//Pr. Luis A. Núñez\\

Uno de los sentimientos más complicados que debemos enfrentar es la frustración, es por lo general un sentimiento que resulta de no ver nuestros sueños y anhelos cumplidos. Este sentimiento se puede manifestar, en primer lugar, cuando las expectativas son mayores que la realidad y es, por ejemplo, una de las cosas que daña el matrimonio, pues se casan con expectativas muy altas y la realidad muestra otra cosa, entonces viene el desencanto, la crisis. Esto también daña las emociones en el día a día, cuando tienes expectativas acerca de actitudes o reacciones en las personas te conviertes en candidato a la frustración porque tu expectativa es mayor que la realidad.
La solución es estar siempre pendiente de la realidad y nunca crearse expectativas mayores a la realidad. Algo muy interesante es que el Señor Jesús no actuaba en función a sus expectativas, sino en función al propósito. Él no tenía mayores expectativas en ellos.
“Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía.Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos,y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre” (Juan 2:23-25)
Otra razón por la que las frustraciones se pueden manifestar es porque no has visto tus sueños cumplidos en tus hijos. Tal vez quisiste darles una mejor educación, mejores condiciones y no lo lograste, este debe ser un sentimiento con el que debes combatir y entender que todo lo que hiciste, lo hiciste de acuerdo a lo que pudiste, a pesar de tus limitaciones, eso es lo que cuenta. Les diste a tus hijos tu fuerza, tu juventud, tu amor, esa fue tu tarea y la cumpliste.
Solo asegúrate que tus hijos, mientras estén bajo tu tutela, conozcan a Dios, que sean sensibles a la voz del Señor, inculca en ellos valores. Tienes una gran influencia sobre ellos y esto es parte del plan de Dios.
“He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta” (Salmos 127:3-5)
Dios nos confió a nuestros hijos para influenciar en ellos. La influencia que tienes sobre ellos es más de lo que imaginas. Yo creo que puedes cambiar el mundo a través de ellos, solo asegúrate de que sean siervos de Cristo. Si ellos ya no están bajo tu tutela entonces sé la mayor intercesora que ellos tienen en la tierra, nunca dejes de creer.
Nunca dejarás de ser madre y es que la maternidad es una característica ligada al carácter de Dios, no es instinto de madre, es “carácter de madre”. Dios te concedió ese carácter con un maravilloso propósito ¡Influenciar! ¿te das cuenta del tremendo poder que Dios te dio? puedes influenciar para bien, para bondad, para victoria, para éxito.
Veamos un ejemplo del poder de la influencia de una madre. María acudió a Jesús a pedir que hiciera el milagro del vino en las bodas.
“Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora. Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere” (Juan 2:1-5)
La capacidad de influenciar de María sobre su hijo Jesús fue resaltada en este momento, tal vez un guiño, tal vez una mirada que Jesús ya conocía, tal vez una señal muy familiar, pero esto denota la influencia que María tenía. Sin embargo, podemos ver también que la capacidad de influenciar de una madre puede ser usada para el mal, veamos:
“Entrando la hija de Herodías, danzó, y agradó a Herodes y a los que estaban con él a la mesa; y el rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré. Y le juró: Todo lo que me pidas te daré, hasta la mitad de mi reino. Saliendo ella, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella le dijo: La cabeza de Juan el Bautista. Entonces ella entró prontamente al rey, y pidió diciendo: Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista” (Marcos 6:22-25)
Mi deseo es que puedas discernir esta oportunidad de influenciar en tus hijos para creer, para servir al Señor, para que sean hombres y mujeres de bien. Ahora quisiera compartir un mensaje a dos tipos de madres:
- Madres cuyos hijos tienen problemas
No sé cuál es el problema que enfrentan tus hijos, si es de salud o de conducta, si es consecuencia de sus decisiones o circunstancias adversas, en todas ellas quiero decirte ¡descansa en Dios! no dejes de creer, no dejes de perseverar, aun cuando las circunstancias muestren lo contrario, espera en el Señor porque en Él siempre tendrás nuevas fuerzas.
Puede haber momentos de “silencio del cielo” o momentos donde parece que todo está en contra, pero nunca dejes de creer que Dios es bueno. Aún en las migajas ve la bendición de Dios sobre tu vida, no caigas en la frustración, porque sutilmente te alejará de la gracia, te llevará al falso merecimiento, aprende a confiar, esperar y no caigas en la acusación.
“Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora” (Mateo 15:21-28)
Esta mujer creyó en la bondad de Dios aun en contra de las circunstancias. El Señor le dijo a sus discípulos “hombres de poca fe”, pero a esta mujer el Señor le dice “¡Grande es tu fe!”.
- Madres que lograron sacar adelante a sus hijos
Nunca, pero nunca olvides que no fuiste tú, sé que trabajaste arduamente, sé que lloraste, sé que perseveraste, sé que eres consciente de lo que tuviste que pasar para lograr que tus hijos llegaran donde llegaron, pero no fuiste tú. El apóstol Pablo reparó en su ardua labor, pero reconoce algo sumamente importante:
“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Corintios 15:10)
¿Por qué es tan importante esto? porque si crees que fuiste tú, que fue tu esfuerzo, tu inteligencia, tu audacia, etc., terminarás siendo una suegra horrorosa, porque siempre estarás reclamando para ti lo que lograste.
“Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lucas 2:19)
Nunca aceptes la condenación, claro que cometiste errores pero él te ha perdonado.
Mensaje a los hijos
“Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.«Honra a tu padre y a tu madre»—que es el primer mandamiento con promesa—,para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra” (Efesios 6:1-2)
Esta palabra “honra” significa dar valor, respetar y aun sustentar necesidades, este es un mandamiento cuyo cumplimiento encierra una promesa.

