//Pr. Eliud Cervantes\\

Eres un rey-sacerdote en Cristo
Como Iglesia entraremos nuevamente en un tiempo especial de ayuno y oración. Durante este tiempo, el propósito es poder conocer mucho más a nuestro Señor Jesús y también ser una iglesia que está alineada con la voluntad del Señor que es la salvación de todas las personas (1Ti 2:4), y es por eso que todos los días estaremos orando juntos como Iglesia.
Debemos recordar que, desde el principio, incluso antes de que el hombre cayera en el jardín, la iglesia ha sido el sueño de Dios. La iglesia no es simplemente un edificio o un lugar donde nos reunimos los fines de semana. Somos la casa de Dios, y como dice Efesios 5:30, «porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.» Nos hemos unido a nuestro Señor Jesús mismo.
Piensa en lo que esto significa para ti hoy. Porque eres uno con Él, todo lo que pertenece a Jesús ahora te pertenece a ti: su paz, su sabiduría, su provisión. Por tanto, puedes acudir a nuestro Señor Jesús y depositar en Él tus preocupaciones. Lo que es imposible para el hombre es posible para Dios.
Estamos en el año de la multiplicación, y aunque haya pasado más de la mitad del año y tal vez aún no has visto esa realidad en algunas de las áreas de tu vida; debes tener ánimo mientras llega el cumplimiento de la promesa del Señor. Sin embargo, esa promesa comienza por saber quiénes somos en Cristo, lo cual influye en cómo vivimos, caminamos y nos comportamos como cristianos.
¿Quiénes somos, pues, en Cristo? Debido a su obra perfecta y consumada que nos ha purificado y transformado en nuevas criaturas en Él, la Biblia nos llama sacerdocio real en 1 Pedro 2:9. Pero, ¿qué significa esto? Bajo el antiguo pacto, los roles de rey y sacerdote estaban separados; pero hoy, porque estamos en Él y somos uno con Él, las mismas unciones reales y sacerdotales que fluyen en Él fluyen en nosotros.
Como sacerdotes, podemos acercarnos a Dios mediante la adoración, la oración y la acción de gracias. Recibimos de Él y disfrutamos del privilegio de estar cerca de Él. Luego, como reyes, podemos dirigirnos a las situaciones que se nos presentan y hablar con la autoridad que Él nos ha dado. Como dice Eclesiastés 8:4: «Puesto que la palabra del rey tiene autoridad…». Esto significa que nuestras palabras tienen peso. Por tanto, tú puedes proclamar su Palabra, Sus promesas con la autoridad que el Señor nos ha dado.
Fuimos creados para vivir la vida celestial
La verdad es que estamos en Cristo, y también en este mundo, pero no somos de este mundo. Y podemos elegir vivir con una mentalidad celestial en lugar de estar atados a lo terrenal y limitados por las costumbres del mundo.
Pensemos en Daniel. Cautivo en Babilonia y rodeado de una cultura que no honraba al Señor, Daniel se propuso no contaminarse con la comida que el rey les había ordenado comer (Daniel 1:8), y al final fueron hallados diez veces más sabios y entendidos que todos los demás en el reino (Daniel 1:15, 20).
El sentido de la historia no radica en que la dieta que seguían Daniel y sus amigos tuviera algo especial, sino en la bendición de Dios sobre ellos. Daniel y sus amigos se atrevieron a ser diferentes. Eligieron mantenerse fieles al Señor. ¿Y cuál fue el resultado? El Señor los apartó. De la misma manera, no tenemos que ceder ni seguir las costumbres del mundo solo porque los demás lo hagan. Podemos permanecer firmes en el Señor y confiar en su bendición sobre nuestras vidas. Y esta confianza para vivir de manera diferente comienza por saber quiénes somos. Ej: águila que creció entre gallinas.
Somos uno con Cristo y hemos sido llamados a vivir la vida celestial. Estamos llamados a cosas mayores. No tenemos que conformarnos con lo que tenemos ni seguir las costumbres del mundo. Y esta mentalidad celestial puede influir incluso en los aspectos más cotidianos de nuestro día. Todo lo que hacemos pueden tener un toque celestial cuando te das cuenta de quién eres en Cristo.
Nuestro Señor Jesucristo mismo nos mostró cómo se manifiesta esto. En el aposento alto, sabía que el Padre le había confiado todas las cosas y que venía de Dios y a Dios iba. Sin embargo, se inclinó y lavó los pies de sus discípulos (Juan 13:3-5).
Gracias a su seguridad en su identidad, podía realizar la tarea más humilde y aun así estar revestido de gloria. Asimismo, saber quiénes somos en Cristo no nos llena de orgullo. Nos libera para servir a los demás con la seguridad de nuestra identidad.
