La clave para cada desafío: ver a Jesús

//Pr. Eliud Cervantes\\

Cada vez que participamos del culto o la reunión de la célula y escuchamos la Palabra predicada, debemos estar con plena expectativa de que el Señor puede obrar grandemente en nuestras vidas, Él puede liberarnos de cualquier atadura que aún experimentamos, como la depresión, tristeza, malos hábitos, etc., porque la respuesta para nuestras necesidades o desafíos en la vida es ver a Jesús, es recibir de Él.

Delante de tus desafíos, la respuesta es ver a Jesús

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” Jn 17:3

La vida cristiana se trata de conocer a Jesús. La respuesta para cada una de nuestras situaciones o desafíos que enfrentamos en la vida, se trata de ver a Jesús. Pero la pregunta es: y ¿cómo lo conocemos? ¿Cómo lo vemos? ¿Acaso contemplamos un retrato o una imagen? ¿Es una respuesta demasiado simplista o un consejo poco práctico decir eso? No se trata de ver un retrato de Jesús, sino de verlo en su Palabra.

La respuesta a cualquier desafío en las diferentes áreas de nuestra vida, en el trabajo, en la familia, en la crianza de los hijos, etc., es ver a Jesús. Y cuando lo vemos, de alguna manera, la perspectiva, la sabiduría llega, las impresiones divinas te guían; pero todo viene de ver al Señor Jesús.

Entonces, cuando miramos a Jesús, cualesquiera que sean nuestros desafíos, ya sea que estemos luchando contra la depresión, necesitamos ver a Jesús en la Palabra. Jesús mismo nos enseñó esto. El día que resucitó, pensarías que habría cosas muy importantes para hacer; pero lo primero que hizo fue secar las lágrimas de una mujer, luego se apareció a dos discípulos en el camino a Emaús (Lucas 24:13-35), y la palabra del Señor nos dice que sus ojos de esos discípulos fueron velados (v.16) para que no lo reconociesen en persona. Y ellos estaban tristes o decepcionados porque ellos creían que Jesús “redimiría a Israel” (v.21), pero Jesús cambió su corazón a través de algo poderoso: ver a Jesús en la Palabra del Señor.

El nombre «Emaús» significa «baños calientes» en griego. Los corazones de los discípulos se reconfortaron cuando Jesús les habló de sí mismo en las Escrituras (Lucas 24:32). Los dos discípulos, desanimados y abatidos por la noticia de la muerte de Jesús, ahora estaban con sus corazones ardiendo. ¿Por qué? Porque vieron a Jesús en Su Palabra.

En el corazón de las Escrituras: Jesús siempre es superior

Ellos habían apartado su mirada de Jesús y por ese motivo tenían tristeza, incredulidad en su corazón. En el libro de Hebreos, vemos que el Espíritu Santo nos quiere mostrar a través de los capítulos que Jesús es superior que todos. En el capitulo 1 Él es mayor que los ángeles, en otro capítulo, Él desplazó a Moisés, que era siervo, comparado con el Hijo de la casa. Y en el siguiente capítulo, eliminó el sacerdocio levítico y habló de un sacerdocio mayor y eterno, el de Melquisedec.

Inclusive Él es mayor que todos los hombres y mujeres de Dios que aparecen en la galería de los héroes de la fe del capítulo 11; es por ese motivo que en el capítulo 12 nos invita a «poner los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe…» (Hebreos 12:2). La palabra «puesto» en este versículo significa apartar la vista de otras cosas y fijarla en Jesús. El secreto para liberarte de la depresión y el desánimo es ver a Jesús.

¿Por qué Jesús les impidió a sus dos discípulos reconocerlo? Jesús consideró más importante que lo vieran en la Palabra que en persona. Hoy, todos tenemos el privilegio de ver a Jesús a través de su Palabra. Es más importante ver a Jesús en la Palabra que verlo en persona.

Todo el Antiguo Testamento trata de Jesús. El propio Señor Jesús lo dijo: “Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.” Jn 5:46

Vemos a Jesús en las profecías de Jacob sobre las tribus de Israel

Las profecías tratan sobre Jesús y el evangelio.

«Y llamó Jacob a sus hijos, y dijo: Juntaos, y os declararé lo que os ha de acontecer en los días venideros.”» (Génesis 49:1).

1. Jesús, aquel que te ayuda a triunfar sobre cualquier tropa

La bendición sobre la tribu de Gad

«Gad, ejército lo acometerá; Mas él acometerá al fin». Génesis 49:19

La palabra «Gad» es la palabra hebrea para «tropa». En Lucas 8, el endemoniado de Gadara estaba poseído por una «Legión», una tropa de demonios. En tiempos de Jesús, una legión del ejército romano constaba de al menos 6000 soldados; el endemoniado de Gadara tenía al menos 6000 demonios en su interior.

Sin embargo, a pesar de estar poseído, cuando el hombre se encontró con Jesús, lo reconoció de inmediato; reconoció en Jesús la respuesta. Y con una sola palabra, Jesús ordenó a la legión que lo dejara y el hombre fue liberado de la tropa de demonios que lo había aprisionado. ¿Sientes que hoy te enfrentas a una abrumadora tropa de enemigos? El Señor es quien te ayudará a vencerlos.

2. Jesús, el que te sana.

La bendición sobre la tribu de Aser

“El pan de Aser será substancioso, Y él dará deleites al rey.” Génesis 49:20

El territorio de Aser es donde se encuentra la ciudad de Tiro y también es el lugar más al norte registrado en los Evangelios al que Jesús viajó durante su tiempo en la Tierra. Jesús se encontró con la mujer sirofenicia en Mateo 15 en la ciudad de Tiro.

“Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.» Mateo 15:22

La mujer era gentil de Canaán, pero con la esperanza de que el Señor sanara a su hija, fingió ser judía, llamando a Jesús Hijo de David. Pero Jesús se negó a responderle cuando la mujer se acercó a él con el engaño. Cuando finges ser quien no eres, nunca podrás experimentar plenamente el amor que el Señor te tiene.

“Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos».” Mateo 15:26

Jesús compara la sanación con el “pan de los hijos”. En aquellos días, los judíos se referían a los gentiles como “perros”, pero aquí, Jesús usa el término cariñosamente, usando la palabra “perrillos”, que son amados en muchos hogares. Esto le dio a la mujer la oportunidad de revelar su verdadera identidad y creer que su hija también podía recibir la sanación a pesar de ser gentil.

El Señor vio eso como una gran fe y sanó a su hija en ese mismo instante (Mateo 15:28).
Jesús es el Sanador y también es quien da la sanación como un don. Si actualmente estás experimentando una condición física en tu cuerpo, puedes acercarte al Señor tal como eres. Él te recibe tal como eres y te sana tal como eres. Por tanto, cuando vemos a Jesús en Su Palabra, encontramos la respuesta para cada una de nuestras circunstancias o necesidades. Que cada día nuestra oración sea: “Espíritu Santo, muéstrame a Cristo en tu Palabra”. Es esa revelación que te va sustentar delante de cada desafío.

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