//Pr. Eliud Cervantes\\

Llena de vida tu situación de muerte con la Palabra de Dios
Como creyentes, nuestro ser espiritual ha sido redimido y justificado, pero vivimos en un mundo caído y experimentamos los efectos de la muerte a causa del pecado de Adán, por eso necesitamos la Palabra de Dios a diario. Como nuestros cuerpos aún no han sido redimidos, somos propensos a cometer errores y a no alcanzar la vida abundante que nuestro Señor Jesús nos compró en la cruz. La Biblia nos dice que la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23), por lo que estos errores traen consecuencias que nos pueden llevar a la muerte en diversas áreas de nuestra vida.
Podemos estar físicamente vivos, pero existe un proceso de muerte en acción y sus efectos son: cansancio constante, debilidad, enfermedad, depresión, etc. Sin embargo ¡Dios nos ha dado su Palabra para contrarrestar los efectos de la muerte en nuestras vidas! Echemos un vistazo a una hermosa porción de las Escrituras:
“Porque hay esperanza para un árbol cuando es cortado, que volverá a retoñar y sus renuevos no le faltarán. Aunque envejezcan sus raíces en la tierra y muera su tronco en el polvo, al olor del agua reverdecerá y como una planta joven echará renuevos” (Job 14:7-9 LBLA)
En la naturaleza, un árbol cortado desde la base moriría irremediablemente, pero los caminos de Dios son más elevados y trascienden más allá de las leyes naturales. Job 14:9 nos dice que el simple olor del agua puede hacer que este tronco rebrote y produzca nuevas ramas.
Esta es una imagen de lo que la Palabra de Dios hace por nosotros hoy. En la Biblia, se describe al hombre como un árbol (Salmos 1:3, 92:12, Jeremías 17:8) y la Palabra de Dios es como el agua que revive y restaura al hombre, incluso en las áreas que parecen completamente muertas. Así que, incluso si nos sentimos aislados o experimentamos alguna sensación de muerte, con el solo olor de la Palabra de Dios las áreas muertas de nuestra vida pueden resurgir. Así que ¡dedica tiempo a la Palabra todos los días!
Caminas en victoria cuando estás cerca a la Palabra
Hay un sacrificio en el libro de Números que implicaba las cenizas de una vaca alazana (Números 19:1-20). En este sacrificio, las cenizas se recogen y se colocan en vasijas. Al mezclarse con agua corriente, se convierte en el “agua de purificación” (vs 10 y 17), que se utiliza para purificar a quienes han estado en contacto con la muerte.
¿Qué significa todo esto para nosotros? La vaca alazana sin defecto representa a nuestro Señor Jesús, quien no pecó ni conoció pecado (2 Corintios 5:21, 1 Pedro 2:22) y sus cenizas representan su obra terminada por nosotros en la cruz. Por último, el agua corriente utilizada en esta ofrenda se refiere al agua de su Palabra.
Debemos saber que mientras estemos en esta tierra, en nuestra vida diaria, inevitablemente nos encontraremos con situaciones que nos desmoralizan. Estamos expuestos a conversaciones malas o a la negatividad del mundo, que pueden contaminarnos y afectarnos espiritual, emocional e incluso físicamente. Cuando esto sucede, necesitamos purificarnos con la Palabra de Dios para deshacernos de la contaminación que hemos experimentado. Sin embargo, no esperes que pase eso, tú puedes sumergirte continuamente en el agua de la Palabra. Cuando permanecemos en la Palabra de Dios, somos purificados y refrescados. Y cuanto más vemos a Jesús en la Palabra, más nos transformamos de gloria en gloria.
Algunos de nosotros podríamos haber estado experimentando preocupaciones, ansiedades y depresión, pero cuanto más tiempo pasemos en la Palabra de Dios, más experimentarán su sanidad y restauración.
Cuando nos mantenemos cerca de la Palabra de Dios podemos vivir en victoria. En Génesis 3:14 vemos que el alimento del diablo es el polvo, que son todos los pensamientos, emociones y contaminaciones negativas a las que estamos expuestos y que recogemos en nuestro diario vivir. Cuanto más nos lave el agua de la Palabra más podremos vivir en victoria.
Sé purificado por el agua de la Palabra
Algunos cristianos creen erróneamente que pueden perder su salvación si se contaminan o cometen errores y caen en pensamientos y comportamientos erróneos, pero eso está muy lejos de la verdad, pues la sangre de nuestro Señor Jesucristo nos ha lavado completamente de todos nuestros pecados, de una vez y por todas, pero ¿qué hay de Juan 13:8? ¿No se refiere a nuestra salvación?
“Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo” (Juan 13:8)
Jesús no dijo que Pedro no tendría parte con Él, ni en Él. Esto nos indica que el lavamiento de los pies no se refiere a nuestra salvación, sino a nuestro andar con el Señor y a nuestra amistad y comunión con Él. Puesto que ya estamos limpiados o lavados por la sangre de Jesús (Apocalipsis 1:5), solo necesitamos que nos laven los pies con el agua de la Palabra de Dios.
“Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:13-14)
Hoy puedes tener plena seguridad de tu salvación en nuestro Señor Jesús, pero ¿Significa esto que tenemos licencia para pecar? ¡Claro que no! Como creyentes, estamos llamados a una vida de excelencia moral. Y la manera de purificarnos de la contaminación y evitar la tentación es dejar que las Escrituras nos inunden.
“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1)
Este versículo revela que ser purificados de nuestra inmundicia es producto de dedicar tiempo a la Palabra y heredar las promesas de Dios. Gracias a la obra consumada de nuestro Señor Jesús hemos sido hechos justicia de Dios en Cristo. Cuando caemos en pecado nos contaminamos, pero al igual que una barra de oro sucia que es lavada por el agua ¡nuestra identidad justa en Cristo permanece inalterada! Para ser limpios de la contaminación, simplemente necesitamos ser lavados por la Palabra.
Recibes sabiduría divina al pasar tiempo en la Palabra
La Palabra de Dios no solo nos limpia, sino también nos da sabiduría y esto no significa ser solo inteligente, es más que eso, ella puede llevarnos a hacer lo correcto, incluso si no comprendemos del todo la lógica de lo que hacemos. La sabiduría divina también produce en nosotros amor y deseo por la excelencia moral.
“Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:14-15)
Estos versículos nos exhortan a perseverar en lo que hemos aprendido a través de las Escrituras. Cuanto más lo hagamos, más recibiremos la sabiduría de Dios para afrontar estos tiempos que vivimos. La sabiduría de Dios puede hacernos sabios, prosperar y tener éxito en la vida.
Somos “salvos” por la Palabra en cada área de nuestra vida
También podemos experimentar la salvación en cada área de nuestra vida cuando permanecemos en la Palabra de Dios. En 2 Timoteo 3:14-15, aprendemos que la Palabra de Dios puede hacernos sabios para la salvación. La salvación aquí no se refiere solo a ser salvado del infierno, también significa “curar, sanar y restaurar la salud”. Esto significa que cuando dedicamos tiempo a las Escrituras experimentamos plenitud y restauración. Por lo tanto, anhelemos poseer y heredar las promesas y bendiciones de Dios para nosotros detalladas en las Escrituras.
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17)
En el griego, la frase “inspirada por Dios” es theopneustos, de la raíz pneō, que significa respirar. En otras palabras, toda Escritura es respirada por Dios. Este es el mismo aliento de vida que Dios sopló en el hombre cuando lo creó del polvo. Así que, cuando pasamos tiempo en la Palabra, no se trata solo de recibir las palabras e instrucciones de nuestro Padre celestial ¡recibimos su aliento y vida!
Por último, la parte que dice “a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” en 2 Timoteo 3:16-17 se refiere a que estemos plenamente equipados con todo lo necesario para la vida a través de las Escrituras. En otras palabras, sea cual sea nuestra necesidad, ya sea debilidad, enfermedad o carencia, debemos acudir a la Palabra de Dios para recibir su provisión.

