El maná en el desierto Cristo nuestro suplir completo

//Pr. Luis A. Núñez\\

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autoridad de la Iglesia

Yo soy el pan de vida.Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y aun así murieron.Este es el pan que desciende del cielo para que no muera quien coma de él.Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguien come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos discutían entre sí, diciendo: —¿Cómo puede este darnos a comer su carne? Jesús les dijo: —De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final,porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él., Así como me envió el Padre viviente y yo vivo por el Padre, también el que me come vivirá por mí.Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres, que comieron el maná y murieron; el que come este pan vivirá eternamente. Estas cosas dijo en Capernaúm, enseñando en una sinagoga” (Juan 6:48-59)

Jesús expresa claramente que Él es el pan de vida, Él es el maná del cielo que descendió en el desierto. Muchas de las cosas que Dios hizo en el Antiguo Testamento fueron una revelación de Cristo, en realidad toda la Biblia es Cristo céntrica, nos muestra a Cristo, nos muestra su gracia. Hoy, de la misma manera, debemos tener esa revelación de quien es Cristo en nuestras vidas. El Señor hace alusión al maná del desierto y dice que Él es ese pan que descendió del cielo, por lo tanto, veamos cómo es ese pan.

“Y cuando el rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra. Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer. Esto es lo que Jehová ha mandado: Recoged de él cada uno según lo que pudiere comer; un gomer por cabeza, conforme al número de vuestras personas, tomaréis cada uno para los que están en su tienda. Y los hijos de Israel lo hicieron así; y recogieron unos más, otros menos; y lo medían por gomer, y no sobró al que había recogido mucho, ni faltó al que había recogido poco;cada uno recogió conforme a lo que había de comer. Y les dijo Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana. Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés” (Éxodo 16:14-20)

  1. El maná es la provisión de Dios, así como Cristo lo es para nosotros

El maná era el sustento necesario. Se le permitía recoger un gomer (2.2 litros) por persona ya sea que la persona fuera gorda, flaca, niño o adulto. Para algunos puede ser insuficiente porque aparenta ser una ración muy pequeña, pero ese maná era suficiente, ya que durante 40 años solo comieron eso y no enfrentaron desnutrición, es decir, ese pan era suficiente, era un sustento completo, era todo lo que necesitaban, de la misma manera que Cristo lo es para nosotros. La revelación que hoy debemos tener es que Cristo lo es todo para mí, Él es suficiente. Si Cristo no llena todo tu ser, entonces no experimentarás plenitud de vida, por eso el Señor le dijo a Pablo:

“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:9)

  • Nuestra confianza debe ser plena

El maná no debía recogerse más allá de la cantidad que Dios estableció. La Biblia nos muestra que muchos recogieron más, lo guardaron, se pudrió y aparecieron gusanos ¿por qué? porque tu relación con Cristo debe estar basada en la confianza, en la fe. Si Cristo lo es todo esa debe ser nuestra confianza diaria, tu vida debe estar basada en la fe, pues todo lo que no proviene de fe es pecado ¿por qué? porque el pecado engendra muerte, al igual que la desconfianza, por eso el maná que recogieron y guardaron se pudrió y generó gusanos que son características de la muerte. Cada mañana debían despertar sabiendo que el pan estaba allí, no era solo esperanza, era certeza de que cada día el maná del cielo está a nuestra disposición.

Cuando no confiamos entramos en ansiedad y angustia y eso nos lleva a confiar en nuestras fuerzas, por eso preferimos asegurar de manera natural las cosas en lugar de esperar en el Señor.

Cuando no confiamos hacemos justicia en nuestras propias manos, porque no somos capaces de esperar en Dios para que sea Él mismo quien haga. David fue ungido como rey, pero tuvo que esperar que Dios mismo pusiera todo en su lugar. En un momento fue muy tentado en caer en la trampa de la justicia propia, pues siendo perseguido por Saúl para matarlo, tuvo la oportunidad de acabar con esa persecución estando en la misma cueva donde Saúl entró para hacer sus necesidades, pero fue aprobado porque confió en el Señor. El Señor dice “mía es la venganza” ¿por qué? porque la venganza no puede esperar a que sea Dios quien haga, desconfías de Dios y prefieres hacerlo tú.

Cuando desconfías produces hedor en lugar de olor fragante delante de Dios, la salvación es el resultado de creer y confiar en la obra de Cristo.

“Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?” (2 Corintios 2:15-16)

Todo el que entra en la desconfianza agoniza, sucumbe y se angustia. El Señor quiere que vivas en plena confianza, que entres en la gracia de Dios.

La confianza en el Señor se muestra en la siguiente historia.

