//Pr. Luis A. Núñez\\

Éxo 23:28 Enviaré delante de ti la avispa, que eche fuera al heveo, al cananeo y al heteo, de delante de ti.
Éxo 23:29 No los echaré de delante de ti en un año, para que no quede la tierra desierta, y se aumenten contra ti las fieras del campo.
Éxo 23:30 Poco a poco los echaré de delante de ti, hasta que te multipliques y tomes posesión de la tierra.
El Señor estaba ratificando la promesa de entregarles la tierra por heredad, pero les explica no solo lo que sucedería, lo que Dios haría, sino también les dice la actitud que debían tener.
Principio del obrar de Dios en la entrega de la promesa
1.- Intencionalidad
Éxo 23:30 Poco a poco los echaré de delante de ti, hasta que te multipliques y tomes posesión de la tierra.
Cuando vemos este verso en Éxodo, en el que Dios le dice que poco a poco echará a sus enemigos, progresivamente le dará una victoria, podemos entender que hay una condicionante que tiene que ver con la fe, porque la multiplicación en medio de una guerra, naturalmente, es incierta, es una idea remota; pero más bien aquí es el resultado de la confianza plena y de la certeza de una victoria que se la daría el Señor. En realidad, en el idioma original esta expresión «hasta que te multipliques» es «… mientras seas fructífero»; esto de por sí ya habla de intencionalidad, de actitud. Por ejemplo, en la historia de Gedeón vimos que los miles que retornaron por miedo y falta de compromiso total no recibieron condenación alguna, pero sí había la necesidad de una respuesta para pelear contra los amalecitas; y aunque al final la victoria era del Señor, Él quería un canal de fe para esa victoria. Trescientos hombres fueron ese canal, que creyeron en que tocando el cuerno del carnero, rompiendo la olla de barro y levantando la antorcha vencerían. Hoy, para nosotros, todo eso es la confianza plena en la obra consumada; siempre hay necesidad de respuestas de fe para ser parte del proyecto celestial de salvación de este mundo. Es intencional; el inicio de la fe es intencional, nos lleva a tener una actitud muchas veces inusual, pero fundamentada en la promesa. Por ejemplo, vemos una actitud interesante en una historia de un ciego llamado Bartimeo:
Mar 10:46 Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando.
Mar 10:47 Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!
Mar 10:48 Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!
Mar 10:49 Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama.
Mar 10:50 Él entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús.
Mar 10:51 Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista.
Mar 10:52 Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.
El Señor fue a la ciudad de maldición
La Biblia dice que el Señor fue a Jericó; esta era la ciudad de maldición. Josué la maldijo (Josué 6:26), todos gritaron a una y la ciudad fue arrasada; nadie debía tomar nada de ella porque pertenecía a Dios, era la primicia (Josué 6:18-19).
Jos 6:26 En aquel tiempo hizo Josué un juramento, diciendo: Maldito delante de Jehová el hombre que se levantare y reedificare esta ciudad de Jericó. Sobre su primogénito eche los cimientos de ella, y sobre su hijo menor asiente sus puertas.
Jericó era la ciudad maldita, nadie podría edificar, era tierra de maldición. Sabes que Cristo vino para la tierra de maldición; este mundo estaba sujeto bajo maldición. Él vino a cambiar la maldición en bendición, la tristeza en gozo, ¡Aleluya!
La Biblia dice que cuando salió de Jericó, con sus discípulos y una gran multitud, estaba Bartimeo, hijo de Timeo. «Bar» en arameo significa «hijo», lo mismo que «ben» en hebreo; ambas lenguas tienen similitudes, y «Timeo» en hebreo es «tamé», que con frecuencia en Levítico se usa para definir «impuro», entonces su nombre es «hijo del impuro». Alguna cosa terrible hizo el padre del ciego para que lo estigmatizaran como el hijo del impuro; era pobre y ciego, así es todo el mundo, así éramos sin Cristo, pobres y ciegos, y Él nos dio la oportunidad de volver a Él.
Sabes que Jericó es nombrada nuevamente por el Señor mostrando en el Nuevo Testamento su plan completo de salvación a manera de confrontar a un intérprete de la ley sobre su amor por el prójimo, veamos:
Luc 10:30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó (caída del hombre) y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron (quedó desnudo); e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto (separado, medio muerto por causa de la historia, pero en cuanto al plan de redención estaba muerto).
Luc 10:31 Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo (sacerdocio humano).
Luc 10:32 Asimismo un levita (la ley), llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.
Luc 10:33 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia;
Luc 10:34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.
Luc 10:35 Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.
Luc 10:36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?
