//Pr. William Sagarvinaga\\
“Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído, nuestros padres nos han contado, La obra que hiciste en sus días, en los tiempos antiguos. Tú con tu mano echaste las naciones, y los plantaste a ellos; Afligiste a los pueblos, y los arrojaste. Porque no se apoderaron de la tierra por su espada, Ni su brazo los libró; Sino tu diestra, y tu brazo, y la luz de tu rostro, Porque te complaciste en ellos” (Salmos 44:1-3)
La vida humana transita en un constante movimiento, ya sea programado o inducido, siempre nos movemos, el tiempo avanza y cada día parece llevar una batalla implícita, esto debe llevarnos a reflexionar sobre el cómo nos enfrentamos a estos tiempos que arremeten contra nuestra vida ¿Salimos victoriosos o estamos siendo derrotados? Como cristianos debemos entender que la victoria no solo consiste en obtener lo que esperábamos; en ocasiones actuar de manera positiva en medio de la aflicción es lo único que se requiere para llegar a superar nuestro calvario. Tenemos un Dios que nunca ha perdido una batalla, pero a nosotros nos cuesta entender quién va delante.
Vence el mal con el bien
“No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Romanos 12:21)
“No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gálatas 6:9)
Los conflictos se pueden generar de una o mil maneras, pero como hijos de Dios debemos estar dispuestos y atentos para dar lo mejor de nosotros ante cualquier circunstancia. El Señor quiere que hagamos todo con orden, calidad y amor, necesitamos dejar todo en sus manos. Notarás que muchas de las situaciones difíciles que has atravesado están relacionadas a conflictos familiares, de amistad o amorosos. Puede que te hicieran daño, que te hayan vendido, como paso con José y sus hermanos y aun así, debemos actuar con amor, bajo el poder de Dios y no con nuestras emociones, puesto que el amor y la misericordia son la forma que agrada a nuestro Padre.
Cada conflicto tiene una solución en Cristo. A veces lo que pensamos que es justo, lo que intuimos que otros merecen por sus acciones, no es lo que Jesús haría, por ello debemos aprender de Él, a manejarnos según su ejemplo. La venganza y la justicia le corresponden a nuestro Señor. Esta actitud será posible cuando comencemos a imitar los pasos del maestro.
La aparente derrota no dura para siempre
“No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10)
Retomando el ejemplo de José, notaremos como injustamente fue vendido, esclavizado y posteriormente encarcelado, a simple vista este hombre estuvo derrotado por mucho tiempo, paso de estar bien a ir de mal en peor, literalmente estaba derrotado para el hombre, lo que no sabían es que su victoria nunca estuvo en las circunstancias que atravesó, sino en el plan divino que Dios tenía para él.
Muchas veces notaremos que, aparentemente, no hay luz al final de nuestros caminos, pero esto común cuando vemos con los ojos naturales; como fieles creyentes debemos aprender a ver con la vista espiritual, a usar las promesas de Dios como nuestro lente, se nos dijo que venceríamos y así será, en su tiempo y momento preciso, su mano poderosa se manifestará y nos librará.
Agradecidos
“Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios” (Apocalipsis 19:9)
La duda no puede habitar tranquilamente en personas que decidieron creer en Dios y su palabra, por ello debemos actuar en consecuencia, veamos o no, creamos o no, el plan del Señor se cumplirá, está pasando en este momento, todo esta preparado para nosotros, aunque llegue de la forma que menos esperemos, vendrá la victoria, empecemos a dar gracias por ella.
Agradecer es una de las tantas formas en las que podemos manifestar adoración a Dios, tenemos tanto por lo cual debemos vivir en agradecimiento, desde que podemos abrir los ojos en las mañanas y podemos seguir respirando, las cosas mas simples y complejas, nuestro Padre nunca nos ha abandonado, sea cual sea la tormenta que estés viviendo, en su tiempo terminará y vencerás.
En medio de cualquier crisis debemos ser agradecidos, aunque pensemos que estemos atravesando el peor momento de nuestras vidas; créeme cuando te digo que siempre habrá alguien que la esté pasando peor, agradezcamos al Señor por lo que tenemos, olvidemos por un momento lo que nos hace falta, lo que anhelamos y apreciemos lo que ya se nos fue entregado, cambiemos el panorama y vivamos por fe.
El favor de Dios vence la dificultad
“También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido” (Juan 16:22,24)
En el Nuevo Testamento se nos dijo que viviremos aflicciones, problemas, dificultades, dolor y más, pero debíamos mantenernos confiados, porque todos estos problemas ya fueron vencidos en la cruz del calvario por el sacrificio de Jesús. Este maravilloso favor por parte de Dios está a nuestro alcance, realmente debería ser suficiente para resolver nuestras vidas, siempre y cuanto confiemos en Él.
Ninguna dificultad o problema tiene la fuerza necesaria para derrotar a nuestro Dios, nada ni nadie se compara con Él. Su favor ha sido el causante de que a pesar de todos los problemas que has enfrentado en el pasado hoy estés de pie. Seguiremos adelante porque así fue dicho, la victoria fue dada y ningún mal tiempo podrá hacerle daño a la niña de los ojos del Señor.
Conclusión
“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33)
Es inevitable atravesar momentos de dificultad, crisis, necesidad, tristeza o dolor, lo que podemos cambiar es el método que usamos para travesar dichos caminos llenos de problemas, podemos hacerlo solos hasta cierto punto, pero hay una mejor opción, podemos estar acompaños del Dios de dioses y Señor de señores, quien nunca ha perdido una batalla y que entregó todo en la cruz por amor a sus hijos.

