//Pr. Eliud Cervantes\\
Conoce tu posición en Cristo

En nuestra vida cristiana es importante comenzar a ser dueño de tu posición en Cristo. Para los creyentes del nuevo pacto, nuestra posición es estar sentado con nuestro Señor Jesús en los “lugares celestiales”.
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos) y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” (Efesios 2:4-7)
La Palabra nos enseña que todos estábamos muertos en pecado pero nuestro Señor Jesús nos salvó por su gracia cuando fue a la cruz y tomó nuestros pecados sobre sí mismo. Cuando Él murió, nuestro viejo hombre murió con Él. Y cuando resucitó al tercer día ¡fuimos resucitados con Él!
“Dios… en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (Hebreos 1:2-3)
Nuestro Señor Jesús no resucitó porque sea el Hijo amado de Dios. Él resucitó porque fuimos declarados justos como resultado de Su obra perfecta y consumada (Romanos 4:25). ¡Hoy está sentado a la diestra del Padre después de haber limpiado nuestros pecados de una vez para siempre! Hoy, Dios nos ve tan justos como Su Hijo. Hoy Él nos ve en Cristo, y como Cristo es, nosotros también ¡Es por eso que podemos acercarnos con valentía a Su trono de gracia!
Ahora bien, ¿qué significa estar en Cristo? En el espíritu, fuimos crucificados con Cristo, morimos con Cristo, fuimos sepultados y resucitamos con Cristo. Dios nos puso en Cristo cuando nuestro Señor Jesús fue crucificado en la cruz. ¡Y donde Él está, nosotros también! Puesto que Cristo está sentado a la diestra del Padre, en los lugares celestiales, ¡entonces allí también estamos nosotros!
Querido hermano, incluso cuando hoy fallas, eso no cambia tu identidad justa en nuestro Señor Jesús. Todavía estás sentado con Cristo. En la cruz, Él pagó el precio por todos nuestros pecados: pasados, presentes y futuros. Esto no significa que podamos o debamos vivir sumidos en el pecado. En cambio, superamos cada fracaso y cada hábito destructivo en nuestras vidas cuando nos aferramos a quiénes somos verdaderamente en Cristo y permanecemos sentados con Él en los lugares celestiales.
El deseo de Dios es que vivamos una vida victoriosa aquí en la tierra. Para vivir esta vida victoriosa, necesitamos tener una perspectiva celestial. Vivir con una mentalidad celestial es saber que debido a la obra consumada de Cristo en la cruz, ya estás en los lugares celestiales ¡Y que hoy estás en Cristo y sentado con Cristo en los lugares celestiales! Cuando vivimos con esa mentalidad, eso afecta: cómo vemos nuestros problemas, lo que decimos e incluso ¡cómo oramos!
- Vives por encima de tus problemas
Somos ciudadanos del cielo que vivimos en esta tierra. Esto significa que aunque vivamos en esta tierra y enfrentemos problemas terrenales, no necesitamos conformarnos a los patrones de esta tierra.
“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20)
Como resultado de nuestra rutina diaria, muchos de nosotros hemos olvidado nuestra verdadera identidad en Cristo y dónde estamos sentados. Y tratamos de resolver nuestros problemas con nuestros propios esfuerzos y métodos (Ej: reprimir tu ira), sólo para descubrir que produce pocos resultados.
Pero la vida cristiana no se trata de que tratemos de ser y hacer el bien que deseamos. No podemos depender de nuestra carne para lograr los resultados que queremos. De hecho, ¡nuestra carne tiene tendencias tremendamente extremas! Basta con echar un vistazo a la historia de Pedro en Juan 13.
Cuando el Señor quiso lavar los pies de Pedro, Pedro se mostró reticente y tímido, negándose a permitir que el Señor lo hiciera y negándole Su servicio de amor. Sin embargo, después de que el Señor dijo: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo” (Jn 13:8), la respuesta de Pedro al Señor cambió al otro extremo, pidiéndole al Señor que le lavara no sólo sus pies sino también sus manos y su cabeza (v.9). Este ejemplo demuestra la debilidad que hay en nuestra carne, que en nosotros mismos nunca estamos en sincronía con Dios.
En lugar de lidiar con nuestros problemas confiando en nuestra carne y poder, el corazón de Dios es que atendamos nuestros problemas siendo primero conscientes de quiénes somos en Cristoy de queestamos sentados con Cristo en los lugares celestiales. No necesitamos responder a nuestros problemas como lo hace el mundo.
