Experimenta la vida de resurrección.

//Pr. Eliud Cervantes\\

Recibimos la vida eterna en Cristo Jesús

La anterior semana vimos que en el bautizo nos identificamos con la obra completa de Cristo en la cruz del calvario. Nos identificamos con su muerte, su sepultura; pero también con su resurrección. Y no es solo identificarnos, sino esa es una realidad de vida. Dios nos llamó a vivir una vida de resurrección, y ¿qué es esa vida?

Cuando Jesús vino, su propósito principal fue darnos vida, y vida en abundancia (Juan 10:10). Muchos piensan que vino a convertir a los malos en buenos, pero vino a dar vida a los muertos. La muerte entró por el pecado del hombre, pero el don de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor (Romanos 6:23).

Dios quiere que experimentemos la vida en nuestro espíritu, alma y, sobre todo, en nuestro cuerpo. Por tanto, cada vez que nos sentimos deprimidos o nuestros sentimientos se tornan negativos, es señal de que la muerte se ha instalado en el ámbito de nuestras emociones. Dios desea que nuestro espíritu se llene de su vida eterna y abundante para que impregne nuestras almas y, posteriormente, nuestros cuerpos.

La «vida eterna», que en griego se traduce como «zóé aiónios», se refiere a la calidad de vida que Dios mismo experimenta. La vida eterna es la calidad de vida que tú y yo experimentamos gracias al sacrificio y la resurrección de Cristo. Cuando Jesús resucitó, tenía vida de resurrección en su cuerpo. Y esa misma vida de resurrección ahora llena también nuestros cuerpos mortales.

Los niños pequeños son un ejemplo de lo que significa tener una vida plena. Al observarlos, vemos que sus piernas se mueven constantemente, no por aburrimiento, sino porque rebosan vitalidad. En este pasaje, Pablo se refería justamente a esa época de su infancia.

«En otro tiempo yo tenía vida aparte de la Ley; pero cuando vino el mandamiento, cobró vida el pecado y yo morí.». Romanos 7:9 (NVI)

El pecado trajo la muerte en todas sus formas. Primero trae la muerte espiritual, luego la física. Como creyente, una vez que recibes a Cristo, nunca más morirás espiritualmente porque la vida eterna de Dios vence a la muerte. Ni siquiera tus acciones o pecados pueden arrebatarte esa vida, así que puedes estar seguro de la promesa de vida eterna de Cristo (Juan 10:28).

Todos los enemigos están bajo los pies de Jesús

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, 15 y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.” Hebreos 2:14-15

El temor a la muerte esclaviza a las personas, y es la raíz de todos los demás temores. El diablo es quien utiliza el temor a la muerte para mantener a las personas esclavizadas a ella. El diablo ha sembrado el miedo en el mundo entero, por ejemplo, con la pandemia que pasó. Todas las plagas que azotan al mundo son señales de la venida de Jesús. Deben saber que estas plagas no provienen de Dios, sino que ocurren porque el diablo presiente el regreso de Jesús. El diablo intenta aniquilar generaciones enteras y también usa el miedo para mantenerlas en servidumbre y esclavitud.

Durante su ministerio terrenal, Jesús recorrió el mundo sanando a todos los oprimidos por el diablo (Hechos 10:38). La enfermedad es una forma de opresión. Esto es lo que el mundo está experimentando hoy. Como creyentes, podemos tener ánimo, porque Jesús quiere sanarnos hoy.

Ahora, ¿Por qué Jesús vino como hombre? Como Dios, Jesús no podía morir. Por eso tuvo que encarnarse: para morir en nuestro lugar. Dios nunca quiso que el hombre muriera, pero cuando el pecado entró en escena, trajo consigo la muerte. Hoy, gracias a la obra consumada de Jesús, todos estamos sentados con Cristo a la diestra del Padre.

Todos los enemigos ya fueron derrotados en la cruz, pero en nuestra vida diaria los vemos ser puestos bajo los pies de Jesús. El último enemigo que será puesto bajo sus pies es la muerte física. El deseo del Señor es que experimentemos su vida de resurrección en todas las áreas de nuestra vida, aquí y ahora, en la tierra.

Nuestro futuro está seguro en Jesús, espera por Él

Como creyentes, no es la voluntad de Dios que vivas esperando experimentar fatiga, envejecimiento, enfermedad y, finalmente, la muerte. ¡La muerte es enemiga de Dios (1 Corintios 15:26)! La voluntad de Dios es que vivas con salud y plenitud en cada etapa de tu vida.

