El amor de Dios que no nos desecha

//Pr. Luis A. Núñez\\

Hemos hablado el anterior domingo acerca de la tierra que recepciona la semilla, porque es necesario ser una tierra fértil para creer en sus promesas, veamos una vez mas:

“Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo” (Isaías 32:17-18) 

El efecto o el resultado de la justicia es paz, es decir, la obra redentora de la cruz trajo paz con Dios, cuando la revelación de la justicia trabaja en ti a través del creer, produce descanso, confianza y reposo.

“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13) 

El sentido en el griego es: “El Dios que produce confianza los llene de todo gozo y paz por el creer” o “El Dios confiable”. El apóstol Pablo pudo haber dicho simplemente “nuestro Dios” o “el Señor”, pero dice “el Dios de esperanza”, es decir, el Dios que produce confianza, en realidad es un preanbulo maravilloso, porque nos indica que para recibir lo que nos ha prometido, debemos creer en ese Dios confiable, tener certeza de que nuestro Dios es un Dios confiable, el Dios que da confianza.

¿Por qué Dios es un Dios confiable? 

  1. Porque no cambia

Dios nunca cambió, siempre fue un Dios de toda gracia. David sabía eso, por eso declaró en el salmo 23:4:

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”                       

Este salmo hace un paralelo entre el pastor y las ovejas y Dios y nosotros ¿cuándo es que una oveja andaría por el valle de muerte y sombra? es simple, cuando esta se extravió, por su terquedad se fue lejos del rebaño y entró en un valle oscuro, tétrico y lleno de fieras, pero aunque decidió de manera errada, David dice “Tú estás conmigo”, por eso descansaré, estaré confiado ¡Aleluya! 

“Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos” (Malaquías 3:6)

Él no cambia, es el mismo por los siglos de los siglos, siempre fue un Dios de gracia. El contexto en el que Dios dice esto es cuando les exhorta por robarle los diezmos y las ofrendas, les dice: “desde vuestros padres me han robado, pero no los he consumido”, es decir su perdón se ha manifestado. El verso 9, de este mismo capítulo dice: “malditos sois”, pero no es que el Señor los está maldiciendo, sino les está manifestando la condición a la que llegaron, veamos Jeremías 17:5, 7 para entender que solo hay un razón por la cual una persona no daría su diezmo, no confía en Dios, pero si confía en sus propias fuerzas. Si leemos Malaquías 3:11  veremos que esa actitud abrió las puertas a un ente espiritual maligno llamado “el devorador” y además trajo como consecuencia en sus vidas la infructificación, pero por su gracia reprenderá a este ser maligno en tu vida, cuando el dice “yo” está expresando su compromiso, su amor, por tu confianza.   

“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón con la gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se han ocupado de ellas” (Hebreos 13:8-9)

“porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios” (2 Corintios 1:20)

Él es integro y la salvación es la mayor prueba de eso, su justicia y su amor, por eso Cristo es la garantía de la salvación. Dios es justo y como tal, tiene que aplicar su justicia, el hombre debe morir por causa del pecado, pero Dios nos ama, entonces su justicia y su amor se aplican en Cristo, Cristo es la muestra de su integridad, en Cristo se aplica su justicia y muestra su amor por nosotros, Dios no cambia.

  1. Porque su amor por ti no está basado en tu conducta 

“Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos” (Romanos 5:19) 

Por eso podemos entrar confiadamente a su presencia (Efesios 3:11-12, Hebreos 10:10, 15-25) tenemos libre acceso a su presencia gracias a la obra de Cristo, pero si su amor estaría condicionado por tu conducta, entonces no podríamos confiar, ya que estaría en función de ti.

Hebreos 10:10 dice que somos santificados de una vez por todas, pero para entender lo poderoso de esta afirmación recordemos que los sacrificios en el Antiguo Testamento pretendían tratar con el asunto de los pecados, pero eso solo era temporal y limitado, pero por otro lado, el sacrificio de Cristo hace posible la remisión de los pecados (verso 18), remisión quiere decir “enviar lejos”. Nuestros pecados han sido perdonados y enviados lejos para siempre.

“Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones” (Salmos 103.12)

¿Puedes imaginar lo lejos que está el este del oeste? así hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Considera también lo que dice Miqueas 7:19. A través de Cristo nuestras iniquidades fueron enviadas lejos, ya no hay más sufrimiento por el pecado porque no hay más recordatorio de este. El Espíritu Santo testifica a nuestros corazones y tenemos la bendición de ese nuevo pacto prometido. 

Por su amor no somos desechados

Cristo le pregunta a Pedro tres veces si lo amaba y aunque responde con un “te quiero” el Señor no lo desecha.

“Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas” (Juan 21:15-17)

A pesar de que Pedro manifestó no tener un amor incondicional, si no simplemente un “te quiero” el Señor no lo desechó.

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1 comentario en “El amor de Dios que no nos desecha”

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