La lección para nosotros aquí es que el fruto real y duradero llega cuando el Señor proporciona una transformación de adentro hacia afuera. La manera de luchar contra nuestros desafíos o incluso nuestras adicciones no es esforzándonos por nosotros mismos ni tratando de apegarnos a reglas estrictas que nos hemos fijado, sino permitiendo que el Señor obre en nosotros y a través de nosotros, y siendo guiados por el Señor. Así es como podemos vivir la vida abundante a la que Dios nos ha llamado.
Entonces, ¡empieza a verte a ti mismo como Dios te ve! ¡Vuelve a la palabra de Dios y renueva tu mente a quien realmente eres! Ya estás completo en Cristo. Debido a la obra consumada de nuestro Señor Jesús en la cruz, ya no estás en la carne sino en el Espíritu (Romanos 8:9).
Siempre que te enfrentes a un problema, sé consciente de quién eres en Cristo y mira tus problemas debajo de ti. Disóciate de tu situación o de tu debilidad para que puedas tener la perspectiva correcta de esa situación y de ti mismo, y recibir la sabiduría de Dios para manejar la situación. Como ciudadanos del cielo, ¡también tenemos todos los recursos que necesitamos de Dios para enfrentar los problemas que enfrentamos aquí en la tierra!
“La cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales,sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero” (Efesios 1:20-21)
Así como Dios levantó a Cristo muy por encima de todo principado, autoridad, poder, dominio y todo nombre que se nombra, así estamos nosotros muy por encima de toda enfermedad, toda dolencia, toda carencia, toda clase de temor, depresión, adicción y toda situación negativa. ¿Qué es lo que te preocupa hoy? ¡Mantente sentado en tu posición en Cristo y comienza a elevarte por encima de tus problemas!
- Tus palabras tienen poder
Debido a que el Señor te ha conferido toda esta autoridad, tus palabras tienen poder. Recuerda que eres coheredero con Cristo (Romanos 8:17) y a través de nuestro Señor Jesús, Dios te ha dado autoridad como rey y sacerdote (Apocalipsis 1:5-6) ¡La Biblia nos dice que donde está la palabra de un rey, allí hay poder! (Eclesiastés 8:4).
Así que hermano, ten cuidado con lo que dices acerca de tus problemas hoy. Dios nos dio este poder para edificar y no para abusar ni derribar. Esto se aplica a cómo tratamos a los demás y a nosotros mismos. Muchos de nosotros nos apresuramos a hablar cosas negativas o incluso la muerte sobre nuestras situaciones. Proverbios 18:21 nos dice que la muerte y la vida están en poder de la lengua. Lo que digas se cumplirá (Marcos 11:23). ¡Usa la autoridad que Dios te ha dado para hablar de la vida y de lo que deseas ver sobre ti mismo, tus situaciones y las personas que te rodean!
- Tus oraciones en el Nuevo Pacto
Todavía, podemos ver cuán conscientes somos de nuestra posición en Cristo por la forma en que oramos. ¿Cómo oras? ¿Dónde ves a Dios cuando oras? ¿Es Él un Padre distante para ti o eres consciente de tu cercanía a Él?
Cuando oramos a distancia (Ej, “¡Oh Padre que estás en los cielos!”), o cuando hacemos oraciones de súplica (Ej: “¡Oh Dios, por favor sana a mi hijo!”), estamos negando la verdad de la obra consumada de Cristo en la cruz y negando que en realidad estemos sentados con Dios a la diestra del trono. Es por eso que no veremos resultados cuando hacemos tales oraciones, porque el Espíritu Santo es el Espíritu de verdad (Juan 16:13) y Él sólo puede dar testimonio de la verdad.
¿Cómo entonces debemos orar? Nuestro Señor Jesús lo modeló mejor para nosotros en Juan 11. Antes de que Jesús resucitara a Lázaro de entre los muertos, hizo esta oración a su Padre:
“Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado” (Juan 11:41-42)
¡Así debemos estar orando, desde un lugar de cercanía y consciencia de que Dios siempre nos escucha! Que esta semana tu perspectiva no sea solo natural, sino celestial delante de toda circunstancia, que disfrutes de la provisión de lo alto.