Luc 10:37 Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.
Este hombre bajó de Jerusalén a Jericó, la tierra de maldición; esto habla de la caída del hombre. Y fue asaltado; el ladrón vino para matar, robar y destruir, y fue despojado, es decir, fue dejado desnudo. Recuerden que Adán dijo: «Tuve miedo porque estaba desnudo»; fue despojado de la gloria de Dios y quedó desnudo. Luego pasó un sacerdote y un levita sucesivamente, que representan el sacerdocio humano temporal y la ley, que no pueden hacer nada por la salvación del hombre. Pero pasa un samaritano, que representa a Jesús, que es movido a misericordia, lleno de compasión, lleno de amor, y se detiene y lo cura con vino y aceite: vino que representa la salvación por la sangre de Cristo (la obra de redención) y el aceite que significa consagración, es decir, Jesús nos salvó y nos hizo santos, santos para Él, ¡Aleluya! Luego al otro día (recuerden que «al otro día» habla de que acabó un tiempo y comenzaba otro) se fue; después de la obra consumada en la cruz, el Señor se fue al Padre, pero volverá. Él encargó al mesonero, que es el Espíritu Santo (llamado el Consolador), porque le dijo: «Cuida de él tú mismo», personalmente; ese es el énfasis en el griego, «tú mismo», en el mesón, que es la representación de la iglesia. La iglesia es el lugar de refugio, de cuidado, de protección y del obrar del Espíritu Santo.
Todavía observa otro detalle: le pagó dos denarios y le dijo: «Cuando vuelva, te pagaré lo que gastes de más». ¡Wow! Sabes que un denario es el salario de un día, ¿verdad? Entonces, dos denarios es el salario de dos días; es decir, Él volverá. Sabemos esto al inicio del tercer día (un día es como mil años, es decir, el sobrante de los días es el pago de lo que demoraría el tercer día). Él no nos da la fecha porque vendrá repentinamente. Él nos está confirmando su venida al tercer día, al inicio del tercer milenio después de su partida, y nos hallará en el mesón, que es la iglesia; allí debemos estar cuando Él venga, siendo cuidados y protegidos por el Espíritu Santo. Por eso el apóstol pablo dijo: «No dejes de congregarte, ¡cuánto más sabiendo que aquel día se acerca!».
Volviendo a la historia de Bartimeo, este estaba al borde del camino. En Lucas se detalla que Bartimeo preguntó a las personas: «¿Qué está pasando?», entonces le dijeron: «Jesús el Nazareno está pasando» (Lucas 18:35-37). Hoy esta expresión es honrosa, pero cuando lo crucificaron ellos colocaron la expresión en sentido despreciativo; esa expresión era negativa en aquella época (Juan 1:45-46, Juan 19:19).
Observa algo: el ciego Bartimeo escuchó que era Jesús el Nazareno que estaba pasando, y él gritó: «¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!». Él no gritó «Jesús de Nazaret», él gritó «Jesús, Hijo de David», con la última palabra «Janeni», que significa «ten compasión de mí». ¡Qué maravilloso! Las personas decían «Jesús de Nazaret», pero él vio más que todos ellos. El evangelio de Marcos fue el primero en ser escrito, entonces esa fue la primera vez que un hombre llamó a Jesús «Hijo de David». «Hijo de David» indica su reinado, porque David fue el rey escogido por Dios; Jesús tenía dos reivindicaciones al trono: una por el linaje de David y otra porque nació Rey. Este rey vino específicamente para bendecir.
En cuanto Bartimeo clamaba, muchos lo reprendían para que se callase. La multitud es siempre así: en un momento grita «¡Hosanna, Hijo de David!» y luego grita «¡Crucifícalo!»; por eso nuestra confianza debe estar plenamente en el Señor. No estés molesto con las personas, las mejores personas fallan. Con todo, cuando le decían a Bartimeo que se callase, él gritaba más fuerte todavía: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Él cree en el rey que vino para bendecir. Arrojó su capa, aquello que era su seguro, para depender de Jesús.
El Señor le pregunta: «¿Qué quieres que te haga?», y él le responde: «Maestro, que recobre la vista». Sabes, luego de darle la vista, el Señor no le dice: «¡Sígueme!» o «Estás obligado a seguirme»; Él nunca forzó a las personas que curó a seguirle, eso es gracia. Es cuando estas descubren cuán amadas y bendecidas son que ellas deciden seguirlo; solo damos porque recibimos de Él. Él tuvo una intencionalidad de fe, él no permitió que nada detuviera su ímpetu de fe, como su capa; él gritó a pesar de las voces que le decían «cállate».

