Un corazón para la casa de Dios

//Pr. Luis A. Núñez\\

“El misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:26-27)

El misterio que había estado oculto desde la eternidad es Cristo habitando en el hombre, es la revelación de la casa de Dios, es la revelación de la iglesia. David fue un hombre que tuvo revelación de lo que está en el corazón de Dios y en el Salmo 23 nos muestra que todo el obrar de Dios está relacionado con la casa de Dios. Analicemos juntos cada uno de los seis versículos del Salmo 23:

  1. Pastos verdes y aguas de descanso (Verso 1)

Los pastos verdes y las aguas de descanso nos muestran cómo disfrutamos del Señor como alimento y descanso para nuestra alma. En la iglesia aprendemos que nada nos faltará porque Cristo es nuestro pastor. Los pastos verdes son Cristo y las aguas de descanso son el Espíritu.

“Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”     (1 Corintios 12:13)

Cuando cuidamos de los nuevos en la fe, no solo necesitamos alimentarlos con Cristo, sino también necesitamos ayudarlos a beber del Espíritu. Nosotros tenemos que ayudarlos a orar y a recibir la llenura del Espíritu. Cuando nos alimentamos, el beber siempre debe ir junto al comer. Todos nosotros necesitamos de Cristo como pasto y del Espíritu como aguas de descanso.

  • Las sendas de justicia (Verso 2)

Las sendas de la justicia son el camino de santificación en la presencia de Dios. En el versículo 3 se menciona: “confortará mi alma…”, la palabra confortar en el original significa renovar y transformar. Eso es confirmado en Romanos 12:2, que dice que nosotros necesitamos ser transformados en el alma por la renovación de nuestra mente. El Señor nos guía por las sendas de justicia, los caminos de justicia apuntan a Cristo mismo.

Un principio que todos nosotros necesitamos aprender es que el Señor no nos enseña métodos, sino que Él es el camino para todo lo que necesitamos. El camino para un buen matrimonio es Cristo, el camino de la prosperidad es Cristo, el camino del crecimiento espiritual es Cristo. Él es la senda de justicia.

El Señor nos guía por sendas de justicia de la misma forma como un pastor nos guía con su cayado. Las ovejas tienen la tendencia a desviarse, pero el pastor usa su cayado para mantener a la oveja en el camino correcto, junto al rebaño. Frecuentemente nuestro comportamiento nos desvía, por eso necesitamos la corrección de Cristo.

  • El valle de sombra de muerte (Verso 4)

La presencia del Señor está con nosotros, su vara y su cayado nos consuelan. Aun cuando nos descarriamos o desobedecemos, el Señor está con nosotros, en la iglesia el Señor nos enseña esto. Eso significa que nosotros tenemos su presencia. Su presencia es seguridad, salvación y poder sustentador cuando estamos andando en el valle de la sombra de la muerte.

Si un lobo aparece, el pastor usa su vara para proteger al rebaño. El cayado es para entrenar, para dar dirección, orientación y también para alimentar y la vara para protegernos. Nosotros experimentamos la protección del Señor en el valle de la sombra y la muerte.

  • Victoria ante los adversarios (Verso 5)

Todos enfrentamos guerra espiritual pero tenemos victoria porque una mesa está preparada para nosotros delante del enemigo. Todos los días experimentamos luchas, pero en medio de cada una de ellas Dios quiere que tengas disfrute porque Él es nuestra victoria. El Señor unge nuestra cabeza con óleo, el óleo de alegría.

“Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros” (Hebreos 1:9)

  • El deseo de vivir en la casa de Dios todos los días de nuestra vida (Verso 6)

Nosotros viviremos en la Casa de Dios, la Iglesia y la nueva Jerusalén todos nuestros días, en la presente era, en la era venidera y en la eternidad.

“Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” (1 Timoteo 3:14-15)

“Y yo Juan vi la santa ciudad,la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios,dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos como su Dios” (Apocalipsis 21:2-3)

Hoy estamos en la Iglesia y si somos vencedores estaremos en el Reino por mil años. En la eternidad nosotros estaremos en la Nueva Jerusalén con todos los santos escogidos y rescatados. La Casa de Dios es nuestro lugar de habitación eternamente.

Si no permanecemos en la Iglesia no podríamos ser pastoreados por el Señor. Eso es así porque Él es el pastor del rebaño y el rebaño es la Iglesia. Salir de la Iglesia es salir del rebaño, el lugar donde el pastor pastorea al rebaño. Él  traerá de vuelta a la oveja descarriada al rebaño porque Él apacienta el rebaño, es decir, la oveja tiene que estar en el rebaño.

El mejor lugar para expresar nuestra alegría es la vida de la Iglesia. Muchos escogen quedarse en casa en vez de tener comunión con el Señor entre los hijos de Dios. Cuando actuamos así, nosotros sufrimos pérdida. En las reuniones de la Iglesia, en la casa de Dios, nosotros podemos disfrutar de la bondad y de la misericordia del Señor todos los días de nuestra vida.

Los seres humanos necesitamos de comunión. Si buscamos comunión en el lugar equivocado tendremos dificultades. El lugar para tener comunión es la Iglesia. En el futuro la Iglesia se manifestará como la nueva Jerusalén, donde nos reuniremos juntos por la eternidad. Necesitamos entender el valor de la casa del Señor y poder permanecer allí. La revelación de la casa de Dios es ciertamente la señal de madurez espiritual.

David amaba la casa de Dios, podemos ver expresado ese amor en todo el libro de Salmos. Creo que esa fue la razón por la cual él fue llamado “un hombre conforme al corazón de Dios”.

“Cierto día, David buscó al profeta Natán y le dijo: “Mira ahora, yo habito en casa de cedro y el arca de Dios está entre cortinas” (2 Samuel 7:2)

David deseaba edificar la casa de Dios, pero el Señor respondió a David: “Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel ¿He hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado a apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: “¿Por qué no me habéis edificado casa de cedro?” (2 Samuel 7:7). El Señor nunca había dicho que quería edificar una casa, pero David percibió eso en el corazón de Dios. Por esa causa el Señor hizo una alianza con David y le dijo: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre y yo afirmaré para siempre el trono de su reino” (2 Samuel 7:12-13)

Hoy necesitamos tener el mismo corazón de David por la Casa de Dios. En el Salmo 27:4 él hace una oración poderosa:

“Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo” (Salmo 27:4)

El templo era algo ansiado por los hombres de Dios en el Antiguo Testamento. Hoy necesitamos tener la misma actitud para con el Templo de Dios, que es la Iglesia.

En el Salmo 84:1-2 David exclamó:

“¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo”

Después, en el versículo 4 prosigue diciendo:

“Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabarán”

Y en el versículo 10 él afirma:

Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad”

Dice que si no le fuera posible habitar en la Casa de Dios, por lo menos estaría satisfecho en quedarse en la puerta. Eso revela el corazón de David en relación a la casa de Dios. Él fue un hombre conforme al corazón de Dios porque un día descubrió lo que estaba en su corazón, su Casa (2 Samuel 7:1-13).

¿Sería posible amar a Jesús y rechazar a la Iglesia?

En los días de hoy es común oír ese tipo de afirmaciones: “Jesús sí, Iglesia no”. Las personas hasta dicen creer en Jesús pero rechazan la Iglesia. El consejo que oímos de ciertas corrientes intelectuales es ese: “Olvide la Iglesia, siga a Jesús”. Parece que en todas partes las personas se levantaron para disminuir la importancia de la Iglesia. Ellos hacen críticas injustas y afirmaciones genéricas las cuales son tomadas como verdaderas por las personas comunes.

Si queremos hablar algo al respecto de la Iglesia necesitamos tomar en cuenta algunos puntos.

