El deseo de la casa llena

//Pr. Luis A. Núñez\\

Lucas 14:23

El deseo de la casa llena no es nuestro deseo primigeniamente, sino el de Dios y porque este es su deseo, ahora se convierte en nuestro deseo.

El corazón de Dios es desvendado 

“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16) 

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9)

Su amor por la humanidad es mostrado en estos y en muchos más versos de la Palabra; su amor es tan inmenso que entregó a su hijo unigénito, para que a través de Él podamos tener vida eterna, pues no quiere que nadie perezca, Él desea que todos puedan tornarse en hijos.

“Y seré para vosotros por Padre y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (2 Corintios 6:18) 

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Juan 3:1) 

Los tres comienzos de Dios

Desde la eternidad estaba en el corazón de Dios tener hijos conforme a su semejanza. Dios intenta cumplir ese propósito por medio de Adán, pero Adán pecó y el propósito de Dios fue momentáneamente atrasado, pero hoy, en Cristo, su propósito es restablecido. 

El primer comienzo de Dios 

“En el principio, Dios creó al hombre, lo bendijo y le dijo: “Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra” (Génesis 1:28) 

Aquí Dios mandó que fueran fructíferos, es como si el Señor le dijera a Adán: “Quiero tener hijos. Yo te cree para ser mi hijo y ahora te daré la capacidad de transmitir a tus hijos mi imagen, la vida que yo tengo y que quiero que tú tengas ahora”, pero Adán pecó y no podía transmitir la imagen de Dios, pero infelizmente, sí su propia imagen caída. 

“Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set” (Génesis 5:3)

El hijo de Adán no fue engendrado a semejanza de Dios, sino a la de Adán ¿Por qué? Porque, al pecar, Adán perdió la imagen de la gloria de Dios.

“Porque el mismo Dios que mandó que la luz brotara de la oscuridad, es el que ha hecho brotar su luz en nuestro corazón, para que podamos iluminar a otros, dándoles a conocer la gloria de Dios que brilla en la cara de Jesucristo” (2 Corintios 4:6 DHH) 

En el Edén, Adán y Eva estaban revestidos con la gloria de Dios, pero el día que pecaron, perdieron la gloria.

“Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23)

El segundo comienzo de Dios

El hombre cayó nuevamente, al punto que Dios tuvo que enviar su juicio a través del diluvio para destruir a toda esa generación. Después del diluvio, sin embargo, Dios nos da un segundo comienzo. El primer comienzo con Adán, el segundo fue con Noé. Dios comienza de nuevo con Noé en Génesis capítulo 9.

“Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: “Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra” (Génesis 9:1)

Dios no cambia; sus propósitos, planes y pensamientos siguen siendo los mismos desde la eternidad hasta la eternidad. Lo que le dijo a Adán, también se lo dijo a Noé, porque Dios no cambia sus propósitos. Hoy, él nos dice lo mismo a nosotros. Dios nunca ha cambiado lo que tiene en su corazón. Anteriormente, vimos que sus primeras palabras muestran su corazón, pero ahora vemos que lo que siempre se repite está en su corazón.

La generación de Noé no respondió a Dios y siguiendo la historia de sus generaciones, llegamos a la Torre de Babel, en Genesis 11. Dios dijo: “Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra”, sin embargo, nos encontramos con los hombres de Babel haciendo algo contrario al propósito de Dios. Ellos dijeron entre sí:

“Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra” (Génesis 11:4) 

Ellos se enfrentaron abiertamente a la determinación de Dios. El hombre busca grandeza lejos de Dios, separado de Dios, desde Adán quiere mostrar que no necesita de Dios.

El tercer comienzo de Dios 

El principio de Dios en primer lugar fue con Adán, quien cayó, el segundo fue con Noé y por causa de Babel el propósito se vió estorbado, nuevamente la tierra no es llena de su gloria con hijos e hijas para Dios y ahora Dios llama a Abraham diciendo:

“Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:2-3)

Dios le dice a Abraham lo mismo que le dijo a Adán y Noé, solo que con otras palabras. Abram sabía que el ser una bendición para toda la tierra formando una nación, suponía, por supuesto, tener hijos. El nombre Abram significa: “padre exaltado” y luego recibió el nombre de Abraham que significa “padre de multitudes”. Ahora, el que está llamado a ser el padre de naciones, obviamente, necesita tener muchos hijos. Al darle un nombre, Dios le reveló a Abraham su corazón, lo que estaba en su mente. Era como si Dios dijera: “Abraham, te he llamado para ser padre, no te he llamado para hacer cualquier otra cosa, en realidad te he llamado solo para que fructifiques”.

¿Qué hizo Abraham en su vida? Nada, seamos objetivos ¿Cómo Abraham bendeciría a las familias de la tierra? ¿Realizando obras extraordinarias? ¿Haciendo algo? ¿Cómo es que Abraham sería una bendición para las familias de la tierra? La única manera era tener hijos. Ahora sabemos que porque Abraham creyó, el pueblo de Dios fue engendrado para que en él naciera el Mesías y a través de ese Mesías seamos redimidos para ser hechos hijos. En esta oportunidad, el tercer intento de Dios de llenar la tierra de su gloria, tendría un inicio, sería a través de personas que tienen su naturaleza, que fueron engendrados como hijos de Dios por la fe.

“Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gálatas 3:26)

Por lo tanto, la orden dada a Adán en el Jardín del Edén en Génesis 1, a Noé en Génesis 9 y a Abraham en Génesis 12, es la misma que hemos recibido hoy; Dios quiere lo mismo de nosotros, no ha cambiado, sigue queriendo tener hijos. Dios no nos ha llamado a hacer cosas, sino a tener hijos y todo comenzará teniendo un hijo. Toda la iglesia debe estar involucrada en engendrar hijos para Dios. Somos libres de hacer las cosas para Dios, pero solo una cosa es necesaria e inegociable: tener hijos para Dios. Solo se provocará un cambio en el mundo, si engendramos hijos para Dios. La lógica es simple: si las personas se transforman, la nación será restaurada.

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia” (1 Pedro 2:9-10)

La nación de Dios es la iglesia, ese es el pueblo de Dios. En realidad, si somos exactos, preocuparse por la restauración de la nación no cumple el propósito de Dios, tenemos que ganar a los peruanos, predicar el evangelio y tener hijos para Dios. Este es el deseo que debe permanecer en nuestros corazones y fortalecerse en el corazón de la iglesia.

Abraham creyó a Dios cuando dijo que él sería el padre de multitudes. Al final, lo que cuenta es la vida, todo lo que haces pasa, solo los hijos permanecen, el centro de nuestro trabajo es engendrar hijos para Dios. Por supuesto, tengo que aclarar que se necesita hacer muchas cosas, tenemos que mantener y limpiar el edificio de la iglesia, imprimir materiales de capacitación, etc, pero lo central es engendrar hijos.

¿Qué regalo quisieras darle a Dios que Él no tenga? ¿Una canción? Seamos realistas, los ángeles adoran al Señor con canciones mucho mejores que las nuestras ¿Quieres hacer un cuadro para Dios? ¿Has visto los cuadros que Dios pinta todos los días? Dios es dueño de todo, pero hay algo que Él nos pide en la Biblia: “Hijo, dame tu corazón” ¿Qué les pedirá a los vencedores cuando comparezcan en el tribunal de Cristo? ¿Qué crees que les va a pedir? Sin duda el requerimiento será: “¿Dónde están tus hijos?”

Los hijos son nuestra corona y gloria (Filipenses 4:1, 1 Tesalonicenses 2:19). Si quieres reinar ese día, presenta a Dios lo que Él quiere.

“Así que,  hermanos míos amados y deseados,  gozo y corona[1]  mía,  estad así firmes en el Señor,  amados” (Filipenses 4:1)

Vamos a evangelizar a una persona y ganarla para Cristo hasta fines de julio, cada domingo voy a recordarte de ese desafio, vamos a orar por esa persona, vamos a ayunar para romper fuerzas espirituales, vamos a pedir a Dios sabiduría.

Propósito determina existencia 

“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:15-17)

La preocupación del ser humano ahora está centrada en logros y recibir el reino, el poder y la gloria para sí mismo. La humanidad quiere una posición, un título de honor y eso es lo que vemos en el relato bíblico.

Genesis 4, nos muestra los descendientes de Caín. Esta narración continúa hasta llegar a Lamec (v. 19). Este hombre tenía dos mujeres: Ada y Zila. Ada dió a luz a Jabal, el padre de los que habitan en tiendas y crían ganados. El texto dice que él era el padre, pero padre de los que hacen alguna cosa. El énfasis está en la habilidad que ellos tienen y lo que producen. Luego, en el versículo 21, leemos acerca de Jubal, padre de los que tocan arpa y flauta, los que trabajan con el arte y la diversión ¿Puedes ver la capacidad de estas personas? Además de ellos, leemos en el versículo 22 acerca de Tubal-caín, que era el artesano, alguien que, además de ser artista, también domina la técnica del artesano. Obrero es una mezcla de artista y artesano. Él producía obras de arte de bronce y hierro. Si vivieran en nuestros días, estas personas estarían en las portadas de revistas, pues hacían grandes y maravillosas cosas. El valor de ellos es solo esto, lo que hacen. pero el texto bíblico no dice cuánto tiempo vivieron, indicando que para Dios estaban muertos sin el propósito de Dios, apenas se registra lo que realizaban.

Opuestamente a la descendencia de Caín, en el capítulo 5, se menciona la descendencia de Adán a través de Set y algo importante es que de ellos no se menciona obra alguna, solo que tuvieron hijos. Vemos en el capítulo 5, versículo 4: “Después que engendró a Set, Adán vivió ochocientos años y engendró hijos e hijas” ¡Es algo increíble! En el versículo 7, nos encontramos que “después de que engendró a Enós, Set vivió ochocientos siete años y engendró hijos e hijas”, lo mismo vemos en el versículo 10: “después que engendró a Cainán, Enós vivió ochocientos quince años y engendró hijos e hijas.” Este patrón se repite con respecto a todos los de esa generación. Ellos solo vivieron y tuvieron hijos. El hecho de hablar de la edad de cada uno, a diferencia de la generación de Caín, indica que ellos vivían ante los ojos de Dios.

Hay dos tipos de pensamientos, de paradigmas y estos dos tipos de mentalidad se extienden en toda la Palabra de Dios. Por un lado, la mentalidad de los que quieren hacer algo para Dios y por el otro, la mentalidad de aquellos que desean tener hijos para el Señor. Hoy el enfoque de tu vida cristiana, debe ser tener hijos para Dios, es el centro de nuestras vidas.

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