no; el cielo y la tierra pueden pasar, pero su palabra no: esta permanece eternamente. Por eso dice en Romanos 15:13:

Romanos 15:13

Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.

El sentido en griego es: «El Dios que produce confianza» o «el Dios que da seguridad os llene de todo gozo y paz por el creer», es decir, «el Dios confiable». El apóstol Pablo pudo haber dicho simplemente «nuestro Dios» o «el Señor», pero dice «el Dios de esperanza», el Dios que produce confianza, el Dios que da seguridad. En realidad, es un preámbulo maravilloso, porque nos indica que, para recibir o ser llenos de todo gozo y paz, debemos creer que Dios es confiable; debemos tener la certeza de que nuestro Dios es un Dios confiable, el Dios que da confianza y seguridad, porque simplemente Él nunca deja de ser lo que es.

Entonces, Él mostró su amor aplicando el juicio sobre sí mismo. Se hizo hombre para aplicar sobre sí mismo su justicia y su ira; por eso, en la cruz se hizo pecado por nosotros.

2 Corintios 5:21

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

Esa es la garantía de nuestra fe: tenemos paz para con Dios. Esta no es la paz que sientes; no, esta paz es un hecho. La obra ya se hizo en la cruz. El acceso a Dios está libre por un camino vivo llamado Cristo. Esa paz es la ruptura de un muro infranqueable entre el hombre y Dios, causado por el pecado que entró en Adán.

Ahora esta paz, esta obra hecha en la cruz, está a disposición de todo aquel que, por la fe, puede tomar lo que Él hizo. Por eso debemos predicar y convencer a todas las personas, «forzarlas» a creer, como en el ejemplo dado en la parábola de la gran cena.

Lucas 14:23

Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.

Los que están en los caminos y vallados representan a las personas que necesitan ser convencidas de la obra consumada.

BONDAD

Ahora Él dice: «Mi paz os doy». Esto es el resultado de una relación personal con el Señor. La relación con el mundo ofrece un tipo de paz, y la relación con Cristo también nos da paz. ¿Cuál es la diferencia? El mundo llama paz a la ausencia de problemas. Por esto, cuando estás en problemas, muchos te ofrecen olvidarte de ellos con una «cerveza», con una actividad que rompa la rutina o con cualquier actividad de la «vida loca». Pero, al regresar a la realidad, lamentablemente todo continúa.

En cambio, la paz que da Cristo es la paz que, aun habiendo problemas y luchas, te permite tener estabilidad, bienestar y descanso, porque estás seguro de que Él está contigo y te ama. Su bondad te alcanza porque crees. ¡Es relacional! Por eso, esta paz supera todo entendimiento.

Todavía, este verbo «os doy» está en presente continuo; es decir: «mi paz te estoy dando», porque ciertamente somos constantemente propensos a turbar nuestro corazón, al desánimo, al cansancio, al sentimiento de soledad, a la desconfianza, etc. Lo peligroso de esto es que podemos formar hábitos de desánimo, de soledad, etc.

Esa paz, fruto de su bondad continua, va a producir en nosotros protección contra todas estas cosas.

Filipenses 4:7

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Entonces, la relación continua con el Señor te permitirá recibir de Él continuamente su paz y no permitirá que tengas un corazón turbado, preocupado o angustiado.

Serás lleno de paz y gozo. ¡Aleluya! Entonces, las personas a tu alrededor no lo comprenderán naturalmente, porque cuando deberías estar angustiado estás lleno de gozo, o cuando deberías estar destruido estás animado. Eso es el resultado de reconocer cada día su bondad y favor.

2 Corintios 4:7-18

Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros; que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De manera que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida. Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: «Creí, por lo cual hablé», nosotros también creemos, por lo cual también hablamos, sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros. Porque todas estas cosas padecemos por amor a vosotros, para que abundando la gracia por medio de muchos, la acción de gracias sobreabunde para gloria de Dios. Por tanto, no desmayamos; antes, aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

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