“El Señor estaba con Judá, y él despobló las montañas; pero no expulsó a los habitantes del valle porque tenían carros de hierro” (Jueces 1:19)

               El texto dice “El Señor estaba con Judá” ¿No es maravilloso saber que el Señor está con nosotros? Eso es exactamente lo que quiere decir el nombre de Emmanuel “Dios con nosotros”, pero en esta historia leemos que no pudieron expulsar a los residentes del valle porque ellos tenían carros de hierro. Si el Señor está con nosotros, ¿qué podrían significar para Dios estos carros de hierro? Para Dios es como si estuvieran hechos de papel. Goliat estaba vestido con una armadura de bronce, pero fue derrotado con una piedra de un joven que tenía fe en Dios. Para entender por qué sucedió esto, debemos volver al inicio del capítulo.“Después de la muerte de Josué, los hijos de Israel consultaron al Señor, diciendo: ¿Quién de nosotros subirá primero a los cananeos para luchar contra ellos? Y el Señor dijo: Judá subirá; he aquí, he entregado la tierra en tus manos. Entonces Judá le dijo a su hermano Simeón: “Sube conmigo a la herencia que cayó sobre mí por suerte, y luchemos contra los cananeos, y yo también subiré contigo, que cayó sobre ti por suerte”. Y Simeón se fue con él” (Jueces 1: 1-3)                 El Señor dijo que Judá debería salir a la batalla primero y es importante que prestemos atención a esto pues este es un principio de vida que todos debemos tener en cuenta cada vez que enfrentemos desafíos, Judá, en hebreo “Jehudah”, significa alabanza, pero también viene del verbo לְהודות (se pronuncia lehodót), que significa agradecer. Este principio nos muestra que la alabanza también está relacionada al agradecer. Entonces ¿quién sube primero? Judá, la alabanza, la gratitud. Esa es la llave de David, cuando vimos que David en medio de toda lucha, en medio de toda crisis, lo que primero que hacía era alabar, entonces experimentaba victoria. La alabanza es una declaración de fe intensa, al cantar hablas lo que crees a viva voz, es una expresión de fe.                   Regresando al texto, el Señor le confirma que ya le entregó la victoria, que ya entregó toda esa tierra en manos de Judá, pero el siguiente versículo menciona que Judá le dijo a su hermano Simeón: “Sube conmigo a mi territorio, para que podamos luchar contra los cananeos; y también iré contigo para luchar por tu territorio. Entonces Simeón fue con él”. Nota que Dios no le dijo que llevara a Simeón, le dijo: “Ya los entregué en tus manos”, pero al apoyarse en su hermano limitó al Santo de Israel. Todos queremos el apoyo de la carne, el apoyo de los hombres, todos queremos personas a nuestro alrededor. Judá no sintió seguridad en lo que Dios había afirmado, él buscó seguridad en el apoyo de su hermano. Esto también le sucedió a Moisés, cuando Dios lo llamó por primera vez. Se suponía que debía hablar con el faraón, pero, repetidamente, dijo: “No puedo hablar, no puedo hablar” y Dios le dijo: “¿Quién hizo la boca del hombre?”. Entonces, finalmente Dios dice: “Toma a Aarón, tu hermano. Será tu portavoz”. Esta no fue la voluntad de Dios desde el inicio. Su deseo era que Moisés fuera el portavoz.                Cuando Dios nos llama, Él nos equipa. Entonces ¿cuál es el problema si tienen carros de hierro? El problema es que Judá llamó a su hermano para que lo ayude. Al principio hubo victorias, hasta que llegamos al versículo 19 y vemos qué sucedió al final. No pudieron expulsar a los residentes de las montañas debido a los carruajes de hierro. En otras palabras, cuando no confías plenamente en Dios, tu victoria es limitada. Todo depende de la fe.                No estoy diciendo que no debamos recibir ayuda de otros en medio de la dificultad, lo que digo es que primero debemos hablar con el Señor. Pídele a Dios dirección antes de pedirle consejo al hombre. Pregúntale a Dios antes de pedir la opinión de alguien.No estoy diciendo que no pidas consejo, sino que consultes primero al Señor. Ora al Señor primero, ve al Señor primero. Ten cuidado de limitar el poder de Dios. El Señor quiere hacer grandes cosas, pero todo depende de la fe, de la confianza que tenemos en Él.                Otra historia interesante la vemos en Jueces 4:4-9:

“Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora, profetisa, mujer de Lapidot;

y acostumbraba sentarse bajo la palmera de Débora, entre Ramá y Bet-el, en el monte de Efraín; y los hijos de Israel subían a ella a juicio. Y ella envió a llamar a Barac hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí, y le dijo: ¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel, diciendo: Vé, junta a tu gente en el monte de Tabor, y toma contigo diez mil hombres de la tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón; y yo atraeré hacia ti al arroyo de Cisón a Sísara, capitán del ejército de Jabín, con sus carros y su ejército, y lo entregaré en tus manos? Barac le respondió: Si tú fueres conmigo, yo iré; pero si no fueres conmigo, no iré. Ella dijo: Iré contigo; mas no será tuya la gloria de la jornada que emprendes, porque en mano de mujer venderá Jehová a Sísara. Y levantándose Débora, fue con Barac a Cedes”

Cristo es el pan de vida, es todo para nosotros, es la plenitud de nuestra vida, fuera de Él no quiero nada

“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” (Salmos 73:25-26)

Asaf, quien escribe este salmo, es un levita ¿sabías que los levitas no tenían herencia como todas las tribus? pero se les asignó vivir en las 6 ciudades de refugio. No tenían herencia y Asaf tiene la revelación del por qué, porque el Señor sería su porción de herencia, en otras palabras, Dios es nuestro todo. Para nosotros hoy esa herencia es Cristo, las ciudades de refugio son la representación de Cristo, esa es nuestra herencia, Cristo es nuestro suplir completo, Él es todo.

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