//Pr. Luis A. Núñez\\

- La señal de una virgen
En el Antiguo Testamento, si uno se volvía pobre y tenía deudas tenía que vender todas sus posesiones y si aún así no lograba pagarlas, el acreedor podía tomar su vida en esclavitud, pero el deudor podía ser libre mientras tuviera un pariente redentor. Este redentor debía tener tres características que apuntan a Jesús como nuestro redentor:
• Debía ser un pariente cercano. Esa es la razón por la que Dios hijo tuvo que convertirse en hombre.
• Debía ser rico. La riqueza, en el caso de Cristo, es tener sangre sin pecado.
• Debía querer redimir.
Cuando Adán cayó, el pecado contaminó su sangre y de esta manera el pecado pasó a sus descendientes. En consecuencia, a causa del pecado de Adán, todo hombre nace con el pecado en la sangre. Necesitábamos un salvador, pero no teníamos manera de salvarnos porque todos los hombres nacen con sangre contaminada por el pecado, su naturaleza es de pecado. De esta manera, todo hombre es un esclavo y un esclavo nunca podrá liberarse a sí mismo, ni a los demás. No importa cuán buena sea una persona, el pecado está en su sangre, en su naturaleza. El salvador tuvo que tener sangre sin pecado para poder pagar el precio de nuestra liberación.
Ahora veamos, esta señal fue dada por el profeta Isaías siete siglos antes de Cristo:
“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel” (Isaías 7:14)
Esta señal fue dada por Dios mismo, la virgen concebiría. Es una señal extraordinaria porque todos sabemos que esto es imposible, pero hay una explicación científica de por qué el Señor Jesús debería nacer de una virgen. En 1900, un médico judío llamado Karl Landsteiner descubrió los tipos de sangre. Postuló que existen cuatro tipos de sangre: A, B, AB y O. Hasta entonces, muchas personas morían después de recibir transfusiones porque no sabían que ciertos tipos de sangre no se mezclan. Al tipo de sangre AB se le llama receptor universal porque puede recibir de todos los tipos y al tipo de sangre O se le llama donante universal porque puede donar a todos, pero solo recibe de otro del mismo tipo. Este extraordinario descubrimiento ocurrió hace poco más de cien años, pero la Biblia ya hablaba de la vida en la sangre hace 3500 años (Levítico 17:14). Hoy en día es un hecho científico que el bebé no recibe ni una sola gota de sangre de la madre. Es a través de la placenta, que el bebé recibe nutrientes, proteínas y carbohidratos de la madre, pero ni una gota de sangre. Luego, la placenta purifica la sangre del bebé y transfiere las impurezas a la sangre de la madre desde donde luego es expulsada ¿Por qué es esto importante? Porque si Jesús hubiera recibido la sangre de María habría recibido la semilla del pecado presente en María. Si hubiera tenido un padre humano habría recibido la misma semilla a través del semen del padre. Los estudios dicen que por lo general el feto hereda el tipo de sangre del padre, cuando la sangre del bebé es incompatible al de la madre, al pasar las impurezas por el cordón umbilical, la sangre de las madre envía anticuerpos para defenderse y allí puede matar al bebé.
Cada niño nacido desde Adán nace con la semilla del pecado, teniendo en cuenta eso, Jesús necesitaba ser el hijo de Adán, pero no podía tener el pecado de Adán. En su sabiduría, Dios dispuso que la virgen quedara embarazada y hoy sabemos científicamente que nada de la sangre de María pasó a Jesús. Toda la sangre del bebé es producida por el propio cuerpo del bebé. Toda la sangre de Jesús vino de Dios mismo, no hubo participación de José ni de María.
Todos los bebés nacen para vivir, pero un día en el pesebre de Belén, en “Migdal Eder”, nació un bebé que vino a morir. En la cruz del Calvario, cuando derramó su sangre sin pecado, todos nuestros pecados fueron perdonados. No hay pecado tan grande ni tan sucio que su sangre no pueda limpiar. No hay principado ni potestad que la sangre no pueda derribar. La sangre de Jesús es la cosa más poderosa en todo el universo. La sangre del cordero cubrió nuestro pecado, anulando la condena de la ley y abriendo la puerta, que es Cristo, a la salvación.