En primer lugar:

Debemos reconocer que Jesús ama su Iglesia. Al dar instrucciones sobre el matrimonio en Efesios 5, el apóstol Pablo nos dice que Jesús ama a la Iglesia al punto de dar su vida por ella. Él cuidadosamente la purifica y se hacen uno con ella. En seguida Pablo dice que los maridos deben hacer lo mismo con sus esposas ¿Cómo podemos sentirnos libres para criticar o minimizar la importancia de la Iglesia si el Señor la amó al punto de morir por ella?

Si tu amas a Jesús, debes amar a quien Él ama, Él ama al perdido, ama al herido y de forma especial ama a su Iglesia.

En segundo lugar:

Necesitamos admitir que la Iglesia local es la esperanza del mundo. Algunos dicen, sin ningún reparo, que aman a la Iglesia a nivel global, pero no tienen ninguna dedicación o compromiso con una Iglesia local. Es como si alguien dijera que juega fútbol profesional, pero no es parte de ningún equipo en particular. Eso no tiene sentido. Necesitamos tener celo por la Iglesia. Respecto a Jesús, la Biblia dice que Él era consumido de celo por la casa de Dios (Juan 2:17). Algunos no son celosos y hablan de la Iglesia de manera negativa. Piensan que están agradando a Dios actuando así, pero ciertamente traerán sobre sí el merecido juicio.

En tercer lugar:

Debemos reconocer que la Iglesia está compuesta por personas que aun lidian con muchos hábitos pecaminosos. Personas como tú y yo constituyen la Iglesia y todos hemos cometido muchos errores. Cierta vez invitaron a un hombre a ir a una reunión de la Iglesia, a lo que él respondió: “La Iglesia está llena de hipócritas” Sin titubear el otro respondió: “No se preocupe, siempre hay lugar para uno más”.

El argumento más frecuente que oigo de aquellos que critican la Iglesia es el reclamo de que fueron heridos, pero ese es un hecho de la vida.  Personas eventualmente hieren a otras personas. Inevitablemente seremos heridos y también heriremos, pero entonces necesitamos reconocer que no hay tal cosa como que es la Iglesia la que hiere a alguien. Si fuiste herido, rechazado o dañado en una Iglesia, quiero decir sinceramente que siento mucho tu dolor. Siento mucho que hayas experimentado eso. Yo también experimenté muchas dificultades, traiciones y luchas en la Iglesia. Yo, probablemente, también fui quien erró en algunas situaciones, pero aun así, yo necesito seguir adelante, crecer, servir, adorar y edificar la casa de Dios. Independientemente de las luchas o hipocresías de la humanidad, yo necesito estar en la vida de la Iglesia. Perdona a aquellos que te hirieron y continúa reuniéndote en la Iglesia, continúa creciendo en tu fe. Perdónalos como Cristo te perdonó.

No colabores con el Diablo tildando a la Iglesia de Jesucristo como algo irrelevante, hipócrita o insignificante.

Esto es lo que puedes hacer:

  • Participa de la vida de la Iglesia local. Se parte activa de las soluciones y no una voz más para realzar los problemas.
  • Ora por la Iglesia local. Ora con humildad y fe. Recuerda que Cristo ama a la Iglesia.
  • Honra a la Iglesia hablando bien de tus hermanos y de tus líderes. Tenemos muchos errores pero siempre hay algo para elogiar.
  • Sirve e involúcrate, a todo pastor le agrada tener a alguien en la Iglesia local dispuesto a ayudar, a servir o liderar en un ministerio.
  • Contribuye, ayuda a mantener tu Iglesia. Muchas iglesias no pueden realizar todo el trabajo que planean, simplemente porque las personas están mucho más dispuestas a criticar que a apoyar financieramente.
  • Finalmente, se el ejemplo que te gustaría ver en los otros. Levántate del banco y entra en el juego. Hay menos quejas dentro del campo. Si amas  a Jesús, ama también a su Iglesia.

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