Dando el sonido cierto

//Pr. Eliud Cervantes\\

En estos días estamos ayunando por la unidad en el Cuerpo de Cristo. Y ¿por qué estamos ayunando por la unidad? Porque el propio Señor Jesús dijo que:

…Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae” (Lucas 11:17) 

Definitivamente, estos días serán de mucha lucha y fuerte resistencia espiritual, pues el diablo sabe que, si la Iglesia es un cuerpo homogéneo, cuyo lenguaje y esfuerzos están direccionados a un mismo objetivo o meta, las puertas del infierno jamás prevalecerán.

La estrategia del diablo para minar el Cuerpo es introducir el veneno de la desconfianza, de la intriga, de la discordia, de la justicia propia, de la vanidad, del egoísmo, del individualismo, de la maledicencia, del exclusivismo, del sectarismo, de la pereza, de la presunción, de la arrogancia, de la prepotencia, etc. Cuando una de las partes es contaminada, todo el cuerpo padece.

Somos un cuerpo

Por eso necesitamos redescubrir el poder y la importancia de la comunión en el Cuerpo. El Cuerpo no es una colección de partes, sino una unidad orgánica. Cada miembro es participante de la naturaleza divina, pues nacieron de Cristo, que es la cabeza.

En el cuerpo hay variedad en la unidad. Ahora, no debemos confundir unidad con uniformidad. En la unidad del Cuerpo hay diversidad, pero hay una interdependencia entre los miembros. Ningún miembro tiene un sentido o real significado de manera aislada o separado del Cuerpo. En la unidad del Cuerpo no hay partes menos importantes. Es inútil discutir qué miembro es más importante. A la verdad el apóstol Pablo dice que vestimos más dignamente a los que parecen menos dignos.

Y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a estos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro” (1 Corintios 12:23) 

El resultado de esa unidad, dice Pablo, es que, si un miembro sufre, todo el Cuerpo sufre junto con él, si uno está enfermo, el Cuerpo está enfermo. Eso puede ser entendido de mejor manera en la familia, y la Iglesia también es una familia.

De manera que, si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan” (1 Corintios 12:26) 

Somos el ejército

Además de ser un Cuerpo o familia, también somos un ejército, que batalla por el reino de los cielos. Nuestra ciudad necesita ser conquistada y la verdad del evangelio debe ser esparcida a través de nuestra unidad. Debemos entender que ser ciudadano de un país es una cosa, pero luchar en el ejército de ese país es otra cosa. Si ya somos ciudadanos del reino, necesitamos ser ahora parte del ejército.

El ejemplo de Gedeón 

Ese principio lo podemos ver en la vida de Gedeón. Dios lo había convocado para llevar un ejército a la batalla; pero Dios le dijo que tenía mucha gente:

Y Jehová dijo a Gedeón: Aún es mucho el pueblo; llévalos a las aguas, y allí te los probaré; y del que yo te diga: Vaya este contigo, irá contigo; mas de cualquiera que yo te diga: Este no vaya contigo, el tal no irá” (Jueces 7:4)

Sabemos que al final solo quedaron trecientos, y Dios le ordenó que los demás regresen a sus casas. Eso no quiere decir que quien regresó a casa dejó de ser Israelita. Ellos lo eran, pero no estaban involucrados con el ejército. Tú puedes ser miembro de la Iglesia, de una célula, ser un ciudadano del reino y aún así no involucrarte con el encargo de la guerra por los intereses del Señor en la tierra. En este ayuno estamos convocándolos a pelear por la unidad.

En el ejército no hay espacio para acatar nuestras propias opiniones. No hay tiempo para jugar. Basta con preferencias personales, autopreservación y divisiones tontas por causa de nuestra carnalidad. La intención de ese ejercito es ganar nuestra generación a través de nuestras células que se multiplican.

El sonido incierto 

Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?”                (1 Corintios 14:8) 

Nadie considera una batalla como algo sin importancia o insignificante. Cuando se libra una batalla, un ejército necesita moral y unidad para la lucha. Para mantener esta moral, es necesario eliminar incluso las pequeñas disensiones sobre el tema más pequeño. Si no se elimina esa pequeña conversación, la moral quedará anulada y, en consecuencia, la unanimidad será destruida. El resultado es que, por falta de moral, el ejército puede perder la batalla.

