Aprendiendo a perdonar (Quinto paso de fe)

//Pr. Eliud Cervantes\\

El perdón es muy importante, porque demuestra un principio espiritual muy serio: Dios trata contigo de acuerdo a la manera como tú tratas a tu hermano. Además de esto, Dios desea que nos tratemos unos a otros de la forma como Él nos trató, como dice Efesios 4:32:

“Antes sed bondadosos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”

La única barrera que hay para tus oraciones es guardar rencor y resentimiento. Si no perdonas a los otros, tampoco tú serás perdonado. El Señor Jesús nos enseñó a orar así “Perdónanos como también perdonamos a nuestro deudores” Es decir, a la medida que perdonamos somos perdonados.

“Por tanto, si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro padre celestial….” (Mateo 6:14-15)

  1. ¿Qué hacer?
  • No debes guardar resentimientos, aunque sean justificables.
  • No esperes el arrepentimiento del otro, para recién perdonarlo.
  • No alimentes el enojo en tu corazón, sino más bien trata con él rápidamente.
  1. El resentimiento produce esclavitud

La falta de perdón te mantiene en esclavitud, por los siguientes motivos:

  • El resentimiento es una de las causas de las enfermedades: “Mientras callé, mis huesos envejecieron” (Salmos 32:3).
  • El resentimiento te vuelve esclavo de la persona que te ofendió, tu mente y tus acciones estarán siempre en función de ella.
  1. Si tú ofendiste a alguien ¿Qué hacer?

Jesús dijo: 

“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti deja allí tu ofrenda delante del altar y ve, reconcíliate primero con tu hermano y entonces vuelve y presenta tu ofrenda (Mateo 5: 23-26)

  1. ¿Qué debe hacer la persona ofendida?

La primera cosa es arreglar con tu hermano. Jesús dijo que:

“Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo estando tú y él a solas” (Mateo 18:15)

No comentes con otras personas al respecto de tu enojo o resentimiento. Jesús dijo que si mi hermano pecara contra mí y se arrepintiera yo debo perdonarlo cuantas veces sea necesario (Lucas 17:3-4).

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