- La señal del pesebre
Había pastores que protegían los rebaños por la noche de los ataques de lobos y otros depredadores. De repente, la gloria del Señor brilló a su alrededor. Donde está la presencia del Señor nunca hay oscuridad. Entonces se apareció el ángel del Señor y les dijo:
“No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre” (Lucas 2:10-12)
El ángel anunció el nacimiento del Salvador, no el de un juez o el de un legislador. No es un salvador que nos enseña cómo ser salvos, si no que Él mismo nos salva. Algunos piensan que simplemente nos salva del infierno y nos lleva al cielo, pero es mucho más que eso. El Señor no solo nos salva de la condenación eterna, nos salva de la enfermedad, nos salva de la pobreza, nos salva de un mal matrimonio, nos salva del lodo del pecado. No necesitamos un libro de instrucciones, reglas y leyes ¡necesitamos un salvador!
No necesitamos más moralismo para salvarnos. Ninguno de nosotros puede ser lo suficientemente bueno como para merecer la bendición de Dios. Cuando estábamos condenados a la muerte eterna, lejos de Dios, Él nos salvó. No necesitamos hacer nada, solo creer. Lo único que Dios no puede hacer es obligar al hombre a ser salvo o bendecido.
El ángel dijo que los pastores encontrarían a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Un pesebre es lo que hoy llamamos abrevadero, el lugar donde se coloca el alimento para el ganado. En los días de Jesús estaba hecho de piedra. El Señor nació para ser alimento del rebaño. Él es el pan que descendió del cielo.
Los ángeles no dieron más instrucciones, sin embargo, los pastores se fueron y llegaron directamente al lugar donde había nacido el Señor. Había cientos o miles de pesebres en Belén, pero parece que los pastores sabían exactamente de qué pesebre había hablado el ángel ¿Cómo supieron cuál era el pesebre? Para entender esto necesitamos conocer la profecía. El profeta Miqueas había profetizado 700 años antes dónde nacería el Mesías.
“Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miqueas 5:2)
Belén significa casa de pan y Efrata significa fecundidad. De aquella ciudad vino el verdadero pan del cielo a alimentarnos para que demos frutos para Dios. La profecía dice claramente que aquel bebé en el pesebre no apareció allí, sino que había existido desde los días de la eternidad. Él es Dios, es la palabra que se hizo carne y vino a vivir entre nosotros. Esta profecía dice cuál sería la ciudad, pero nada sobre la ubicación exacta. Para entender esto tenemos que ver otra profecía de Miqueas.
“Y tú, oh torre del rebaño, fortaleza de la hija de Sion, hasta ti vendrá el señorío primero, el reino de la hija de Jerusalén” (Miqueas 4:8)
La torre del rebaño es un lugar concreto que en hebreo se llama “Migdal Eder”. Primero supimos que nacería en Belén, ahora descubrimos que nacería en un lugar llamado Torre del rebaño (Migdal Eder). Migdal es atalaya en hebreo. Estas torres o atalayas se utilizaban para protegerse de los ataques enemigos, pero otras veces eran utilizadas por los pastores para proteger a su rebaño de los depredadores. Eder en hebreo significa rebaño. Pero ¿cómo sabemos que la torre del rebaño estaba en Belén? La torre del rebaño se menciona dos veces en la Biblia y la otra mención es en Génesis cuando Raquel, la esposa de Jacob, murió y fue sepultada en Belén.
“Así murió Raquel, y fue sepultada en el camino de Efrata, la cual es Belén. Y levantó Jacob un pilar sobre su sepultura; esta es la señal de la sepultura de Raquel hasta hoy. Y salió Israel, y plantó su tienda más allá de Migdal-edar” (Génesis 35:19-21)
La Torre de Eder es precisamente la torre del rebaño, pero aquí los traductores mantuvieron el nombre en hebreo. Y así descubrimos que está en Belén.