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21 el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.” Fil 3:20-21

Hoy en día, nuestra actitud cristiana consiste en esperar al Salvador desde el cielo, en lugar de esperar la muerte o mirar hacia la tumba. Hay una generación que no morirá, sino que será arrebatada para estar con el Señor. Tengamos esta actitud piadosa de esperar el rapto.

Es interesante que, de todas las cosas que el Espíritu Santo pudo haber elegido para decirnos acerca del rapto, eligió hablarnos sobre la transformación de nuestros cuerpos. Nuestros cuerpos, sujetos a la enfermedad, la debilidad y el envejecimiento, serán transformados en un cuerpo glorioso como el de Jesús. Sabemos que nuestros nuevos cuerpos serán físicos, pues el cuerpo glorioso y resucitado de Jesús estaba hecho de carne y hueso (Lucas 24:39). En nuestros cuerpos gloriosos, podremos aparecer y desaparecer en un instante y viajar por el universo, ya que nuestros cuerpos no estarán sujetos al tiempo ni al espacio, ni limitados por las leyes naturales de la tierra.

Enfoca tu mente en el Espíritu y recibe más de esa vida abundante

Cuando Dios nos creó, nos hizo a su imagen y semejanza: un ser tripartito. En nuestro caso, nos dio espíritu, alma y cuerpo. En lo más profundo de nuestro ser, somos espíritu, que recibe el aliento de vida de Dios. Tenemos alma y habitamos un cuerpo. Pero el espíritu es nuestro verdadero ser.

“Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. 11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.” Ro 8:10-11

Cuando recibes a Cristo, recibes el Espíritu Santo, que es vida (eterna, abundante, vida eterna ) y ese Espíritu mora en ti porque ahora eres la justicia de Dios en Cristo, y por causa de eso, nuestros cuerpos terrenales que están sujetos a la muerte hoy en día, a través del Espíritu Santo recibirá vida en el presente.

Romanos 8 comienza mencionando que ya no hay condenación para los que están en Cristo (Rom. 8:1 y Pablo menciona que la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús lo ha liberado de la ley del pecado y de la muerte (Rom. 8:2). Cuando ponemos nuestra mente en el Espíritu y no en las cosas de la carne, nos volvemos espiritualmente conscientes y no carnales (Rom. 8:5). Y cuando somos espiritualmente conscientes, tendremos vida y paz (Rom. 8:6).

Se consciente de tu justicia en Cristo y recibe más de la vida “zoe” en todo tu ser

El Espíritu cobra vida gracias a la justicia y produce vida; por tanto, hay poder en confesar que eres la justicia de Dios en Cristo. Es importante fijar tu mente en la justicia de Cristo, creerla verdaderamente, porque solo así podrás experimentar sus efectos. Cuando te concentras en el hecho de que eres la justicia de Dios en Cristo, la vida del Espíritu impregnará tu alma (mente y ámbito emocional), y así es como superarás las emociones negativas y las fortalezas como la depresión.

El alma es el puente entre el espíritu (la parte de ti donde reside la vida divina de Dios) y tu cuerpo físico. Por lo tanto, la clave para experimentar la vida divina en tu cuerpo físico es fijar tu mente en la verdad de que eres la justicia de Dios en Cristo. Porque esta es la verdad que libera la vida de resurrección en todo tu ser.

“y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; 10a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte.” Fil 3:9-10

El apóstol Pablo nos muestra que la justicia por la fe debe ser recibida, comprendida y estar presente en nuestra conciencia. Cuanto más la recibas, creas y confieses, más íntimamente conocerás a Dios.

Todos los creyentes hemos recibido la vida de resurrección en nuestro espíritu, pero Pablo habla de conocer a Dios y el poder de su resurrección que afectará nuestro cuerpo físico. Lo que precede a esto es saber que somos justos por la fe. Cuando seas consciente de tu justicia en Cristo por la fe, comenzarás a conocer a Dios más íntimamente y a experimentar su poder milagroso y su vida de resurrección.

Cuán importante es centrar nuestra mente en el Espíritu y ser conscientes de nuestra justicia ante Dios en Cristo por medio de la fe, pues eso es lo que desatará la vida de resurrección de Jesús en cada parte de nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo.

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