//Pr. Miguel Bautista\\

“Qué pagaré a Jehová Por todos sus beneficios para conmigo? Tomaré la copa de la salvación e invocaré el nombre de Jehová. Ahora pagaré mis votos a Jehová. Delante de todo su pueblo” (Salmos 116:12-14)
¿Cuántos reconocen que el Señor a bendecido sus vidas? ¿Cuántos pueden agradecer a Dios por el alimento espiritual que reciben constantemente en este lugar? ¿Cuántos pueden decir con convicción que después de haber entregado su vida al Señor todo fue mejorando? Si es así, estás en la misma condición del salmista, pues él escribe un salmo que es una expresión de gratitud. Él hace una pregunta que toda persona que tiene un corazón agradecido debe hacerse ¿Qué le daré al Señor por todos los beneficios que me ha hecho?
Son innumerables los beneficios que todo ser humano recibe diariamente de parte de Dios, desde el aire que respiramos hasta el sol que nos calienta y el presente que lo tenemos de regalo. Y si hablamos de todos aquellos que fueron alcanzados por el poder del evangelio, los beneficios aún son mayores: tenemos la alegría de la salvación (No hay miedo a la muerte), el consuelo del Espíritu Santo (No tenemos dependencia emocional) y la orientación de la Palabra de Dios (Principios que guían nuestras vidas). Ejemplo: honra, amar al prójimo, etc. Son tantas cosas que nos faltaría tiempo para agradecer al Señor por cada una de ellas.
En el Salmo 116, vemos a alguien con una preocupación noble: “¿qué le daré al Señor por todos los beneficios que tiene para conmigo?”. Esta es la expresión central de este Salmo. 2 ideas salen del corazón de este hombre, cosas que no acostumbran ocupar la mente de la mayoría de personas.
- La primera es: “Dios me ha beneficiado”
Solamente las personas nobles se dan el trabajo de parar y reconocer lo que el Señor hizo y está haciendo por ellas. La mayoría sigue la vida como si todo fuera obra de ellos o lo peor, colocando su enfoque en las dificultades y manteniendo un corazón amargo hacia ellos mismos. Cuando reconoces que todo lo que tienes es gracia de Dios entonces tienes un corazón alegre. Que cada uno de nosotros seamos contados entre aquellas personas que reconocen que el Señor nos ha beneficiado en todo. Ejemplo: una persona que agradece lo que tiene hoy está abriendo puertas para tener más el día de mañana.
- La segunda es: “Necesito hacer algo para mostrar mi gratitud”
La pregunta ¿qué daré? nace del entendimiento de que la gratitud no puede quedar solo en la mente o el corazón de alguien, necesita ser expresada a través de actitudes prácticas, si quiero dar gracias a Dios por alguna cosa, entonces es mejor que yo lo haga por medio de acciones y no solo palabras. Una cosa es ser agradecido (Mente y corazón) y otra es vivir agradecido (Expresar con acciones la gratitud).
El salmista hace una pregunta: “¿Qué podemos ofrecer a Dios para expresar nuestra gratitud por tantas cosas maravillosas que hemos recibido de Él?”. La respuesta de David es sorprendente, él dice:
- Primera actitud: Tomaré el cáliz de la salvación (Salmo 116:13)
Aquí, él está haciendo una referencia a la copa de vino, que es parte de la celebración de la Pascua, que a su vez recuerda el día en que los israelitas fueron salvados de Egipto y que para nosotros los cristianos, simboliza el día en que Cristo no sacó de la esclavitud del pecado por su muerte en la cruz. Tanto para los judíos, como para nosotros, la gratitud a Dios por su salvación debe estar antes de cualquier otra cosa.
En la cena del Señor nosotros celebramos y recordamos con acción de gracias su muerte y resurrección. Nosotros agradecemos y celebramos por la comunión con el cuerpo de Cristo. David alcanzó la respuesta cuando entendió, por revelación, que un día el Hijo de Dios tomaría el cáliz de nuestra culpa y de nuestros pecados sobre sí mismo y se entregaría en la cruz para morir en nuestro lugar.
La verdad es que Jesús tomó el cáliz de nuestra salvación y lo bebió solo, para que a través de la fe en su obra redentora alcancemos vida eterna. De esta forma, la única manera de agradar a Dios es tomar el cáliz de la salvación, esto es reconocer su sacrificio, aceptar a Jesús como nuestro salvador y estar agradecidos por la nueva vida que estamos viviendo.
- ¿Estás agradecido a Dios por la salvación que tienes?
- ¿Estás agradecido a Dios por participar de la mesa del Señor?
- ¿Estás agradecido por compartir su Palabra y ser parte de la Iglesia?
“Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:18-19)
Tomar el cáliz de la salvación es ser agradecido a Él por la obra de salvación que hizo, por pertenecerle, servirle, vivir para Él y darle gloria por tantos beneficios. No podemos ser ingratos ante semejante sacrificio. La manera en la que puedes agradecer al Señor es valorizando tu nueva vida en Cristo, valorando tu salvación.
- Segunda actitud: Invocaré el nombre del Señor (Salmos 116:13)
Invocar el nombre del Señor es una forma de expresar que Él es la razón de nuestra vida, quien nos bendice, nos sustenta, nos guarda y nos da la victoria. Es tan común ver a muchas personas que después de una victoria invocan otros nombres, dioses, etc., pero nosotros como hijos de Dios reconocemos que todo es de Él y por Él.
“Unos confían en sus carros de combate, otros en sus caballos; pero nosotros confiamos en el nombre del SEÑOR nuestro Dios” (Salmos 20:7)
Siempre que tengas la oportunidad, dirige tu mirada al Señor, invoca su nombre, pues cuando invocamos su nombre, ÉL se manifiesta a nuestro favor. Dale la gloria de tus victorias a Él.
¿Qué daré al Señor por tantos beneficios? Invocaré su nombre en cuanto yo viva. Viviré de tal manera que exprese mi gratitud a Él en todo tiempo. Sea en mis angustias, en las dificultades, en mis desaciertos, dolores, en todo tiempo invocaré su nombre.
“Te alabaré con todo mi corazón; Delante de los Dioses te cantaré salmos” (Salmo 138:1)
Tú también puedes invocar el nombre del Señor en todo tiempo.
- Tercera actitud: Cumpliré mis votos al Señor (Salmos 116:14)
La palabra voto en hebreo es “neder” que significa prometer voluntariamente o dar alguna cosa sin obligación. O sea, no fue Dios quien pidió, fue uno mismo que, en algún momento de la vida, sea estando en una situación complicada o de bendición, sintió el deseo de ofrecer algo a Dios. En el momento en que tú decides internamente hacer algo para Dios, tú haces un voto, que es una expresión de gratitud por algún favor concedido o una promesa por algunas bendiciones deseadas. Por tanto, el voto es una promesa que alguien le da a Dios voluntariamente, no es obligatorio.
Al parecer, anteriormente, cuando el salmista hizo voto al señor, él prometió algunas cosas a Dios, como una manera de expresar gratitud con acciones por todo aquello que el Señor hizo con el salmista y justamente porque estamos agradecidos a Dios es que debemos cumplir los votos que le hicimos, es por gratitud que ofrecemos nuestras vidas y por gratitud a Dios también lo servimos, damos nuestros diezmos y ofrendas.