Alfred Edersheim, un historiador judío (La vida y los tiempos de Jesús el Mesías) explica cómo eran las costumbres judías en la época de Jesús. Dice que había un lugar en Belén llamado Migdal Eder y este era el lugar donde se criaban todas las ovejas que debían ser sacrificadas en el templo. Allí nacían y se criaban ovejas con el único fin de ser sacrificadas en el templo. Los sacerdotes llevaban las ovejas para parir en la Torre del rebaño y una vez nacido el cordero lo envolvían en un paño para evitar que sufriera alguna herida y así quedar descalificado para el sacrificio. Ahora, colocaron a este cordero (Jesús) en un pesebre. El Señor Jesús fue el cumplimiento perfecto de la profecía.
Cuando el ángel dijo a los pastores que encontrarían al bebé envuelto en pañales acostado en un pesebre, inmediatamente supieron dónde estaba. Finalmente llegó el sacrificio que pondría fin a todos los sacrificios. El verdadero sacrificio, pues todos los corderos del pasado no eran más que una imagen, un tipo. Había nacido en Migdal Eder, la Torre del rebaño. Él vino para ser sacrificado, Él vino para ser nuestro alimento, el pan de vida.
“Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16-17)
Muchas veces vimos que esta expresión “morirás” se refiere a la separación del hombre de Dios, a la separación de la vida de Dios, por la cual el hombre ya no tendría comunión con Dios y por tanto se tornaría en un ser natural.
Hay un dicho que dice que tú eres lo que comes, pues está basado en el principio de que todo lo que comes pasa a ser parte de ti, los nutrientes de todo lo que comes pasan a ser parte de ti, por eso un análisis de sangre tiene que ser efectuado en ayunas para no alterar los valores. Por ese principio muchas cosas en la Biblia están relacionadas al comer. Para poder tener un entendimiento mas amplio veamos lo siguiente:
En el Génesis vemos que la caída del hombre se dio cuando comió del árbol del conocimiento del bien y del mal, hemos dicho que este árbol representa una vida lejos de Dios, una vida basada en el conocimiento natural de las cosas, una vida dirigida por el propio entendimiento natural, donde ya no interviene Dios. Entonces el hombre hizo que toda esta naturaleza natural, que toda esta esclavitud del pecado sea parte de él por el comer, desde entonces hizo de su naturaleza una vida de independencia, lejos de Dios, se volvió en un ser natural. Toda propuesta de Dios, toda Palabra de Dios ya no era más parte de su ser, era ajeno a las cosas de Dios, se tornó enemigo de Dios, por lo cual su dirección y el destino de su vida fueron definidos por su razón, por su lógica, porque ahora esa es la naturaleza del hombre.
“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14)
Se presentan dos naturalezas, el hombre natural y el hombre espiritual. El hombre natural (Sensual, dirigido por sus sentidos) no percibe (No toma, no recibe, no acepta) las cosas que son del Espíritu, porque solo se pueden discernir espiritualmente, pero ¿Cuándo acaba esta condenación? ¿Cuándo cambiamos de naturaleza? la respuesta es simplemente cuando comimos de Cristo y ¿Cuándo comimos de Cristo? Cuando creímos en Él, eso significa que comimos del árbol de la vida. Tenemos una nueva naturaleza.
“Porque habéis muerto y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:3) .
Hemos muerto a la naturtaleza carnal natural y ahora tenemos vida en Cristo. Cristo es la expresión de nuestra vida, es nuestra victoria.
“De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente” (Juan 6:47-58) Percibe como en el versículo 47 y en el 54 el creer está relacionado al comer. Que nuestra vida esté enfocada en creer en Él, en su gracia, en su favor. Que por el creer estemos comiendo de Él, alimentándonos de Él. Este año será el año de las puertas abiertas.