Todo esto nos muestra la seriedad de un ministerio en la casa de Dios. Él es quien toca la trompeta para que el ejército vaya a la guerra.

Y cuando saliereis a la guerra en vuestra tierra contra el enemigo que os molestare, tocaréis alarma con las trompetas; y seréis recordados por Jehová vuestro Dios, y seréis salvos de vuestros enemigos” (Números 10:9) 

El sonido de trompeta de guerra son un símbolo de la liberación de la Palabra hoy en medio de la Iglesia. Ignorar la Palabra ministrada es lo mismo que ignorar la trompeta que suena para la batalla. Si los soldados comenzaran a discutir sobre la trompeta en lugar de obedecer la orden, el enemigo ciertamente los derrotaría.

Debemos darnos cuenta de que la Iglesia del Señor es un ejército de lucha. Estamos haciendo algo más serio que cualquier batalla en la Tierra. Estamos luchando contra Satanás, el enemigo de Dios. La Iglesia es el ejército de Dios y esto queda muy claro en el Libro de Efesios. La Iglesia no es un simple grupo de personas reunidas para adorar, sino más bien el ejército de Dios posicionado en tiempos de guerra para traer el reino de Dios a la Tierra.

Hay una oposición maligna 

Todos estamos involucrados en una batalla espiritual, quieras o no quieras y para eso el diablo usa su estrategia de destruir nuestra unidad. Si existe un lugar donde la unidad es fundamental, ese lugar es en el ejército. Si el batallón no sigue las órdenes del capitán, si ignoran la orden del sargento, entonces la guerra está perdida.

No hay neutralidad en la guerra, no hay neutralidad en el mundo espiritual. Jesús dijo lo siguiente: El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mateo 12:30). Por tanto, ya que estamos inseridos en esa guerra, necesitas aprender a discernir las acciones del enemigo. Y quiero ver algunas estrategias del enemigo: 

Espíritu de burla 

La primera cosa es el espíritu de burla. Debes saber que tu obra produce indignación en el mundo espiritual. El enemigo comenzará a traer burla: Y estaba junto a él Tobías amonita, el cual dijo: Lo que ellos edifican del muro de piedra, si subiere una zorra lo derribará” (Nehemías 4:3)

Cuando comienzas a invertir o dedicarte, las voces vendrán: ¿Vas a liderar? No des oídos a los que te dicen que no estás apto o capacitado. Recuerda nuestra guerra no es contra sangre ni carne. Nuestros enemigos son espirituales. Los que se burlan de ti, la verdad, se están burlando del Señor, porque fue Él quien te mandó hacer la obra. Tapa tus oídos al desánimo. Uno de los secretos de la unción es el ánimo. La unción de Dios no viene sobre personas pasivas. Nosotros somos aquellos que sacan agua de la roca, que sacan ánimos en medio del cansancio, que se levantan en medio de una caída.

Espíritu de confusión (Nehemías 4:7-8) 

Cuando la obra ya es visible, satanás vendrá con sus principados y demonios. Su estrategia será la confusión. Las personas comienzan a cuestionar y a dudar de las motivaciones de los líderes. El espíritu de confusión se establece cuando la unidad es dañada. Cuando la unidad se va, la confusión reina. Para eso el enemigo convence a algunos que estamos trabajando mucho, que la iglesia creció demasiado, que solo hay exigencias, etc. Serán días difíciles y necesitamos estar alertas para resistir contra esos espíritus. Haz como Nehemías: levanta la cabeza en oración y vigilancia. Ese es el secreto. Normalmente esos ataques vienen por personas que nos rodean. 

Espíritu de intimidación y miedo (Nehemías 4:11) 

Cuando el enemigo percibe que no consigue impedir la realización de la obra, él va querer sacarnos del camino. Pero recuerda: jamás te va destruir. La respuesta a ese nivel de ataque es ser lleno de coraje y fuerza en Dios (Nehemías 4:13-14). El Señor nos revelará los planes del enemigo. ¿Quién nos avisa? el Espíritu Santo (Nehemías 4:16-17).

Guerreamos y edificamos al mismo tiempo. Luchamos juntos, en equipo. Nunca estés solo. En Ne 4:19 vemos que el pueblo estaba disperso, pero Dios peleará por nosotros (Nehemías 4:20b), la batalla es del Señor. Él estará como un poderoso guerrero.

Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada” (Jeremías 20:11)

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