//Pr. Luis A. Núñez\\

- Vida eterna
“Yo soy el pan de vida.Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y aun así murieron.Este es el pan que desciende del cielo para que no muera quien coma de él.Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguien come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos discutían entre sí, diciendo: —¿Cómo puede este darnos a comer su carne? Jesús les dijo: —De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final,porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.Así como me envió el Padre viviente y yo vivo por el Padre, también el que me come vivirá por mí.Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres, que comieron el maná y murieron; el que come este pan vivirá eternamente. Estas cosas dijo en Capernaúm, enseñando en una sinagoga” (Juan 6:48-59)
La mayor promesa de Dios en Cristo, a través de su muerte, es la vida eterna. En realidad el hombre fue creado para vivir eternamente y ser habitación del Dios vivo, por eso fue creado a imagen y semejanza de Dios, pero un dia el hombre decidió creer que podría vivir de forma independiente de Dios, decidió que no necesitaba de Él. Ese “creer” cambio su naturaleza, pues de una naturaleza espiritual pasó a tener una naturaleza carnal, bestial, animal, que no entiende las cosas de Dios. Desde entonces se volvió lejano a Dios, enemigo de Dios y perdió la oportunidad de vivir eternamente. El hombre comenzó a experimentar también la muerte física y la angustia de un futuro incierto después de la muerte. A partir de allí el diablo esclavizó al hombre con el temor a la muerte.
“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15)
Esa es la razón por la que hasta ahora está insertada en la naturaleza carnal del hombre el temor a la muerte y la única forma de ser liberados es a través del entendimiento, por la renovación en nuestra mente por la Palabra; solo así podremos entender cual es la voluntad buena, agradable y perfecta del Señor.
Solo los hijos de Dios podemos tener revelación plena de esta verdad porque es el propio Espíritu quien nos la otorga.
“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16)
Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, decidió darnos nuevamente la vida que perdimos, esto a través de la redención en Cristo. Él mismo fue nuestro redentor, haciéndose hombre y muriendo en la cruz en nuestro lugar, Él mismo llevó las maldiciones para que nosotros seamos bendición.
“Entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo” (Efesios 2:3-5)
Se otogó al ser humano la oportundad de poder comer del árbol de la vida que es Cristo y esa oportunidad viene a través de creer en la obra consumada, una obra que nos otorga vida, la vida de Dios. Dios solucionó el problema del pecado en la cruz y por eso en Él hoy podemos tener perdón de pecados. Cristo nos dijo que todo aquel que cree en Él (Quien coma de Él) tiene vida eterna ¡Tenemos vida eterna!
“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:11-12)
No podemos ignorar esto, este debe ser un fundamento de fe para nosotros.
“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis (angustia) como los otros que no tienen esperanza.Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él” (1 Tesalonicenses 4:13-14)
El apóstol Pablo esta enfrentado constantemente amenazas de ser encarcelado y ejecutado. La amenaza constante es que lo mataran y la Biblia dice que él mantenía la esperanza en la vida eterna, sabiendo que Dios no miente.
“En la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos” (Tito 1:2)
En el versículo 1 Pablo se presenta como siervo y apóstol y luego indica que se encuentra en la esperanza de vida eterna, en otras palabras, dice que lo que lo sostiene es la esperanza de vida eterna, él caminó en esa esperanza.
- El deseo de vivir en esta tierra para cumplir un propósito
“Pues espero firmemente que Dios no me dejará quedar mal, sino que, ahora como siempre, se mostrará públicamente en mí la grandeza de Cristo, tanto si sigo vivo como si muero. Porque para mí, seguir viviendo es Cristo, y morir, una ganancia. Y si al seguir viviendo en este cuerpo, mi trabajo puede producir tanto fruto, entonces no sé qué escoger. Me es difícil decidirme por una de las dos cosas: por un lado, quisiera morir para ir a estar con Cristo, pues eso sería mucho mejor para mí, pero por otro lado, a causa de ustedes es más necesario que siga viviendo. Y como estoy convencido de esto, sé que me quedaré todavía con ustedes, para ayudarlos a seguir adelante y a tener más gozo en su fe” (Filipenses 1:20-25 DHH)
Pablo dice que tiene un dilema, que le es difícil saber lo que en realidad quiere, morir o seguir viviendo. Él comparte que morir es mejor porque no hay mejor cosa que estar en la presencia de Dios, pero por otro lado está el propósito, él dice que es “necesario que siga viviendo por ustedes”. Hay muchas personas que quieren partir, pero no necesariamente para estar con el Señor, sino porque están cansados de esta vida y quieren huir, eso es muy triste, porque no es el plan de Dios. Sé que en momentos es difícil enfrentar las crisis, de hecho, el propio Señor nos dijo que en este mundo tendríamos aflicciones y que la idea de partir se presentaría a causa de esas aflicciones, pero ese sentimiento no viene de parte de Dios. Dios quiere que entiendas que estas aquí con un gran propósito. De la misma forma que Pablo, al mirar tu discipulado, tu célula, tu familia y este mundo, dirás “por causa de ustedes quiero aun quedarme, por causa de que aun hay gente que no conoce al Señor quiero quedarme”. En realidad no hay nada mejor que estar con el Señor, pero por causa de la necesidad que este mundo tiene de Dios, yo quiero quedarme.
La razón por la cual muchos renuncian es porque simplemente no han entendido el propósito, pues la mayoría entiende el propósito de su vida con base en las respuestas. Pablo decide quedarse por “ustedes”, pero ¿quiénes son esos “ustedes”? Pablo está hablando de personas, hijos de Dios, que en ocasiones son difíciles, pues están en el proceso de transformación, personas que muchas veces expresan respuestas negativas y carnales y entonces, cuando no hay las respuestas que deseas, simplemente renuncias, pero cuando entiendes que tu propósito es mayor que solo esperar respuestas, no renunciarás.
La Biblia dice que el Señor Jesús vino a lo suyo, pero los suyos no le recibieron, pero Él se mantuvo firme en su camino a la cruz, porque su propósito estaba claro. El encargo de salvarnos no dependía de la respuesta de las personas.
“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11)
“Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8)
Anhela cumplir tu propósito, no renuncies por causa de las respuestas, desea vivir para acabar tus días cumpliendo tu propósito. Predica el evangelio, todavía hay espacio en la casa, hay muchos que necesitan de Dios.