Estar en Cristo es estar al “abrigo del Altísimo”
¿Qué significa realmente para los creyentes estar en Cristo? El Salmo 91 nos ofrece una hermosa imagen de esto: «El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.» Sal 91:1
El salmo 91 está repleto de maravillosas promesas de la protección, la liberación y el cuidado del Señor. Y estas promesas pertenecen a aquel que «habita al abrigo del Altísimo». Para los creyentes de hoy, este lugar secreto es nuestro Señor Jesucristo mismo. Porque estamos en Cristo, estamos en el lugar secreto del Altísimo. Y amados, Dios no solo nos colocó bajo o cerca de Jesús, sino que hizo algo mucho mayor: nos unió a Cristo. Esto nos revela cuán cerca nos ha acercado Dios a Él y la posición que ahora tenemos en su Hijo.
Romanos 8:17 nos revela otra maravillosa verdad acerca de nuestra posición en Cristo: somos coherederos con Él. Y nuestra herencia no es algo que esperamos recibir algún día. Porque nuestro Señor Jesús ya murió y resucitó, hoy todo lo que Él tiene es nuestro.
Por eso es tan importante conocer nuestra posición en Él. Necesitamos saber lo que ya nos pertenece para poder poseerlo.
Y esto se aplica incluso a nuestra justicia. No esperamos a un futuro para ser justificados ante Dios. Mediante la obra consumada de nuestro Señor Jesús, hemos sido justificados en Cristo, ¡y así es como Dios nos ve para siempre!
Así pues, comienza a verte a ti mismo según tu posición en Cristo. Estás en el lugar secreto, sentado con Cristo a la diestra del Padre. Cuanto más se convierta esta verdad en una revelación y una realidad en tu corazón, más influirá en tu forma de comportarte y de afrontar cada circunstancia de la vida.
Mira a Cristo tal como lo es hoy
Para comprender nuestra posición en Cristo, es importante que veamos a nuestro Señor Jesús tal como es hoy. Los cuatro Evangelios nos ofrecen hermosos relatos del ministerio terrenal de nuestro Señor Jesucristo. Pero hoy, nuestro Señor Jesús ya no camina sobre la tierra como lo hizo en los Evangelios. Ya fue a la cruz, murió por nuestros pecados y resucitó. Hoy está sentado a la diestra del Padre, coronado de gloria y honor, «sobre todo principado y autoridad y poder y señorío» (Efesios 1:21). Esto significa que no estamos en Cristo como Él estaba antes de la cruz. Estamos en el Cristo resucitado y glorificado.
El Señor dijo que había verdades que aún no había revelado a sus discípulos. Por eso, en el aposento alto, les dijo: «Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar» (Jn 16:12). Muchas de las verdades celestiales sobre la iglesia y nuestra posición en Cristo fueron reveladas posteriormente a Pablo por Cristo resucitado. Esto se ve reflejado en las epístolas de Pablo. En Colosenses, advirtió contra la filosofía y las enseñanzas mundanas que desviaban la atención de Cristo. En Gálatas, advirtió contra el regreso de los creyentes a la ley. No debemos volver a someternos a la ley ni ver a Jesús solo como era durante su ministerio terrenal, sino reconocerlo como es hoy y comprender quiénes somos en Él.
Así que hoy, comienza a ver a nuestro Señor Jesús tal como es: resucitado, glorificado y sentado a la diestra del Padre, y mírate a ti mismo en Él.
Vive desde tu posición en Cristo resucitado y glorificado
¿Qué sucede cuando nuestra posición en Cristo se vuelve real para nosotros? Cambia nuestra forma de vivir, nuestra manera de afrontar las circunstancias de la vida, nuestra forma de orar e incluso nuestra forma de hablar.
Cuando sabemos que estamos sentados con Cristo en los lugares celestiales, ya no tenemos que responder a nuestras circunstancias basándonos únicamente en lo que vemos en el mundo terrenal. No estamos indefensos. Podemos recurrir a la provisión, la sabiduría y el favor de nuestro Señor, y caminar con confianza y autoridad en las situaciones que enfrentamos, podemos comenzar a declarar lo que Dios dice en su palabra.
Por tanto, conocer tu identidad en Él es clave para poseer la gran herencia que ya te pertenece en Cristo. Por eso Pablo oró para que recibiéramos:
«para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, 18 alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos» Efesios 1:17-18
Que estos días de ayuno, el Espíritu Santo te abra los ojos de nuevo a quién eres en Cristo. Que esta revelación transforme tu forma de vivir, pensar y hablar, así como la manera en que te relacionas con quienes te rodean. Estás en Cristo, y estarás en Él para siempre. ¡Todo lo que necesitas y tienes se encuentra en Él! ¡Aleluya!

