3 niveles de honra

//Pr. Miguel Bautista\\

“En las tierras de Efraín vivía un hombre zufita de Ramatayin. Su nombre era Elcaná, hijo de Jeroán, nieto de Eliú y bisnieto de Tohu. Tohu era hijo de Zuf, de la tribu de Efraín. Elcaná tenía dos esposas. Una se llamaba Ana, y la otra Penina. Penina tenía hijos, pero Ana no. Cada año Elcaná viajaba de su pueblo hasta Siló para adorar al Señor Todopoderoso y ofrecerle sacrificios allí. Ofni y Finés, hijos de Elí, servían como sacerdotes del Señor en Siló. Cuando Elcaná ofrecía sacrificios, le daba una parte de los alimentos a su esposa Penina y a cada uno de sus hijos, pero siempre le daba la misma cantidad a Ana porque era la esposa que él amaba, aunque el Señor no le había dado hijos a Ana. Penina siempre molestaba a Ana y la hacía sentir mal porque el Señor no le permitía tener hijos. Cada año sucedía lo mismo cuando la familia iba al santuario del Señor en Siló. Un día Elcaná estaba ofreciendo sacrificios, pero Ana no comía nada en la fiesta porque estaba molesta, y lloraba. Elcaná, su esposo, le dijo: «Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué no quieres comer? ¿Por qué estás triste? Me tienes a mí, yo soy tu esposo. Deberías pensar que yo soy mejor que diez hijos». Después de comer, Ana se levantó calladamente y se fue a orar al santuario. El sacerdote Elí estaba sentado en una silla cerca de la puerta del santuario del Señor. Ana estaba muy triste y lloraba mucho mientras oraba al Señor. Le hizo una promesa a Dios: «Señor Todopoderoso, mira lo triste que estoy. ¡Acuérdate de mí! No me olvides. Si me concedes un hijo, te lo entregaré a ti. Será un nazareo: no beberá vino ni bebidas embriagantes y nunca se cortará el cabello». Ana oró al Señor durante largo rato. Elí observaba los labios de Ana mientras las palabras en voz alta. Así que Elí pensó que Ana estaba borracha y le dijo: —¡Has tomado demasiado! Es hora de guardar el vino. Ana contestó: —Señor, no he tomado vino ni cerveza. Estoy muy afligida y le estaba contando mis problemas al Señor. No piense que soy una mala mujer. He estado orando todo este tiempo porque estoy muy triste por tantos problemas. Elí contestó:

—Ve en paz. Que el Dios de Israel te dé lo que pediste. Ana dijo: —Espero que usted tenga un buen concepto de mí. Luego Ana se fue, comió algo y se sintió mejor. Temprano, a la mañana siguiente, la familia de Elcaná se levantó, adoraron al Señor y luego regresaron a su pueblo de Ramá” (1 Samuel 1:1-19)

Ana se honró así misma

  • Debemos aprender a honrarnos con nuestras decisiones, acciones, etc.
  • Si queremos entrar al segundo nivel debemos aprender a escoger nuestras amistades, las cosas que vemos y escuchamos, ya que somos templo del Espíritu Santo.
  • La honra inicia primero con nosotros, ya que si nos honramos como hijos de Dios podremos honrar nuestras casas y a Dios. Ana honró su casa y a su esposo.

Ana honró a su familia, a su casa

  • Es en casa donde nosotros salimos aprobados para afrontar y salir aprobados para nuestro futuro matrimonio. La Biblia dice “maridos amén a sus mujeres y mujeres sujétense a sus maridos” (Efesios 5:25) y también habla de no andar en la carne (Gálatas 5:16).
  • La Biblia nos exhorta a honrar a nuestros padres para que tengamos larga vida y todo nos vaya bien (Efesios 6:4).

Ana honró al sacerdote en el templo

  • Ana honró a la persona que Dios colocó en el templo (Pastor, líder, etc.).
  • Ana honró el lugar donde Dios la colocó en su perfección y bondad.
  • Ana no se molestó y dijo “Largo a todos” y terminar yéndose a otra célula u otra iglesia. A la verdad, Dios nos puso en el lugar cierto y correcto, en el lugar en el que Él cree que vas a crecer y prosperar.
  • ¿Sabes cuándo nos damos cuenta que alguien tiene un corazón de honra? cuando tiene motivos para no honrar, pero aun así lo sigue haciendo.

Al final Ana honró a Dios y entregó a su hijo.

“Y le dijo: —Perdón, señor, yo soy la misma mujer que usted vio orar al Señor. Le aseguro que lo que digo es cierto. Oré por este hijo y el Señor contestó mi oración, dándomelo. Ahora se lo entrego al Señor y él servirá al Señor toda su vida. Entonces Ana dejó ahí al niño y adoró al Señor” (1 Samuel 1:26-28)

“Elí bendecía a Elcaná y a su esposa, diciendo: «Que el Señor te dé más hijos con Ana en pago del niño que Ana prestó y dedicó al Señor». Elcaná y Ana regresaron a casa, y el Señor fue bondadoso con Ana concediéndole tres hijos y dos hijas, mientras Samuel crecía sirviendo al Señor” (1 Samuel 2:20-21)

Probablemente Samuel ya tenía más de 3 años, porque ya fue destetado y comía alimentos sólidos. Pienso que no fue fácil para Ana, pero ella honró a Dios y entregó a su hijo como lo había prometido.

Honramos a Dios cuando:

  • Valoramos el sacrificio de Cristo en la cruz y por ende nuestra salvación y posición ahora en Él.
  • Honramos lo que Cristo nos dio, ya sea célula, esposa, hijos, prosperidad, etc.
  • Todo lo que Él nos dio y nos bendijo es una puerta para seguir creciendo y avanzando en Él y lo usamos para su Gloria.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio