//Pr. Luis A. Núñez\\
“Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos” (Juan 17:1-26)

Estos son momentos cruciales, el Señor Jesús está a punto de ser arrestado y tiene un tiempo para orar. En esa oración vemos el deseo de su corazón para con sus discípulos. Esta oración nos muestra el deseo del Señor para tu vida.
“Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son” (Juan 17:9)
El versículo nueve tiene una declaración que nos deja asombrados por el amor que Dios tienen por sus hijos. Él le dice al Padre “Yo ruego por ellos (sus discípulos)” e inmediatamente un detalle interesante, Jésus dice “no ruego por el mundo” ¿Cómo es esto? si bien la Palabra nos muestra que Jesús vino a salvar del pecado a este mundo y además que ama a este miundo, en este momento su clamor es por sus discípulos y no por el mundo.
Jesús realizó la obra redentora para salvar a este mundo. Sus últimas palabras en la cruz fueron “Todo está consumado”, es decir, todo está hecho para que este mundo fuera libre y salvo ¿Qué más podría hacerse? Es como si el Señor dijera “no necesito orar por el mundo, sino por mis discípulos, ellos necesitan mi protección en oración” y es así, pues hoy en día los hijos de Dios están en medio de una lucha grande, una lucha espiritual, necesitamos de la intercesión de nuestro salvador.
Observa algo, el Señor ama al mundo, murió por todo el mundo y desea que nadie se pierda, pero tiene un cuidado especial por los hijos. Los hijos son herederos, hijos son su habitación, hijos son la alegría del Señor.
“¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Romanos 8:34)
Ahora es necesario saber los motivos por los cuales el Señor rogó por nosotros. Veamos.
- Para que seas guardado del mal
“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Juan 17:15-16)
La palabra “mal” es muy amplia, habla de todas las cosas perversas que definitivamente están a tu alrededor, desde el ataque del maligno, hasta las adversidades. No seremos quitados de este mundo, pero si seremos fortalecidos para vencer. La solución no está en que seas retirado, sino que seas vencedor donde estás. Muchas veces creemos que la solución es ser sacados de donde estamos, pero no es el plan de Dios, su plan es que donde estamos seamos vencedores. Obviamente es claro que el mundo, el sistema de este mundo es un cumulo de males para los hijos de Dios, pero Dios quiere que en este mundo seas vencedor. Es importante que entiendas que tu naturaleza hace que ya no seas de este mundol, ahora tienes la naturaleza de Cristo.
- Para que no te pierdas
“Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese” (Juan 17:11-12)
El siguiente versículo nos muestra que el deseo en la oración de Jesús era que no te pierdas y hace alusión a Judas. Su deseo es que no claudiques, que no seas engañado sutílmente y que te mantengas en unidad con su pueblo. Estamos en un sistema que yace bajo el maligno, que trabaja para que te separes del cuerpo (iglesia), de una u otra forma el proyecto maligno es que te separes de su iglesia, que te separes de Él, porque la iglesia es el mismo Cristo.
- Para que seas lo que eres
“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17)
Santificar significa expresar santidad. El Señor oró para que por el poder de la Palabra seas transformado en lo que eres, por la palabra de verdad seas llevado a expresar lo que eres, tú eres santo. La santificación te lleva a ser lo que eres y eso es a través de la revelación de la Palabra. Su deseo es que la Palabra te lleve a expresar tu verdadera naturaleza.
- Para que seas un gran evangelista
“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos” (Juan 17:20)
El Señor hace una oración de cadena a través de los tiempos, Él dice: “no oro por estos solamente” esto es en tiempo presente, “sino por aquellos que han de creer” aquí se proyecta al futuro, es decir, el Señor oró por aquellos que te predicaron la Palabra y también está orando por ti, para que ahora seas fortalecido y además por aquellos a quienes les predicarás y creerán ¡esto es tremendo! es decir, tú eres el resultado de la oración del Señor Jesús y ahora el oró por quienes tú les predicarás.
“Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo” (Juan 17:18)
Cristo te envió al mundo, eres el enviado del Señor, por eso dice la Palabra que eres su embajador.
- Para que seas conocido como el amado
“Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Juan 17:23)
El mundo debe conocer que eres amado, de la misma forma como Juan se encargó de hablar del discípulo amado. Cuando hablas de Dios hablas de cómo te ama ¿qué tipo de Dios muestras al mundo? ¿el Dios de las prohibiciones, el Dios del castigo o el Dios que te ama? Yo estoy para recordarte que eres amado, a través de su Palabra, de los testimonios. Aun cuando no merecemos nada Cristo nos ama.
- Para que estés donde Él está
“Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:24)
Esto produce confianza porque el deseo de Cristo es que estés donde Él está. La palabra “ver” es experimentar, ser parte de su gloria, es decir, Él quiere que estés donde Él está para que experimentes su gloria.

