//Pr. Luis A. Núñez\\

“Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos (huios) de Dios.Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción (juiodesia), por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos (teknon) de Dios.Y si hijos (teknon), también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:13-17)
En esta porción de la Biblia se está usando dos palabras que se traducen como hijo: el huios (v.14) y el teknon (v.16), en otros versículos existen dos palabras más que se traducen como hijo, que en realidad habla de las etapas de desarrollo, como el nepios y el paidon, que más adelante apenas nombraremos.
El huios es un nivel de hijo maduro constituido y el teknon se refiere a más de una etapa de desarrollo, también a descendencia, hijo como descendiente o engendrado. Todos los evangelios y las epístolas, cuando se refieren a Jesús como hijo usan el huios..
La palabra adopción aquí viene del griego juiodesia que significa colocar como hijo. En el mundo occidental se piensa y entiende la adopción únicamente al hecho de tomar a un niño sin familia y hacerlo parte de una, sin embargo, en este contexto Pablo hace alusión a una costumbre en medio de los romanos, cuando el padre declaraba a su hijo como hijo maduro. Al culminar los años de la adolescencia de un muchacho, su padre determinaba cuándo era tiempo para que él pasara de la niñez a la edad adulta, generalmente alrededor de los 14 años o un poco más. En una ceremonia pública formal, habiéndose despojado de su toga infantil, se presentaba ataviado con la toga virilis (toga de la virilidad), la marca de su ciudadanía y su derecho a votar en la asamblea. Cuando el muchacho estaba listo, comenzaba la procesión rumbo al Foro. El padre reunía a sus esclavos, sus empleados, clientes, parientes y amigos, usando toda su influencia para que la escolta de su hijo fuera numerosa e imponente. En el Foro se agregaba el nombre del muchacho a la lista de ciudadanos y se le extendían formalmente las felicitaciones. Finalmente, todos regresaban a la casa, donde concluían el día con una cena festiva auspiciada por el padre en honor del nuevo ciudadano romano. Entonces se adoptaba como hijo a su propio hijo, algunos usan el termino español filiación para explicar esto, es decir, cuando el hijo había madurado y alcanzado una edad apropiada, determinada por el propio padre, entonces lo adoptaba, lo elevaba de status. Por el nacimiento o por ser descendiente, él era hijo teknon, pero la adopción lo convertía en un hijo huios. Con la adopción el hijo podía representar al padre, podía encargarse de la administración del negocio familiar, es decir, el nacimiento en la familia le daba derecho a la herencia, pero la adopción le hacía partícipe de la herencia, es decir, la adopción le daba una posición de madurez. Ahora, cuando llevamos esto a nuestra vida espiritual, un teknon es un nacido de Dios, un teknon tiene la naturaleza de Dios, pero un huios tiene el carácter de Dios.
Entonces volviendo a Romanos 8, la Biblia dice que si eres dirigido por el Espíritu eres un huios, es decir, has alcanzado madurez. No se nos ha anima a ser esclavos nuevamente, sino a ser adoptados (vencedores), huios, posición por la cual podemos clamar Abba Padre (A los esclavos jamás se les permitía decir Abba Padre). El Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos teknon, tenemos certeza de que tenemos la naturaleza de Hijos de Dios, esa seguridad es la revelación de Dios, pero debemos entender que también hemos recibido el deseo de ser un huios, un vencedor, tener el carácter de Dios.
En este punto es importante hacernos la pregunta ¿Por qué no disfrutamos la herencia de vida abundante? Simplemente porque somos aun niños.
“Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo” (Gálatas 4:1)
“De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos ¿no sois carnales? ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor” (1 Corintios 3:1-8)
Esta porción de la Palabra nos explica que los carnales son aquellos que no entienden la obra de Dios y la ven como un lugar donde tienes que ser partidario de alguien, cuando lo correcto es que deberían buscar la dirección del espíritu. Los carnales son los que creen que merecen gloria por ser los que sembraron o por ser los que regaron, al final el crecimiento lo dio el Señor. Todo es gracia, lo que realmente ayudará es que seamos huios, hijos maduros, dirigidos por el Espíritu, hijos que crean en la obra consumada.
A continuación, compartiré algunas porciones en la Palabra que nos muestran que no debemos ser carnales:
“Así que, hermanos, deudores somos (deuda es esclavitud), no a la carne, para que vivamos conforme a la carne;porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos 8:12-13)
“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21)
“Entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Efesios 2:3)
“Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:16-18)
Cuanto más creas en la obra perfecta hecha en la cruz, por la cual ahora eres lo que eres y contemples esa gloria, serás transformado en esa imagen, en lo que eres en Cristo.
Con base en esto quiero hablar hoy a los matrimonios algunos puntos importantes:
- Dejando de ser niños
Hay algunas porciones en la Biblia que hablan del concepto de amor que me emocionan:
“Fuerte como la muerte es el amor…” (Cantares 8:6)
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, sino que se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Corintios 13:4-7)
11Cuando yo era niño (nepios), hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; pero cuando ya fui hombre (casado marido), dejé lo que era de niño” (1 Corintios 13:11)
Es interesante como este último verso que citamos es el final de un capítulo que habla sobre el amor, una expresión tan fuerte que está ligada a la madurez. Para poder expresar este amor que es un fundamento sólido en la construcción de un matrimonio no podemos ser niños o no podemos tener una actitud de niños. Un niñoo niña no puede casarse, por lo menos las leyes aseguran que deben ser mayores de edad y justamente el gran problema es que muchas parejas viven con actitudes de niños y esto provoca grandes y serios problemas en la convivencia:
- Su forma de hablar
Hablan sin pensar o critican duramente si algo no es de su agrado apelando a la sinceridad. La sinceridad no es una licencia para expresar lo que nos parece sin ningún tipo de cuidado o consideración como nos parezca. Decir una verdad de forma desagradable, agresiva o chusca no es sinceridad, eso es maldad.
- Su forma de pensar
Son egoístas y nos les interesa esperar. Superponen su forma de pensar, es decir, la imponen, sin considerar el daño que podrían hacer. Para ellos lo importante es lo que ellos piensen.
- Su forma de juzgar
Generalmente juzgan por las apariencias. Es curioso, por lo general, los niños están pendientes de tu rostro, te juzgan o actúan en función de eso. El juzgar está referido también al actuar, pue un niño suele gritar, hacer berrinches, golpean, lanzan cosas, destrozan sus celulares, etc. Esas son características de niño.
¿Cuántos años tienes? ¿Qué piensas hacer con tu matrimonio? ¿Malgastar tus días dejando fluir tu mal carácter? te queda poco tiempo de vida en esta tierra, aprovéchala sabiamente.
El mayor problema es cuando las personas tienen apariencia de ser adultos, pero siguen siendo niños, en una situación de esa clase no se puede garantizar éxito en el matrimonio. Puedo expresarles mi deseo, mi fe, mi esperanza, pero solo los esposos pueden alinear el rumbo que están tomando con la línea trazada por Dios para ustedes, solo ustedes pueden decidir dejar de ser niños y asumir esta nueva etapa como adultos. La Biblia dice “cuando era hombre dejé lo que era de niño”. La palabra hombre aquí viene del griego usado también para esposo o marido, es decir “cuando ya fui esposo o marido deje lo que era de niño”.
Es tiempo de creer en tu nueva naturaleza y comportarte como tal, es tiempo de madurar expresando lo que eres santo y justo.

